Quo vadis

A quince días de su inicio, aparentemente ninguno de los argumentos que ofrece la edición trigésimo aniversario de ShowMatch para captar la atención del público, estaría obteniendo el resultado que se esperaba. Para reparar ese desperfecto, Tinelli sugirió que habrá más especiales humorísticos.

Por J.C. Maraddón
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En la Argentina de hace 30 años, el consumo de la programación de la televisión abierta ocupaba un lugar preponderante dentro de los hábitos de la población, que dedicaba horas de sus días al ritual de sentarse frente a la pantalla chica. La mayoría de la gente podía vivir con un solo trabajo y no existían las llamadas fuera de horario laboral ni el WhatsApp, por lo que el tiempo libre lo era realmente; y estaba entonces la posibilidad de desarrollar actividades como ver los programas de moda, para comentarlos después en el almacén, en la mesa de café o en la cola del banco.
Aunque ya en ese entonces se veía venir el boom de la TV por cable, aún no era masiva la suscripción a ese servicio. Los ciclos que se emitían en la tele de aire tenían todavía una llegada extraordinaria, desde los noticieros hasta las telenovelas, pasando por los envíos de entretenimientos y juegos que invitaban a los televidentes a participar. En 1989 fue, precisamente, el momento en que se privatizaron las señales, lo que precipitó algunos cambios que significaron la irrupción de nuevos rostros, luego de que durante los años ochenta se recuperasen ciertos referentes históricos que habían sido censurados por la dictadura.
Los horarios de transmisión también se alteraron y empezaron a ocuparse espacios marginales que, de a poco, comenzaban a sumar audiencia. Ese fue el caso de aquellos que arrancaban después de la medianoche, en un segmento que muy pronto se transformó en un banco de pruebas para futuros éxitos. Figuras como Alfredo Casero, Roberto Pettinato y Mario Pergolini transitaron por esa franja de la madrugada, hasta que por mérito propio fueron trasladados a la vidriera del prime time, donde su despliegue fue apreciado más allá del coto de fans que habían cosechado en sus inicios.
También fue ese, el de la medianoche, el espacio en el que tomó vuelo hace 30 años una aventura televisiva que se cuenta entre las pocas que sobrevivió después de tres décadas. Marcelo Tinelli, con el precámbrico Videomatch original, impuso su estilo entre burlón e ingenuo dentro de la grilla de la naciente Telefé, que velozmente lo incorporó como una de sus estrellas más brillantes. En pocos años, ese experimento, que se cristalizó en Ritmo de la Noche, consolidó su reinado como favorito del rating y abrió las puertas para la creación de un imperio que hasta no hace mucho parecía imbatible.
Nada menos que en su edición correspondiente al trigésimo aniversario, aquella nave insignia que hoy se emite por El Trece bajo el nombre de Showmatch, comienza a mostrar serias evidencias de que está ingresando en el tobogán de la decadencia. Y es que, a quince días del inicio de su temporada 2019, aparentemente ninguno de los argumentos que se ofrecen para captar la atención del público estaría obteniendo el resultado que se esperaba. Tanto el clásico Bailando por un Sueño, como el otro reality lanzado ahora, Genios de la Argentina, no han conseguido más que un cómodo segundo puesto en las mediciones.
Quizás para reparar ese desperfecto, Marcelo Tinelli sugirió en las redes sociales que podría haber más especiales humorísticos, esos espacios con que se autohomenajea y recicla a los protagonistas de los sketches que eran un clásico en otras épocas. Aunque no es la primera vez que decide cambiar el rumbo a mitad de camino, esta vez no sólo compite con los otros canales de aire, sino también con el bombardeo de estímulos virtuales que la audiencia recibe en la actualidad. Mientras se sigue hablando de su hipotético desembarco en la política partidaria, se patentiza por primera vez el tan temido epílogo de su liderazgo como animador de TV.



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