Manzanares, Muñoz y la comisión a la Patria

Las declaraciones del ex contador de la familia Kirchner dejan en claro que la corrupción del gobierno kirchnerista no se limita a lo contenido en los cuadernos de Centeno.



Por Javier Boher
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Hace pocos días alguien se preguntaba sobre el desinterés de la gente por los relatos vinculados a los cuadernos de Centeno. La justicia aminoró la marcha en las investigaciones, la inflación volvió a golpear los bolsillos y los medios decidieron que era más interesante preguntarse sobre las posibilidades electorales de Mauricio Macri, Cristina Kirchner o Roberto Lavagna en un probable ballotage.
Este fin de semana el programa “La Cornisa”, conducido por Luis Majul, transmitió una entrevista con Víctor Manzanares, el ex contador de la familia Kirchner. Allí pudo expresar para las cámaras algo de lo que reveló para la causa que por la cual está detenido desde hace casi dos años. Y no dejó bien parados a varios de los que siguen pregonando su inocencia.
Como suele ocurrir en los casos de malas prácticas, los que llevan la peor parte en las declaraciones de Manzanares son Néstor Kirchner y Daniel Muñoz, expresidente de la Nación y su secretario privado: así como la muerte concede la beatificación automática, también los convierte en los depositarios de las cuestiones más negativas que no se pueden explicar por otros medios sin quedar muy comprometido.
Dentro del largo encuentro (que se mostró resumido en la emisión del domingo a la noche) Manzanares dejó algunas frases dignas de análisis. El contador estimó que -solamente por el dinero que recibía Muñoz- el volumen del desfalco rondaría los 96 millones de dólares anuales.
Aunque las cuentas suenen exageradas y muchas veces el ejercicio de la comparación no sea del todo correcto, si dicho esquema hubiese existido a lo largo de los 12 años de kirchnerato, sólo el dinero que se orientaba a través de Muñoz habría alcanzado para cerrar dos veces la Circunvalación. Eso es un vuelto que no te pueden dar en caramelos.
Pese a la magnitud del robo señalado por Manzanares (que colabora como “arrepentido” pensando en el beneficio personal pero sin intenciones de omitir su responsabilidad) lo que resultó más llamativo fue la forma en la que Muñoz le habría respondido al ser observado en su voracidad por los fondos públicos. Para el secretario de Néstor Kirchner, lo de ellos no era un robo, era “una comisión a la patria por hacer las cosas bien”.
En su afán por construir un relato le cambiaron el nombre a la mismísima corrupción, ya no por la vergüenza de apoderarse de dineros que no les correspondían, sino creyendo que efectivamente estaban en su derecho de hacerlo.
Como en la neolengua que George Orwell utiliza en 1984, no existían palabras negativas para describir al régimen y sus prácticas, todas santificadas bajo el traicionero manto de la ideología. En esas decisiones terminológicas pretenden minimizar bolsos y valijas diciendo que eran mochilas o que la corrupción sistémica en realidad eran algunos individuos de los que no se podía saber qué hacían. Cada palabra elegida los pinta de cuerpo entero.
Pese a todo, Manzanares se quiebra al no ser contenido por esa estructura a la que sirvió durante tantos años. Incluso maltratándolo, la lealtad se forja en esos actos mínimos de cuidado por el otro, visitándolo o dándole apoyo y contención para que no se quiebre el pacto.
Su descuido es como si no hubiesen escuchado la historia de Stalin y la gallina desplumada (que pese al daño infligido vuelve a él al arrojarle un puñado de maíz) se olvidaron de hacerlo sentir valioso. Que ante el pedido de ayuda, Cristina le haya respondido que ella era una mujer “jubilada, embargada y vieja”, deja a la vista que las miserias personales no se abandonan ni siquiera estando en aprietos.
Cada historia mínima aporta a una novela gigante, en la que algunos van perdiendo peligrosamente el interés. No son pocos los que intentan diluirlos, tratando de simular que son lo mismo que la inoperancia del gobierno actual en muchas áreas.
Sin embargo, los hechos del pasado siguen estando ahí para quien quiera buscarlos para sacarlos a la luz. Que un esquema de corrupción tan grande y burdo no termine de ser explotado como hecho noticiable es algo digno de destacar: ¿acaso a los ciudadanos no les importa lo que ocurre? Sólo las urnas despejarán la incógnita.



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