Juez quiere reconstruir el partido que nunca construyó



Por Felipe Osman

El Partido Nuevo debutó en las urnas cordobesas en 2003 cosechando el apoyo masivo de los vecinos. Esto lo llevó a lograr una amplia representación en los órganos de gobierno tanto a nivel provincial como a nivel municipal e incluso a tener participación en el Congreso nacional.
A fines de ese año, el selló creado por Luis Juez tenía en su poder el Palacio 6 de Julio, con aproximadamente 450 cargos políticos y una planta municipal que luego atiborraría de empleados-militantes; pero además había logrado 21 bancas en el Concejo Deliberante, 3 tribunos de cuentas municipales, 1 tribuno de cuentas provincial, 16 bancas en la Legislatura Provincial, 3 bancas en la Cámara de Diputados de la Nación, 1 banca en el Senado de la Nación y una pequeña estructura armada en el interior de la provincia que había competido en los comicios bajo su sello.
Tal debut fue auspiciado por un sinfín de circunstancias exógenas al armado juecista, tales como el lamentable fallecimiento del Ramón Bautista Mestre y la defección de Rubén Américo Martí a una candidatura que, sin Mestre en escena, resultaba natural –y más aún, necesaria- para la Unión Cívica Radical. En un abrir y cerrar de ojos los candidatos del principal partido opositor ya no estaban ahí, allanando el camino del espacio que lideraba Juez.
Hoy, 16 años más tarde, el juecismo tiene una banca en la Cámara de Senadores, que ocupa Ernesto Martínez, dos bancas en el Concejo Deliberante que vendrá, que serán para el propio Juez y para Armando Fernández, y un tribuno de cuentas municipal.
Después de entrar a la vida política de Córdoba bajo circunstancias inmejorables, sirviéndose de un electorado radical que la crisis había dejado vacante y agitando las banderas del “que se vayan todos”, Juez se encontró, de la noche a la mañana, con un monumental capital político que jamás supo (o quiso) aprovechar para construir un partido territorial, con una presencia sólida en el interior provincial y, principalmente, con organicidad.
El “partido” siempre fue Luis Juez y las decisiones siempre fueron tomadas a título personal. Prueba insoslayable de esto es la increíble “plasticidad” de sus principios. El juecismo recorrió de punta a punta todo el espectro político/ideológico que pueda imaginase: delasotismo, anti-delasotismo, kirchnerismo, pretensor aliando de la UCR, otra vez kirchnerismo y macrismo. Ahora, con los tiempos de vacas flacas que vive la alianza, parece haber entrado otra vez en un ensimismamiento propio la desorientación.
En este estado, Juez anuncia que emprenderá la “reconstrucción” de un partido que nunca fue más que un sello, al que siempre ubicó según lo que dictó la conveniencia sin que le resultara extraño mudar sistemáticamente de aliados a los que luego denostaría.
Su más reciente alianza, con Mario Negri, llegó después de que denunciará al dirigente radical de haber recibido dádivas del peronismo para no unirse a él en las elecciones de 2007.
Ahora, pasado el 12-M, el profeta del “fin del choreo” ya cuestiona el juego de Cambiemos a nivel nacional, y suscribe a la teoría de que Mauricio Macri pactó con Juan Schiaretti no ofrecer resistencia a su candidatura a la reelección a cambio de que luego el cordobés fuera funcional a su propio plan reeleccionista, dividiendo al peronismo a nivel nacional.
En el camino, Juez también acusa a Nicolás Massot de operar en su contra y a Ramón Mestre de obstaculizar la cohesión de Cambiemos, simplemente por no haber renunciado a una candidatura que resultaba francamente natural, viniendo de dos períodos al frente del Palacio Municipal, para allanarle el camino a los candidatos que la Casa Rosada buscó imponer, entre los cuales, desde luego, estaba el propio Juez.
En realidad, si existió un elemento extraño que impidió sostener la alquimia entre la UCR y el PRO, seguramente fue el propio Juez. Antes de que Cambiemos Córdoba implosionara, los candidatos de la Casa Rosada iban a competir con la lista de Ramón Mestre y Rodrigo de Loredo en una interna a la que luego los primeros renunciaron. Esta noticia no sorprendió demasiado. Participar de una interna radical llevando a Luis Juez como escolta hubiera sido un acto de autoflagelación que Mario Negri difícilmente hubiera aceptado.



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