Confusión republicana de Carrió alteró al lilismo cordobés

La jefa de la CC-ARI dijo que desacredita las críticas a Schiaretti del presidente del partido en Córdoba. Sostuvo que el gobernador es un “buen administrador”.



Por Alejandro Moreno

Cada vez que Elisa Carrió habla ocurre un desastre. Ya lo experimentó Mario Negri durante la reciente campaña electoral, cuando la jefa de la Coalición Cívica-ARI cometió una serie de imprudencias que dejó en ridículo al candidato de la alianza Córdoba Cambia.
Por ejemplo, agradeció a Dios por la trágica muerte de José Manuel de la Sota y le deseó a un periodista que los narcos no ataquen a su familia, entre otros despistes que obligaron a Negri a darle un codazo correctivo a su amiga; esta, para peor, lo puso luego en evidencia.
Carrió pasó casi dos semanas en Córdoba provocándole dolores de cabeza a Negri.
Tras la elección, su tarea no terminó: ahora se las agarró con el elenco de Cambiemos que, a su juicio, no apoyó lo suficiente al candidato de Córdoba Cambia en Córdoba. Como Fito Páez, dijo que sintió “asco”.
Pero Carrió no solo metió un estiletazo al interior de Cambiemos. También estremeció a la Coalición Cívica-ARI de Córdoba al deslegitimar las muy fuertes críticas de Gregorio Hernández Maqueda, el presidente del partido en la provincia de Córdoba.
Hernández Maqueda asumió el año pasado la presidencia del partido luego de un largo período de intervención, que no es el primero porque Carrió suele castigar a los dirigentes provinciales (no solo de Córdoba) cuando tienen alguna opinión distinta a la suya.
La jefa de la CC-ARI dijo que Hernández Maqueda se excedió en sus cuestionamientos a Schiaretti, al mismo tiempo que en el audio que grabó con su opinión sobre las elecciones en Córdoba colmó de elogios al gobernador peronista.

Los elogios
“Recorrer Córdoba era saber que ganaba Schiaretti, porque todas las obras viales que se habían hecho en la Circunvalación de Córdoba y en el interior habían cambiado la configuración de Córdoba, esa Córdoba que yo conozco desde que tengo un año”, expresó. Con esas palabras colocó a Schiaretti en un pedestal por encima de todos los demás mandatarios provinciales en décadas, distinción que quizás ni siquiera pretenda el propio peronista.
“He reconocido en él a un buen administrador y gobernador de la provincia, con lo cual desacredito cualquier reflexión que sobre el punto haga Gregorio Maqueda, que no pertenece… que no es la voz de la Coalición Cívica”, agregó.
Durante la campaña Carrió, cada vez que tuvo un micrófono enfrente, vinculó al peronismo cordobés con el narcotráfico, pero ahora admite que lo decía por simple cálculo electoral, ya que por la ruta veía la obra del mejor gobernador de Córdoba en más de medio siglo (según su opinión, claro).
Del gobernador funcional a los narcos al gran gobernador oscilaron las reflexiones de Carrió sobre Schiaretti, lo que dejó mal colocado a Hernández Maqueda, conocido en Córdoba como “el lilito” por su alineamiento con la jefa.
Muy locuaz tantas veces, ahora Hernández Maqueda fue muy medido en su descargo. Apenas aclaró que consultó al presidente de la Coalición Cívica-ARI nacional, el porteño Maximiliano Ferraro, si las manifestaciones de Carrió significaban su expulsión del partido.
Ferraro habría hablado con Carrió y al cordobés le llegó la respuesta tranquilizadora, no necesariamente conveniente para él, de que puede seguir en el cargo.
La novela lilista grafica el escaso republicanismo que se vive puertas adentro de la Coalición Cívica-ARI, donde la jefa puede expulsar a un dirigente si así lo pretende.
La historia del partido en Córdoba es una larga sucesión de expulsiones e intervenciones. Cada dirigente que se acercó a Carrió terminó en mala relación con ella, desde Carlos Vicente, Asis y Enrique Nicolás, Griselda Baldata y Omar Ruiz, por citar a algunos. Ahora parece ser el turno de Hernández Maqueda.



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