Precios sensibles y desconfianza de fondo

Hoy salen a la cancha las medidas anunciadas por el Gobierno en un escenario de tironeos internos; como la receta es conocida los argentinos prefieren a esperar a ver qué se termina encontrando efectivamente.



Por Gabriela Origlia

Tarde y poco. Así se percibe el paquete de medidas anunciado por el Gobierno que hoy saldrá a la cancha. Los márgenes de maniobra que tiene, en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es mínimo. Incluso antes de los anuncios ya existían advertencias acerca de que la meta del déficit cero no se alcanzará este año por la caída de los ingresos; hay economistas que proyectan que el rojo podría rondar el uno por ciento.
El lado más flaco de este paquete es la poca convicción con que lo presentan quienes lo diseñaron; cada vez que lo mencionan aclaran que son un paliativo y que la respuesta de fondo es el camino que ya se está transitando. En realidad, la posición refleja la interna que fue el trasfondo de los anuncios.
Los socios de Cambiemos discutieron sobre qué había que hacer; los radicales presionando por tarifas y alimentos y ministros rechazando públicamente que el congelamiento sirva. En definitiva, como ya se dijo en este mismo espacio, el acuerdo fue un intento de supervivencia política, de tratar de mantener la alianza.
Ese –el no estar convencido- es uno de los factores por el que el presidente Mauricio Macri no quiso hacer los anuncios; el usar un video visitando una familia porteña fue el primer paso para licuar la credibilidad en lo que presentaba parte de su gabinete. Un sector de la Rosada prefiere decir que el video era la mejor alternativa para contar las herramientas que apuntan “a la gente y no a los mercados”.
La cuestión de fondo es siempre política más que económica y eso lo demuestra el nivel del riesgo país que responde a las encuestas que muestran a Cambiemos complicado de cara a las elecciones. El temor no es sólo si regresará Cristina Fernández (que está e influye en los mercados y que el oficialismo usa electoralmente) sino a que aún con Macri reelecto hay dudas de cómo hará todas las reformas que se necesitan para encarrilar la economía. Ya se descuenta que en el Congreso seguirá teniendo minoría y que, como en este período, deberá negociar todo.
Por ahora, el “plan” del Gobierno se limita a poner una curita en un herido grave y tratar de mejorar las expectativas de cara a octubre. Es una obviedad decir, que 60 precios de la canasta básica y un retraso en la suba de tarifas pueden frenar la inflación. Ese objetivo requiere de medidas más ambiciosas por las que se sigue esperando.
La lista de precios “sensibles” –el oficialismo usa todos los trucos posibles para no hablar de congelados- ya está en el centro de la escena porque los productos incluyen aumentos importantes respecto a los valores que tenían antes de que los ministros los presentaran en sociedad. Los argentinos tienen una larga experiencia en este campo y las dudas siguen siendo si lo prometido se encontrará en las góndolas. En general la confianza está castigada y en este tema en particular, más todavía.
Nicolás Dujovne confía en que se cumplirá porque se basa en un “acuerdo entre caballeros”. Salvando las distancias recuerda a su excolega Juan Carlos Pugliese cuando planteó que había hablado con el corazón y la respuesta había sido con el bolsillo.
Otra de las patas del paquete es el congelamiento de la banda cambiaria para, por esa vía, controlar las expectativas inflacionarias. El Gobierno apuesta a un tema de alta sensibilidad para los argentinos, el precio del dólar; apunta a garantizar la estabilidad cambiaria para calmar los ánimos. Ante cada proceso electoral los argentinos se dolarizan en la medida que pueden.
Los aspectos de los anuncios relacionados con las Pymes, como el plan de pagos de Afip o una flexibilización en la aplicación de retenciones, viene siendo reclamado por el sector hace meses, desde el inicio de la recesión. En el Gobierno siempre les rechazaron el planteo porque no había margen fiscal.



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