Los algoritmos impensados

Hace veinte años, se estrenaba la película “The Matrix” (primera de la trilogía), donde los hermanos Wachowski, con mano maestra, plasmaban una pesadilla futurista que ya había sido abordada en muchas obras literarias y cinematográficas: la de una humanidad controlada por las máquinas.



Por J.C. Maraddón
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Raros tiempos los que se vivían hace veinte años, con la perspectiva inminente del ingreso a un nuevo milenio y con todo el bagaje de fantasías que la ciencia ficción había cargado sobre las espaldas de ese futuro que estaba golpeando la puerta para entrar. La ansiedad universal era palpable y, frente a todas las expectativas que se habían despertado, parecía que nadie estaba dispuesto a pensar que se trataba de una mera cuestión de números redondos y que el planeta ni enterado estaba de la excitación que provocaba entre los seres humanos el arribo del soñado año dos mil.
Sobre el Palacio 6 de Julio, un cartel señalaba la cuenta regresiva que iba a terminar el 31 de diciembre de 1999 a la medianoche, cuando un concierto de explosiones y fuegos de artificio diera la bienvenida al siglo veintiuno. Por supuesto, proliferaron las profecías apocalípticas que suelen acompañar este tipo de saltos en el calendario. Y muchos cultos religiosos sumaron adeptos entre aquellos que empezaron a buscar salidas sobrenaturales para enfrentar esa catástrofe que se pronosticaba, aunque no existiera ninguna explicación científica que permitiera inferir la cercanía de un final de la historia del hombre sobre la Tierra.
La era digital, que se suponía iba a suministrar una dosis de racionalidad a la especie (de hecho, a las computadoras se las llama ordenadores), lo que hizo fue alimentar su propia hipótesis conspirativa, ya que se decía que las PC no estaban preparadas para cambiar su reloj interior y adaptarlo al salto hacia el 2000. Por lo tanto, cabía la posibilidad de que se perdiera la información allí almacenada; o que los sistemas colapsaran; o que se anulara el funcionamiento de internet, esa red global que ya en ese entonces tenía embobados a millones de navegantes, con la fluidez del correo electrónico y la flamante aparición del metabuscador Google.
Ninguna de todas estas amenazas se hizo efectiva. Lo más parecido a una imagen del apocalipsis se iba a verificar recién el 11 de septiembre de 2001, cuando las Torres Gemelas de Nueva York fueran impactadas por sendos aviones de pasajeros. Sin embargo, el año 1999 transcurrió bajo el influjo de esos malos augurios, apenas compensados por utopías más esperanzadoras. Y el cine iba a contribuir a fomentar esos presagios, con películas como “Impacto profundo” o “Armaggedon”, en las que el planeta se veía amenazado por fenómenos astronómicos fuera de control.
Sin embargo, quizá el filme emblemático de este periodo haya sido “The Matrix”, que se estrenó hace veinte años y que fue el inicio de una trilogía que concluyó en 2003. Con mano maestra, los hermanos Wachowski plasmaron allí una pesadilla futurista que ya había sido abordada en muchas obras literarias y cinematográficas: la de una humanidad controlada por las máquinas. La reflexión que este largometraje inspira acerca de los límites que separan la realidad de la ilusión, fue objeto de una infinidad de artículos publicados en aquel entonces, que cimentaron el ingreso de “The Matrix” en la galería de las películas de culto.
A dos décadas de aquella fiebre que desató el filme, cabe preguntarse cuán profética fue esa historia de ficción, a la luz de las noticias falsas que hoy circulan por la web y que son creídas a pies juntillas por la gente que toma importantes decisiones en función de ese estímulo perverso. Con sólo reemplazar la palabra “matrix” por el más moderno “algoritmo”, podemos dimensionar hasta qué punto la tecnología actual no sólo nos controla, sino que además alimenta su poder a partir de la información que nosotros mismos le suministramos, a cambio de descargar una aplicación o de buscar un artículo de supermercado que está en oferta.



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