Sindicatos municipales, tema ausente en la campaña

La campaña hacia la Intendencia aparece –como Adrián Simioni bien lo advirtió en Cadena 3- atravesada por un ruidoso silencio: ningún candidato dice cómo gerenciará la relación entre el municipio y los sindicatos que se llevan el bocado del león sobre el presupuesto municipal.

Por Felipe Osman

Los candidatos a intendentes Martín Llaryora, Luis Juez y Rodrigo de Loredo.

Las cuentas del Palacio Municipal aparecen centralmente condicionadas por dos elementos. El primero es, sin lugar a dudas, la alta dedicación que del presupuesto se destina a satisfacer costos laborales que sobrepasan -cómodamente- el 50 por ciento de los ingresos del municipio. Situación, esta última, mucho más gravosa desde el paso de Luis Juez por la Intendencia, periplo en el cual el ex intendente designó a más de 4.500 nuevos municipales.
En segundo término, lejos de los costos que el Suoem insume a la Municipalidad pero aún importante en lo que a incidencia sobre el presupuesto hace, aparece el nuevo contrato de Higiene Urbana, que repartió la prestación del servicio entre tres licenciatarias que se llevan (casi) un 20 por ciento del presupuesto municipal.
Para completar la tríada, junto al Surrbac y el Suoem aparece la Uta, que aunque no se nutre directamente del presupuesto municipal, sí insume un altísimo costo político a quien sea que se encuentre a cargo del Departamento Ejecutivo y deba autorizar aumentos de boleto para satisfacer, entre otras cosas, el famoso “costo Córdoba” que el convenio colectivo de la Uta en la provincia traslada a los usuarios.
En este contexto bien podría decirse que gobernar el Palacio 6 de Julio es -principalmente- gerenciar las relaciones entre cada uno de estos sindicatos y el municipio. En realidad, no implica esto que allí se agoten las tareas de gestión, pero sí que cualquier avance estructural en el desarrollo del municipio o la ejecución de casi cualquier obra pública de magnitud estará supeditada a que la administración logre controlar el gasto que le insumen estas cuentas.
En pocas palabras, gerenciar las relaciones entre la Municipalidad y estos gremios resultará una condición necesaria -aunque no suficiente- para llevar adelante una buena gestión.
Ahora bien, ¿a qué se debe este silencio? La antipatía de buena parte de los vecinos hacia estos sindicatos es bien conocida. Daniel Giacomino nunca gozó de mejores mediciones que cuando sus durísimos enfrentamientos con el Suoem, y el propio Ramón Mestre se preocupo por capitalizar su victoria frente al paro de Uta que mantuvo a la ciudad paralizada por casi 10 días. ¿Por qué entonces elegir el silencio? Las razones parecen variar según el candidato.
El caso de Luis Juez es el que menos sorprende, y aunque el gurú del “fin del choreo” es un especialista en borrar con el codo lo que escribió con la mano, hasta él mismo se ruborizaría si hoy tuviera que decir que llevará al Suoem los planes de austeridad que predica la alianza para con los sindicatos públicos.
Durante su paso por el Palacio Municipal Juez no sólo fundó una provechosa sociedad con el sindicato municipal, que se llevó de su mandato un aumento exponencial entre sus afiliados, sino que además el entonces intendente otorgó a los municipales aumentos incluso más generosos que los que el voraz sindicato demandaba ante la mirada atónita de un Rubén Daniele que, contrariado, vio peligrar su propia preeminencia sobre los suyos.
Déjese a un lado entonces la posibilidad de que el líder del Frente Cívico vaya siquiera a traer a colación este asunto. Pero, ¿por qué Rodrigo de Loredo, aspirante a sucesor de un Ramón Mestre que tuvo en su relación con los sindicatos uno de los mejores capítulos de su gestión, elige omitir consideraciones a este respecto? ¿O por qué no lo hace el propio Martín Llaryora?
Allegados al equipo de De Loredo deja entrever que el ex titular de Arsat se encuentra mucho más inmerso en una campaña de posicionamiento que en una que tenga por verdadero propósito desembarcar en el Palacio 6 de Julio. Si así fuera resulta comprensible que sin expectativas reales -o, al menos, sin grandes expectativas- de llegar a la Intendencia, De Loredo prefiera no sumar enemigos que puedan condicionarlo en su futuro político sin ningún beneficio aparente en el corto plazo.
El silencio de Llaryora tendría otra explicación. En primer lugar, debe tenerse en cuenta que nadie hace lo que no necesita hacer. Si el candidato peronista se ve sólido en las encuestas, difícilmente haga o diga nada que pueda alterar su situación. Pero además debe tenerse en cuenta que el justicialismo lleva en su ADN una forma diferente de relacionarse con el gremialismo, muy distinta a la de la alianza Cambiemos o el propio radicalismo. Mientras el radicalismo suele confrontar con el sindicalismo, el peronismo prefiere contenerlo dentro de sí.
Pero si aún así espera tenerse una idea preliminar de cómo será la relación entre Llaryora y los gremios municipales, debería observarse la que Juan Schiaretti sostiene con el sindicalismo de Córdoba.



Dejar respuesta