Suárez usó un 30-A organizado contra Macri para atacar a Schiaretti

Dividido, el gremialismo ofreció dos jornadas de paro y ambas tuvieron su réplica en Córdoba. La primera, el 30-A, contó con un acatamiento dispar, dado que el transporte se unió a la segunda, que en un alarde de cinismo se convocó en el día del trabajador.

Por Felipe Osman

uarReproduciendo la fractura que el gremialismo sufre en la escena nacional, los sindicatos de Córdoba se manifestaron en contra de la política económica implementada por el gobierno que lidera Mauricio Macri en una jornada de lucha desdoblada.
La mayoría de los sindicatos eligió parar el 30-A, en consonancia con lo dispuesto por el Frente Sindical para el Modelo Nacional que controlan los Moyano. Pero el transporte, el servicio más determinante para lograr una alta adhesión en las huelgas, siguió lo dispuesto por la CGT que controlan Héctor Daer y Carlos Acuña y que decidió “parar” el 1 de mayo. La buena sintonía que existe entre Roberto Fernández, titular de la UTA nacional, y la Casa Rosada habría sido determinante para que el gremialista se inclinara por la segunda fecha.
Esta “falta de coordinación” hizo mella en la convocatoria lograda durante la primera jornada de paro y movilización, que de todas formas contó con la participación de referentes sindicales de peso, como Juan Monserrat (UEPC), José “Pepe” Pihen (SEP), Gabriel Suárez (Luz y Fuerza) y Mauricio Saillen (Surrbac).
La movilización del 30-A quedó fragmentada por la existencia de dos escenarios. El primero, montado frente a la Casa de la Historia del Movimiento Obrero, en avenida Vélez Sarsfield 137, fue el punto de encuentro de los gremios que integran la CGT Regional Córdoba comandada por Pihen. El segundo, frente a la Plaza Agustín Tosco, a metros del Patio Olmos donde se concentraron el Surrbac y el Sindicato de Luz y Fuerza Córdoba.
Esta división tiene una explicación sencilla: el gremialismo cordobés –que en su gran mayoría apoya a Schiaretti- no quiere exponerse a la habitual utilización que Suárez hace da las movilizaciones contra el gobierno nacional para apuntarle al gobernador en el marco de un conflicto que sólo atañe al sindicato de Luz y Fuerza, y en el cual el gobierno provincial cuenta con buen apoyo de la opinión pública.
La convocatoria a la huelga y movilización siempre tuvo un destinatario claro: Mauricio Macri. Los trabajadores que decidieron participar de la jornada de lucha lo hicieron para manifestarse en contra de la política económica y social desplegada por el gobierno nacional. Su presencia allí tuvo –porque así fue redactado el comunicado de convocatoria- la intención de cuestionar el duro presente que atraviesa el país como consecuencia de las decisiones tomadas desde Balcarce 50. Ese fue el reclamo que esperaban y querían legitimar, dando una muestra de fuerza incluso, muchas veces, a costa de tener que enfrentar severos descuentos.
Pero el secretario general de Luz y Fuerza decidió, una vez más, tomar como propia la legitimación que ofrecía la muchedumbre para apuntar duras críticas en contra de un gobierno provincial que encuentra un sólido respaldo de la mayoría del arco gremial de Córdoba.
Prueba de esto es que la movilización haya quedado dividida en diferentes concentraciones. En las dos se hicieron profundos cuestionamientos al gobierno nacional. En otras palabras, ambas deberían haber estado de acuerdo en unificar (y potenciar) sus reclamos. ¿Por qué no lo hicieron? Porque saben que Suárez aprovechará la ocasión para convertir un reclamo propio de su organización en el reclamo de todos.
La misma explicación encuentra, por ejemplo, la ausencia de las 62 Organizaciones Peronistas en la concentración del 30-A. La organización gremial liderada por Sergio Fittipaldi y Ricardo Moreno ensaya profundas críticas al gobierno nacional, pero respalda, por el contrario, al gobierno de la Provincia. Por eso, seguramente, prefirió tomar parte en la movilización llevada a cabo en Buenos Aires, donde nadie podría dudar hacia quien se dirigen los reproches.
El propio Pihen a cargo de la CGT Regional Córdoba seguramente estaría de acuerdo con la CGT Rodríguez Peña en sus reclamos hacia la administración encabezada por Macri, y un reclamo que reuniera a las dos centrales de Córdoba sería mucho más contundente, pero esta semana, un descalificación unánime del gremialismo de la provincia hacia la nación quedó trunco por las mañas del dirigente lucifuercista.