Es la esperanza

Un ejemplo de los nuevos vientos que empiezan a soplar en la industria musical puede ser apreciado en “Homecoming”, el documental sobre la presentación de la cantante Beyoncé en el festival de Coachella de 2018, donde fue la primera mujer afroamericana programada como número central.

Por J.C. Maraddón
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Las leyendas que circulan en torno a las estrellas del pop y del rock, y que han sido canonizadas por cientos de películas (documentales y de ficción) parecen haber instalado la versión de que estos artistas son algo así como superhéroes, dotados de poderes especiales que los han llevado a ser ídolos de multitudes. Seres exquisitos que se sitúan por encima de los mortales y que, por lo tanto, tienen derecho a gozar de prerrogativas con las que las personas de a pie ni siquiera se atreverían a soñar. Algo así como dioses paganos, llegados a la Tierra desde vaya a saber qué infinitud, para honrarnos con su gracia.
Durante varias décadas se ha propagado este relato que, en su gran mayoría, cuenta con protagonistas masculinos y que no se ahorra detalles acerca de los excesos y lujos que rodean a estos intérpretes, que suelen pasar del anonimato a la fama sin escalas intermedias. Una vez instalados en las cumbres del suceso, se comportan como verdaderas deidades olímpicas, arrasando con los elixires prohibidos para los ciudadanos comunes, y derrochando su virilidad con cuanta mujer ose aproximarse a su entorno. Hasta no hace mucho tiempo, historias de este estilo eran el pan de cada día.
Estas narraciones alimentaban los sueños de aquellos que ansiaban con trepar por las escaleras del éxito hasta alcanzar ese estatus de intocables. Confiados en que para hacerlo sólo necesitaban atrevimiento y un golpe de suerte, porque ese era el mito repetido en revistas, libros y filmes, salían a la búsqueda de un productor que descubriese su talento y que los ayudase a dar el gran salto con rumbo al estrellato. Muy pocos conseguían su propósito. El resto, la gran mayoría, sólo encontraba frustración y resentimiento, tras caer en la cuenta de que jamás le darían acceso al staff de los privilegiados.
Los cambios de cosmovisión que han comenzado a operarse, empiezan a derribar estos espejismos y se proponen construir un nuevo paradigma, que ponga a la creación artística y a la satisfacción de brindar un excelente espectáculo, por encima de la egolatría epidémica dentro de la raza de las rock stars. Por eso, tal vez, la biopic sobre el grupo Mötley Crüe, que está disponible en Netflix bajo el título de “The Dirt”, llega en un momento equivocado, cuando se comienza a cuestionar y repudiar ese patético circo de rocanrol, al que alguna vez desde el punk se definió irónicamente como una “gran estafa”.
Un ejemplo de los nuevos vientos que empiezan a soplar puede ser apreciado en otro título que ofrece Netflix, “Homecoming”, un documental sobre la presentación de la cantante Beyoncé en la edición 2018 del festival de Coachella, donde se convirtió en la primera mujer afroamericana que era programada como número central de una de las jornadas. En esta película, de más de dos horas de duración, no se ve nada de lo que contaban las antiguas biografías de los músicos, sino que más bien se aprecia la completa entrega de la artista, dispuesta a todo para deslumbrar a sus fans.
Trabajo, trabajo y más trabajo es lo que cimenta, según “Homecoming”, la estatura de diva que ostenta Beyoncé, quien luego de dar a luz a mellizos se impuso la meta de dejar a todos con la boca abierta, asombrados por el despliegue de su show. “No ‘tenemos’ esperanza, ‘somos’ la esperanza”, se la escucha decir en una arenga a sus bailarines, en lo que constituye toda una declaración de principios. Esperemos, entonces, que el ejemplo cunda y que quienes aspiran a llenar estadios, se preparen con ese mismo entusiasmo y esa misma energía. No para acceder al jet-set de la música, sino para hacer cada vez mejor aquello que les gusta.