El problema de base del Pami: tiene una insuficiencia estructural de recursos

Aunque la obra social de los jubilados nacionales recibe dos veces más por afiliado que una obra social para gente en actividad, por atender adultos mayores necesita, al menos, cuatro veces más dinero.

La cobertura de salud de la seguridad social en Argentina tiene una particularidad: quienes trabajan en el sector privado y en el público nacional aportan a una obra social de actividad; son nueve millones de trabajadores en relación de dependencia. Un tercio deriva su aporte a una prepaga (“derivación de aporte”), pero cuando se jubilan, todos automáticamente dejan de estar afiliados a su obra social de actividad y pasan a al Pami.
Para los de mayor poder de aporte, ese pase suele significar una disminución en la calidad de los servicios; hace poco la Justicia (caso “Usuarios y Consumidores Unidos c/Obra Social de UPCN”) resolvió ordenar a una obra social de que se abstuviera de desvincular a los afiliados que se jubilan y que no hayan comunicado en forma expresa su voluntad de ser del Pami. Ordena, incluso, que les ofrezca volver a afiliar a los que hubieran sido transferidos aun cuando no hayan ido a la Justicia.
Un análisis de Idesa sobre los niveles de recursos per cápita por cada tipo de institución muestra que las obras sociales de activos cuentan con $1.400 por beneficiario por mes; el Pami cuenta con $2.500 por beneficiario por mes, dos veces más pero por atender adultos mayores necesita, al menos, cuatro veces más dinero.
Estos datos muestran que el Pami padece de una insuficiencia estructural de recursos per cápita. “Si a esta inconsistencia financiera se le agrega la burocratización y las deficiencias de gestión, se entiende la baja calidad de servicios que sufren los adultos mayores”, señala el reporte.
En este marco, la regla de cobertura que afilia automáticamente a Pami a todo nuevo jubilado atenta contra la sustentabilidad financiera y la calidad médica del sistema de salud de la seguridad social. Si además se considera la aceleración del envejecimiento demográfico, preservar esta regla de cobertura con financiamiento insuficiente pone en riesgo la futura salud –económica y personal– de todos los jubilados.
Idesa repasa que las autoridades nacionales tomaron una decisión simple pero con potencialidad de alto impacto a favor de la consistencia financiera: aumentaron el valor de la cuota (cápita) que Pami le transfiere a las obras sociales de activos cuando las personas que se jubilan deciden quedarse en su obra social de actividad. Este valor estaba muy desactualizado en apenas $198 por persona por mes, ahora pasarán a $1.365 mensuales.
Con el fallo de la Justicia que prohibió obligar a los nuevos jubilados a afiliarse al Pami más esta actualización de la cápita, la consultora interpreta que las personas tendrán mayores posibilidades de mantener la cobertura de salud que tenían durante su vida laboral cuando se retiran. Incluso aquellas que hacen “derivación de aporte” a una medicina prepaga cuando están en actividad podrán hacer la derivación de la cápita de Pami a la misma prepaga pagando sólo la diferencia con el precio del plan de salud cuando se jubilen.
“La medida fortalece financieramente la cobertura de salud de la seguridad social. Primero porque hace que el alto costo de los jubilados sea financiado con el bajo gasto de la población activa que es más joven”, agrega.
A su vez, los jubilados que optan por no afiliarse a Pami se llevan sólo su cápita, que es el valor promedio, lo que implica que no desfinancia al resto de los jubilados que se quedan en la obra social. Asimismo, los propios pasivos pueden complementar con pagos de bolsillo la cápita para obtener mejores servicios.
El sistema de previsión social, tanto en su componente jubilatorio (Anses) como en la cobertura de salud de la ancianidad (Pami), está en crisis “por lo que necesita profundas reformas. Este cambio administrativo está lejos de resolver los problemas más graves. Pero testimonia cómo con pequeños cambios se pueden hacer contribuciones para tender a mejorar la sustentabilidad financiera y la calidad de los servicios. Anses debería emular a Pami con estos métodos simples pero de impactos relevantes”, describe el informe.



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