La isla (ya no tan) bonita

Con la canción “Medellín”, donde se asocia en dúo con el colombiano Maluma, la cantante Madonna quiere demostrar que, a los 60 años, todavía puede asomarse al erotismo y la sensualidad, como si alguien hubiera puesto en duda eso que fue su sello distintivo.



Por J.C. Maraddón
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En 1986, el productor y compositor estadounidense Patrick Leonard deambulaba por los pasillos de diversos sellos discográficos, con una canción bajo el brazo, que él mismo había compuesto junto al guitarrista Bruce Gaitsch. Se tenía tanta fe Leonard, que presionó para que su tema fuera incluido en el disco “Bad” de Michael Jackson, pero finalmente su propuesta fue rechazada por el músico, que venía de batir récords con su álbum “Thriller” y se aprestaba a poner a la venta un sucesor que fuera digno de semejante antecedente. Sin embargo, esa composición estaba predestinada a tener un destino de gloria.
Otra de las figuras de la música pop en esos años, Madonna, aceptó de buen grado lo que le ofrecía Patrick Leonard, pero bajo la condición de modificarle la letra y, a raíz de esa participación, que su nombre fuera incluido como parte de los créditos. Ella estaba elaborando el material que iba a ser incluido dentro del disco “True Blue”, cuya aparición se iba a producir en junio de 1986, y donde se incluirían varios títulos firmados por Leonard. La pieza en cuestión, que se ubicaba como un humilde tema 3 del lado B del long play, sería extraída como single recién al año siguiente.
Esa es la historia de “La isla bonita”, un hit muy recordado de la diva estadounidense, que desde entonces refulge como uno de los favoritos del público. Tal cual su nombre lo indica, hay un tinte latino que lo identifica, con referencias a un lugar llamado San Pedro que bien podría estar situado sobre la costa de Belice. La rítmica caribeña que allí se escucha, está acompañada por unas guitarras españolas que insuflan un aire inconfundible a flamenco. Ese cóctel, sumado a la voz de una estrella en franco ascenso, dio como resultado un suceso que todavía perdura.
En aquel momento, la decisión de Madonna de incorporar sones latinos a su música, implicaba una apuesta riesgosa. “La isla bonita” fue el último track de “True Blue” en ser cortado como single, lo que resulta indicativo de que los productores no veían allí un gran potencial de ventas. El tiempo se encargó de compensar esa demora, porque la canción fue objeto de infinitas remezclas y con sólo escuchar su introducción estallaban las pistas de baile. Pocos meses después, Sandra con “María Magdalena” y los Pet Shop Boys con “Domino Dancing”, consolidaban esa tendencia de la que Madonna había trazado los bocetos.
Por eso, que 33 años más tarde haya salido un single donde Madonna intenta colarse en la actual moda de la música latina, no parece estar a tono con la estética atrevida y vanguardista que siempre esgrimió como sello distintivo. Con “Medellín”, donde se asocia en dúo con el colombiano Maluma, la reina del pop quiere demostrar que, a los 60, todavía puede asomarse al erotismo y la sensualidad, como si alguien hubiera puesto en duda eso. Y no consigue más que retomar, en forma tardía y burda, aquello que a mediados de los años ochenta representaba una jugada maestra.
Mientras Maluma rapea sobre tópicos tan remanidos como todo lo que él le haría en su patético rol de macho cabrío, Madonna recupera aquella vocecita entre ingenua y seductora que por estos días desentona con el papel protagónico que aspiran a jugar las mujeres. Más allá de la dudosa fórmula sonora que se aplica en “Medellín”, está claro que la cantante sigue (con atraso) la senda que otros ya recorren desde hace tiempo. Justamente ella, que siempre se ubicó en la avanzada con respecto al resto, ahora realiza un movimiento previsible. Habrá que esperar la salida de su nuevo álbum para confirmar si esto ha sido tan sólo un accidente, que pasará rápidamente al olvido.



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