Canto a la victoria

El lunes pasado, la noticia de la muerte de Doris Day trajo una vez más a la memoria la melodía de “Sentimental Journey”, la canción que ella grabó junto a la orquesta de Les Brown y que ofició como la música de bienvenida a casa para los soldados estadounidenses que regresaban de la Segunda Guerra.



Por J.C. Maraddón
[email protected]

La música tiene el don de acompañarnos en las más diversas circunstancias de nuestra vida; en situaciones que, al escuchar esa canción con posterioridad, son convocadas a regresar como una evocación de nuestro recuerdo. Muchas veces por razones ajenas a nuestra voluntad, esos temas se filtran en nuestros actos cotidianos, porque suenan en la radio o son utilizados como cortina de un programa de televisión o un spot publicitario. Quizás en el momento no nos percatamos de la importancia que tomará luego esa pieza musical, pero el paso del tiempo se encargará de agigantar su capacidad de sensibilizar nuestra memoria.
Más allá de las sensaciones personales, existen también imágenes sonoras que nos resultan familiares a todos, porque las identificamos con una instancia política o social determinada. Pueden ser cánticos políticos o futboleros, jingles o composiciones especiales que fueron elaboradas con el fin de promover acontecimientos como un mundial de fútbol o una campaña electoral. En ese sentido, la música se convierte en un estímulo imprescindible para encender las pasiones o para transmitir una emoción contagiosa. Si hacemos el ejercicio de rememorar este tipo de canciones, nos daremos cuenta de que no son pocas las que han quedado alojadas en el inconsciente colectivo.
En ciertas formas autoritarias de gobierno, se acentúa la tendencia a utilizar este tipo de recursos para mantener la cohesión ciudadana. Es, por ejemplo, el caso de la dictadura surgida en Argentina luego del golpe de estado de marzo de 1976, cuando los militares asumieron la conducción del país y extendieron por más de siete años la restricción en el funcionamiento de las instituciones democráticas. Quienes hayan tenido uso de razón en esos años, difícilmente puedan olvidar las estrofas de la canción del Mundial de Fútbol de 1978, como tampoco es sencillo dejar de asociar la Guerra de Malvinas con la marcha que empezaba con aquel “tras un manto de neblina…”.
Por supuesto, eas juntas golpistas no habían inventado la artimaña. Mucho antes ya se había apelado a la música para enfervorizar a las masas, sobre todo cuando eran convocadas detrás de causas de dudoso trasfondo. Y, aunque parezca paradójico, han sido sobre todo los conflictos bélicos los que han requerido de un respaldo de estas características, porque no es fácil la tarea del reclutamiento. Y peor aún se torna la faena de sostener el ánimo de la población y de fomentar la convicción de que el conflicto terminará pronto y de que su resultado será favorable.
En 1944, cuando la Segunda Guerra Mundial entraba en su fase definitoria, las tropas estadounidenses y los habitantes de ese país en general, necesitaban una dosis extra de entusiasmo para afrontar el compromiso de desmembrar el proyecto geopolítico del Tercer Reich. Por eso, hubo una música destinada específicamente a mantener el espíritu patriótico. Y en ese año, una jovencita llamada Doris Day, hija de alemanes exiliados en Estados Unidos, grabó junto a la banda de Les Brown el tema “Sentimental Journey”, que poco después sería usado para darles la bienvenida a los soldados que regresaban triunfantes a su hogar.
Aunque había sido compuesta mucho antes, la letra se acomodaba a la perfección con el sentimiento generalizado de aquellos días y por eso fue inmediatamente adoptada como leit motiv de su época. Por más que se escucharon infinitas versiones a posteriori, aquella fue la más recordada y la que le abrió las puertas de la fama a Doris Day, quien luego desarrolló una extensa y exitosa carrera como cantante y actriz. Han pasado más de siete décadas desde que salió “Sentimental Journey” y, sin embargo, el lunes pasado, la noticia de la muerte de Doris Day trajo una vez más la evocación de esa melodía que, hasta el día de hoy, funciona en Estados Unidos como un canto a la victoria.



Dejar respuesta