Desafío PJ (si gana): cohesión de bloque multicolor

La lista de candidatos que podrían integrar eventualmente la bancada oficialista, no constituye una paleta políticamente monocromática.

Por Yanina Soria
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Con el gobernador y candidato a la reelección, Juan Schiaretti, como protagonista excluyente de la campaña municipal, el peronismo cordobés inicia el último tramo del camino proselitista rumbo al 12 de mayo.
Si bien la parada más difícil –admiten- la tendrán en la ciudad de Córdoba, hacia adentro hay mucha confianza. Creen que la buena performance que por sí mismo pueda lograr el candidato a intendente, Martín Llaryora, más el fuerte “efecto arrastre” que esperan lograr con la opción de “lista completa” en la Boleta Única de Sufragio, alcanzará para arrebatarle el municipio a los socios locales de Cambiemos.
Por eso, con el reloj marcando las últimas horas de campaña, la figura más taquillera que tiene el PJ Córdoba, está jugando un rol decisivo.
El propio Schiaretti está recorriendo toda la Capital apuntalando al sanfrancisqueño y exprimiendo “la buena imagen” que sus encuestadores dicen que conserva.
El refuerzo se debe a que, desde hace décadas, el principal distrito electoral muestra un comportamiento electoral reticente a las propuestas del oficialismo, que espera llegar al cuarto de siglo en el poder provincial.
Aunque el mandamás del peronismo fue claro al bajar un mensaje de no triunfalismo ni canto de victoria anticipado al 12 de mayo, en Hacemos por Córdoba descuentan que retendrán el poder en el Panal y que lograrán dar el batacazo en el Palacio 6 de Julio.
Tanto que, algunos ansiosos, ya están mirando más allá del súper domingo electoral.
Es que, en caso de imponerse la fórmula Llaryora- Daniel Passerini, la ex Unión por Córdoba además de quedarse con el mayor botín político que es la Municipalidad, contará -por lo menos- con 16 concejales propios. La cláusula de gobernabilidad municipal le permite a quien se imponga en las urnas, aunque sea por un punto, alzarse con la mitad más uno de los ediles.
Por eso, esta vez, el recinto deliberativo se convirtió en un destino político apetecible para muchos, aunque, a rigor de verdad, para otros que figuran en la lista, es una especie de premio consuelo ya que el objetivo real es ser parte del Ejecutivo Municipal. No pierden las esperanzas de que, en caso de ganar, haya movimientos posteriores en ese sentido.
No obstante, por ahora, todo es armonía dentro del justicialismo cordobés y el trabajo electoral es uno sólo; el objetivo común controla cualquier riesgo de incendio interno que se pueda generar.
En cambio, otra etapa hacia adentro del espacio se abrirá pos 12-M. Y si es con la victoria consumada, mucho más.
Particularmente, el caso del Concejo Deliberante será todo un tema.
La lista de candidatos que podrían integrar eventualmente la bancada oficialista, no constituye una paleta políticamente monocromática. Todo lo contrario.
Quedó conformada por dirigentes encolumnados en, por lo menos, tres vertientes: los que responden a Martín Llaryora, a Alejandra Vigo, y a Natalia de la Sota.
Aunque la lógica indicaría que la mayoría de los aspirantes deberían ser “llaryoristas”, la realidad es que, de los 20 primeros, el candidato a intendente sólo cuenta con cuatro “fieles”, mientras que la gran mayoría se identifican con el PJ Capital que conduce políticamente Vigo, y otros tres, responden a la candidata a diputada provincial, Natalia de la Sota.
Esta composición multicolor a futuro podría ser todo un problema, mientras que mantener la cohesión del bloque, uno de los principales desafío del eventual Ejecutivo peronista.



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