Schiaretti arrasó en Capital y apuntaló a Llaryora en el poder

El diputado y vicegobernador en uso de licencia se convirtió en intendente de la ciudad de Córdoba con el casi 37 por ciento de los votos. El batacazo del reelecto gobernador en el principal distrito provincial, fue fundamental para que el peronismo recupere la Municipalidad.



Por Yanina Soria
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Final feliz, final esperado para el peronismo cordobés. Juan Schiaretti gobernador; Martín Llaryora, intendente de la Capital. Así lo sentenciaron ayer las urnas.
Por primera vez desde el regreso de la democracia, el PJ canta victoria en ambos tramos electorales arrogándose, prácticamente, la suma del poder público.
Desde el minuto cero en que el ahora reelecto mandatario provincial pensó en el sanfrancisqueño como la llave para recuperar la ciudad -un distrito históricamente refractario a las ofertas electorales de la ex Unión por Córdoba- no barajó otro resultado que el obtenido ayer. Trabajó duro para eso aunque, en verdad, Cambiemos también aportó lo suyo.
Schiaretti fue una topadora en las urnas y ese arrasado electoral sobre todo el mapa provincial fue vital para catapultar al vicegobernador y diputado en uso de licencia, como el próximo intendente del principal distrito cordobés.
El ahora único jefe político del PJ rompió ayer su propia marca, superó con creces el casi 40 por ciento provincial cosechado en 2015 y al cierre de esta edición se imponía en Capital, por casi 20 puntos más de los 31 obtenidos cuatro años atrás.
Su desempeño sirvió para llevar al ahora Hacemos por Córdoba al cuarto de siglo en el poder provincial y para arrebatarle el Palacio 6 de Julio a la UCR y el PRO, y colocar en el Ejecutivo municipal a una fórmula con dos justicialistas de pura cepa, jóvenes dirigentes con experiencia de gestión y ex intendentes de dos ciudades del interior.
Claro que con los hechos ya consumados es imposible no atribuirle un mención especial a la estelar actuación (invalorable contribución, dicen desde el propio oficialismo) de Cambiemos. La implosión de la principal fuerza opositora mejoró sustancialmente las condiciones de competencia del PJ, inclinando la balanza a su favor.
Un escenario traspolable también a la Capital donde la doble oferta de los ex aliados terminó siendo un elemento más para entender la victoria del PJ.
Llaryora se convirtió en jefe comunal con el casi 37 por ciento de los votos, secundado por Luis Juez (Córdoba Cambia) con el 19,8 por ciento y ubicando en tercer lugar a Rodrigo de Loredo con el 17,7 (UCR), el candidato de Ramón Mestre.
Nota al pie: el actual intendente recibió un aplazo del electorado capitalino que castigó su gestión con un nivel de respaldo menor al 9%.
Lo cierto es que desde el 10 de diciembre, Llaryora será el nuevo intendente de la ciudad. Hasta acá llegó con el patrocinio exclusivo del hombre más taquillero en las urnas según la jornada de ayer, pero también con un cerrado apoyo del peronismo en su totalidad.
Pese a su negativa inicial y también a la resistencia de algunos que no creían que terminaría siendo la gran apuesta para batallar en el terreno municipal, Llaryora logró sintetizar a todo el justicialismo.
Y a rigor de verdad, su victoria es también producto del trabajo de hormiga que realizó gran parte de la dirigencia del PJ Capital en cada uno de los barrios en las 14 seccionales. Olfateando el poder, la dirigencia y militancia se encolumnó sin fisuras ni cuestionamientos detrás del sanfrancisqueño. Trabajó para él y lo apuntaló a través de un engranaje político que funcionó con una consistencia que hacía años no se veía.
Ese fuerte trabajo territorial que sirvió para consolidar al candidato “extranjero” según le apuntó la oposición a Llaryora, respondió a las directivas impartidas por Alejandra Vigo, la mujer que tuvo un rol central en la ingeniería de campaña en la ciudad y en el armado de la lista municipal. La diputada nacional se sintió y se movió ayer como parte responsable de la gran proeza del PJ en la ciudad de Córdoba; además logró imponerse como legisladora por Capital, algo que el justicialismo no lograba desde el año 2001.
Por otro lado, con los resultados sobre la mesa, fue acertado el veto que el PJ Capital ejerció al intento a todo vapor de Llaryora para cerrar con Olga Riutort como candidata a vice. La ex secretaria General de la Gobernación obtuvo ayer una magra cosecha ubicándose sexta en la grilla de aspirantes municipales, con apenas un 3,77 por ciento de los votos, por debajo del FIT.
Movilizados hasta ayer por la posibilidad de desembarcar en uno de los municipios más grandes del país y, desde hoy, con la certeza que desde diciembre contarán con un nuevo nicho desde donde construir y acumular más poder, el peronismo capitalino se movió hasta ahora como un instrumento monocorde.
Sin embargo, cuando la euforia vaya calmando y, por ejemplo, se acerque la hora del armado del próximo gabinete municipal, los intereses en juego comenzarán a hacer lo suyo. La comunión interna entonces ya no estará tan garantizada.
Si bien Llaryora será la cabeza del próximo Ejecutivo municipal, el juego de poder que se abre pone a Vigo y al delasotista Daniel Passerini en esa carrera interna.
Sólo con repasar cómo quedará la conformación de la bancada oficialista en el próximo Concejo Deliberante, donde el intendente electo contará con apenas cuatro ediles “propios” entre los 20 primeros, basta para entender y anticipar cómo se acomodará cada quién en el próximo tablero del peronismo municipal.
De cualquier modo, por ahora todo es algarabía y gritos de euforia contenida en el PJ Capital. El desahogo por un triunfo anhelado hace décadas, tendrá entretenido por un tiempo a gran parte de la dirigencia capitalina.



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