Laryora y Passerini, con un gran desafío por delante

La complicada geografía capitalina, con sus elevados contrastes socioeconómicos, productivos y culturales, representa todo un desafío para un gobierno debutante en estas tierras.



Por Javier Boher
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Los números no mienten: la ciudad de Córdoba es la segunda ciudad más grande del país. Es más, si consideramos a ciudad de Buenos Aires como una provincia (por ese estatus autónomo intermedio), nuestra capital provincial es la más poblada de todas, con poco más de 1,3 millones de habitantes (poco menos que la mitad de CABA).
Pero no solo es la más grande en cuanto a su población, también lo es respecto a su tamaño. Sus 576 Km2 son dos veces y media más que los de CABA y más del triple que la superficie de Rosario. Esos números traen otros problemas: la densidad poblacional de CABA es de 14.200 habitantes por Km2, mientras la de nuestra ciudad es de 2.300, cinco veces y media menos. Eso significa que los cordobeses somos pocos para tanto espacio.
Además forma parte del segundo aglomerado urbano del país, con unos dos millones de personas de una treintena de ciudades y comunas, surcada además por ríos, canales, rutas o vías férreas que superponen jurisdicciones entre nación, provincia y municipios.
Ese escenario es el que se les va presentar a Martín Llaryora y Daniel Passerini, la fórmula vencedora en las elecciones del último domingo. Con experiencia gestionando municipios, la realidad de esos lugares es sustancialmente distinta a la de la capital provincial.
Llaryora, el candidato que no pudo votarse a sí mismo, fue intendente de San Francisco, cabecera del departamento San Justo. Es la más importante en el noreste cordobés, con una elevada participación en la economía provincial, de alrededor de un 7% del Producto geográfico de la provincia. El de la capital, por su parte, representa alrededor del 40%.
En lo referido a la industria, más de la mitad se concentra en la capital, mientras que sólo el 10% está en todo el departamento San Justo. A excepción de la agricultura, en todo se repite la misma lógica: la ciudad de Córdoba quintuplica los volúmenes económicos de cualquier actividad de todo el departamento (en el que San Francisco concentra la mayor parte).
Por supuesto que eso no es todo. En lo que hace a la población, la ciudad que supo gestionar el intendente electo de Córdoba tiene alrededor de 62.000 habitantes. Si lo sumamos a Cruz Alta, la de Passerini, estaríamos pisando los 70.000 habitantes. El área a cargo de cada CPC supera en número a la suma de las dos ciudades. Sólo Villa El Libertador, por citar un ejemplo, tiene más de 150.000 habitantes.
Además, la cobertura de servicios es dispar. La diversidad y complejidad de la geografía capitalina hacen que aún muchos barrios no tengan asfalto, cloacas ni alumbrado. La recolección de residuos y el transporte son un desafío hace más de 15 años y la inseguridad es moneda corriente.
En el plano de las condiciones de vida el 5,8% de los habitantes de la capital tiene al menos una Necesidad Básica Insatisfecha, mientras que en San Francisco y Cruz Alta eso se reduce a menos de la mitad.
Seguramente los que ahora llegan a gestionar una ciudad tan grande y con tantos baches por resolver pretendan colgarse las medallas por esos números que les son favorables, aunque el hecho de que el nivel de riqueza que registra el Producto Bruto Geográfico per cápita de Marcos Juárez y San Justo superan en más del 25% al de Capital pueda explicar gran parte.
No hay dudas de que la alineación partidaria de quienes deben gestionar los destinos de provincia y ciudad son, a priori, un dato alentador para resolver los problemas de los vecinos (y probablemente eso haya contribuido al resultado del domingo).
Sin embargo, la complicada geografía capitalina, con sus elevados contrastes socioeconómicos, productivos y culturales, representa todo un desafío para un gobierno debutante en estas tierras. La complejidad de las alianzas y la importancia del liderazgo de Schiaretti para sostenerlas es un punto débil de cara al futuro. Los liderazgos territoriales esperarán no quedar marginados de cargos y decisiones, presionando a los nuevos gestores.
Por todas esas cosas, alguien dijo que en la proyección política desde la ciudad a la provincia se repite algo parecido a lo que pasa entre gobernar provincia de Buenos Aires y aspirar a la presidencia: la complejidad del distrito hacen que cualquiera que gobierne el nivel inferior llegue desgastado a pelear por el superior. Entre todos los desafíos que tienen por adelante, quizás allí encuentren el más importante para su carrera política.



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