Los pecados de Mestre y Negri en la crisis del radicalismo

Fracasaron los dos planes: apostar al partido y a la alianza

Por Alejandro Moreno

Los radicales recibieron ayer una noticia peor de la que esperaban, aunque el entusiasmo preelectoral impulsaba a Mario Negri y a Ramón Mestre a vender una victoria que hacía tiempo el gobernador Juan Schiaretti tenía en el bolsillo. Divididos, terminaron tan lejos del candidato del peronismo que este casi duplicó la suma de los dos.
A las 18.01 comenzó el tiempo del pase de facturas entre los radicales que permanecieron en el partido empujando la candidatura de Mestre y los que migraron como extrapartidarios a la alianza entre el PRO, el Frente Cívico y la Coalición Cívica-ARI. La dureza que tenga este proceso interno determinará si la Unión Cívica Radical llega al punto de quiebre.
La ruptura es un escenario posible si a la fuga electoral de Negri le corresponde la expulsión del partido, como les sucedió a otros radicales en el pasado reciente por el mismo motivo: ser candidatos de agrupaciones rivales de la UCR. El propio Negri agitó esa posibilidad en los últimos días y acusó a Mestre de ser el responsable de un plan centrífugo. Mestre le contestó que mal podría ser echado del radicalismo quien ya se ha ido.
Habrá más que indicios en el corto plazo respecto del futuro radical: las PASO nacionales están a la vuelta de la esquina y ya dará inicio la discusión sobre si la UCR debe acompañar al PRO en la misma lista, ahora que al macrismo le interesa la unidad porque está en juego la reelección presidencial. Mestristas y negristas afirman ser parte de Cambiemos, pero tienen una diferente actitud hacia la alianza. Aquellos privilegian el partido; los otros, la coalición.
La historia moderna del partido radical en la provincia de Córdoba, en especial desde que comenzó el declive posangelocista, puede leerse, entre otras variables, como una lucha entre intransigentes y aliancistas. Hoy, entre mestristas y negristas.
Hasta 1995 la UCR cordobesa se bastaba a sí misma para ganar elecciones. La crisis de ese año no impidió que gane Ramón Bautista Mestre la Gobernación y Rubén Martí la Intendencia capitalina, pero ya la elección de diputados nacionales de 1997, con Mario Negri a la cabeza de la lista radical, preanunció, pese a la victoria, que llegaban tiempos difíciles. Desde Buenos Aires buscó imponerse como aliado al Frepaso, aquel aglomerado progre-peronista que era un insistente crítico del gobierno radical en Córdoba.
Surgieron, enseguida, dos posiciones: el mestrismo, con los ojos en Córdoba, rechazaba aliarse a sus enemigos; el negrismo, con los oídos en Buenos Aires pretendía el acuerdo. Muy parecido a lo que sucedió ahora.
Sin la alianza, la UCR perdió la Gobernación; con la alianza, perdió la Intendencia.
A la línea aliancista de la UCR se incorporó luego Oscar Aguad, quien renegaba tanto del Frepaso pero terminó por asociarse a una de sus fracciones, el Partido Socialista, en 2005 para la elección de diputados nacionales.
En 2007 y 2009 el radicalismo vivió una gran turbulencia por los intentos de Negri de cerrar una alianza con Luis Juez, el ingrato socio que saludaba al caer el diálogo con denuncias de corrupción a sus pretendientes. Por principios o cálculo, lo cierto es que Mestre quedó en la vereda de la intransigencia.
En 2015 apareció en escena el PRO, por cuya unión con la UCR trabajó primero Oscar Aguad y luego Negri. Mestre siempre fue un elemento indigerible para los macristas, aunque ese año terminaron juntos (si bien no puede ignorarse que el fetiche macrista, Luis Juez, rompió la coalición y puso en peligro a Mestre recibiendo a cambio el premio de la Embajada en Ecuador).
Este año fue el de la explosión: las tendencias partidarias y aliancistas mantuvieron sus posiciones y llegó la secesión, que consagró antes de tiempo a Schiaretti para un nuevo período en el Panal.
Más allá de zigzagueos que obligan a relativizar los rótulos, Negri representa el aliancismo y Mestre la intransigencia radical. Y fueron los excesos de ambos los que llevaron a la UCR al callejón sin salida que ayer tuvo su demostración en las urnas.
A Mestre puede achacársele que trabajó más en armar el antimestrismo que en ampliar el mestrismo, definición que puede ser dolorosa pero que encuentra una confirmación en que es su propio hermano Diego la primera carta que juega en cada ocasión. A poco de asumir en el Palacio 6 de Julio, en 2011, se propuso jubilar políticamente a sus rivales internos – Oscar Aguad, Mario Negri y Miguel Nicolás- con lo cual los provocó a defenderse. Eduardo Angeloz, el último gran constructor de política en la UCR, incorporaba a sus opositores internos, aunque sea por aquello de que los enemigos deben estar cerca. Cuenta la leyenda radical que incluso ordenó hacerse fraude a sí mismo en una interna para que sus rivales queden adentro de las listas de candidatos.
De Negri puede señalarse que en su ímpetu aliancista subestimó al partido del cual es deudor desde 1983. En todo el proceso trató de eludir que la definición del candidato a gobernador, que le correspondía a la UCR, surja de la decisión de los afiliados o de sus representantes en los organismos partidarios. Agitaba encuestas que lo mostraban como el mejor candidato por fuera de la estructura radical y contó con el apoyo y la presión de la Casa Rosada.
El tironeo comenzará con las lecturas del escrutinio. Negri tiene para regodearse de que superó a Mestre, pero este podrá decir que la cosecha de aquel debe compartirse con sus aliados de los otros partidos, mientras que la suya, en todo caso, debe coparticiparla módicamente con los socios internos del radicalismo.
Anoche Mestre se hizo cargo del pobrísimo resultado que obtuvo, fundamentalmente en donde es intendente, y dijo que en diciembre su carrera política comienza de cero. Esa humildad en la derrota fue equilibrada con el anuncio de que en 2023 irá de nuevo por la Gobernación, lo que provocó los aplausos de la militancia que de todos modos fue a la Casa Radical a saludar a su candidato. En el discurso alertó también que hay un solo radicalismo, “el que no traiciona principios ni abandona conductas”. Mensaje para Negri.
Negri, a su vez, trató de quitarle todo peso a Macri en la derrota (curiosamente coincidió en eso con Schiaretti, quien así revivió los fantasmas de un acuerdo entre la Casa Rosada y el Panal, basado en la fractura de la oposición y la provincialización de los resultados).
Mestre y Negri tienen, finalmente, algo en común; aunque jugaron estrategias distintas, los dos fracasaron. El partido fue insuficiente para soportar la elección y en la ciudad de Córdoba cayó a los niveles de Luis Molinari Romero en 2003. Y la alianza ni siquiera tuvo cohesión, lo que quedó demostrado en que los macristas votaron a Rodrigo de Loredo, el candidato de Mestre, y no a Luis Juez.
Todos fallaron y la tensión comienza.



1 Comentario

  1. si so les paso por irse largos tres años de cordoba tanto a negri como a juez, para colaborar con el gobierno
    neoliberal y del ajuste de mauricio macri llegaron a cordoba y ayer tuvieron la respuesta en las urnas, ya mario negri deberia irse como jubilado politico a su casa a tomar mates con su familia estan avisados

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