Recta final para estrategias nacionales

El triunfo de Juan Schiaretti -y la derrota del radicalismo disidente de Ramón Mestre- ha marcado un punto de inflexión en las estrategias de alianzas y candidaturas que se plantean rumbo a las elecciones.



Por Javier Boher
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La danza de cifras y escenarios alternativos parece alguna pesadilla de un film distópico en el que la matemática puede deparar terribles desenlaces a los protagonistas de la historia. El futuro electoral en el plano nacional deja entrever una tensión que no tiene nada que envidiarle a los grandes clásicos del género.
El triunfo de Juan Schiaretti alentó una miríada de versiones sobre cómo se reordenarán las piezas de un peronismo hiperfragmentado y muy polarizado. A su vez, las tensiones entre los socios de Cambiemos no se han visto aplacadas pese a la humillante derrota del todavía intendente capitalino, uno de los abanderados de la gesta radical.
En medio de esa incertidumbre, muchas son las elucubraciones sobre las decisiones que pueden tomar los principales actores que aspiran a ser animadores de primera línea en las internas de agosto.
En el peronismo, la consolidación del gobernador de Córdoba como hombre fuerte a nivel nacional despertó el interés de los distintos sectores por buscar un acuerdo. Roberto Lavagna, Felipe Solá, José Luis Gioja y tantos otros saludaron a Schiaretti por su triunfo, más en una actitud estratégica que por un gesto de caballeros. Entienden que el claro vencedor en el segundo distrito del país no puede ser excluido.
Cristina Kirchner tanteó el acercamiento a través de algunos de sus esbirros, aunque todavía sin mucha suerte. En esa búsqueda de acuerdos en la que todos dan por descontada una candidatura de la ex presidenta, las cosas parecen indicar que puede haber posibilidad de una innovación all’uso kirchnerista.
Muchos coinciden en que una candidatura de la viuda de Néstor Kirchner condicionaría la contienda y ampliaría las posibilidades de Macri, o al menos los dejaría enfrentados mano a mano, con todas las chances de rivalizar en el ballotage.
El elevado piso de Cristina en provincia de Buenos Aires la convierte en una pieza fundamental de las aspiraciones de cualquier candidato presidencial peronista, pero especialmente para Sergio Massa, quien aseguró que no declinará se candidatura. El tiempo demostró que se restan votos… siempre que insistan con seguir separados.
Una candidatura testimonial de la ex presidenta para aspirar a una diputación por provincia de Buenos Aires compartiendo boleta con Massa podría elevar la intención de voto de ambos.
Si a eso se suma que resta definir la candidatura a gobernador (que muchos entienden va a ser ocupada por Martín Insaurralde, intendente de Lomas de Zamora), las posibilidades de recuperar el histórico núcleo duro del voto peronista del conurbano aumentan.
Considerando la confusión reinante, quizás no sería una estrategia a despreciar. Eliminar a la ex presidenta de la pelea estelar con suficiente tiempo de antelación puede aumentar los chances de algún emergente que se pueda presentar como una cara renovada para un peronismo arcaico, aunque mantenerla en el distrito más poblado garantizaría esos votos tan necesarios.
Los múltiples peronismos locales podrían acoplarse rápidamente a una estrategia similar, poniendo los nombres fuertes en tramos menores. Muy probablemente en 2015 De la Sota le hubiese aportado un gran caudal de votos a Massa si lo acompañaba en la misma boleta desde el tramo de diputados o senadores, en lugar de abandonarlo en el camino tras perder las PASO.
Por su parte, la interna en el oficialismo no parece estar mucho más clara. Cierto núcleo radical considera que la vicepresidencia es un ofrecimiento menor y reclama internas competitivas para tratar de imponerse a Macri. Quizás si las mismas dependieran sólo de la estructura y la militancia podrían tener algún sentido, pero definidas por el voto popular la sentencia ya está puesta.
Los cálculos de Cornejo, Lousteau, Nosiglia y compañía los hacen soñar con capturar el voto macrista, algo que se sabe es una matemática improbable. Difícilmente un partido que en los últimos 30 años casi no pasó el 15% en una elección presidencial (con excepción de las veces que constituyó alianzas) pueda imponerse con la claridad que ellos suponen. Con certeza Macri vencería en una interna abierta a los radicales, que aunque tengan un auto preparado para correr no tienen a nadie para pilotear.
En poco menos de un mes se deberán definir las alianzas. Ya para fines de junio, los nombres de los candidatos. Quizás ahí, con los nombres puestos, el panorama empiece a escampar, dejando a la vista los escenarios que más probablemente se presenten al llegar el desenlace de la carrera.



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