Macri, de cuarentena en Córdoba

Pasó las Pascuas en un country de Alta Gracia. No recibió a nadie, mucho menos a sus referentes cordobeses. Ni a Mario Negri ni a Luis Juez. Ni siquiera a Eduardo “Gato” Romero, reciente vencedor en Villa Allende y uno de los maestros del golf argentino.



Por Pablo Esteban Dávila

El presidente pasó el fin de semana de Pascuas en Alta Gracia, voluntariamente recluido en las instalaciones del country de montaña de Potrerillo de Larreta. Se trató, más allá de su previsible descanso, de una auténtica cuarentena política.

En efecto, Mauricio Macri no recibió a nadie, mucho menos a sus referentes cordobeses. Ni a Mario Negri ni a Luis Juez. Ni siquiera a Eduardo “Gato” Romero, reciente vencedor en Villa Allende y uno de los maestros del golf argentino. Su aislamiento fue tal que, pícaramente, Juan Pablo Quinteros -un reciente emigrado del juecismo- tuiteó ayer que “por la tarde estaré corriendo en Alta Gracia (y) si algún candidato necesita que acerque una esquela para que Mauricio Macri se entere que en tres semanas hay elecciones en Córdoba, ¡me ofrezco a hacerlo!”.

Quinteros, seguramente molesto con la decidida deriva macrista de su exjefe político, puso el dedo en la llaga: Macri hace de cuenta que no habrá elecciones en la provincia. Junto a las graves dificultades de gestión por las que atraviesa, el presidente descuenta el triunfo de Juan Schiaretti y, de seguro, todavía está molesto por la ruptura de Cambiemos en el distrito, un acontecimiento que impidió la presentación de una fórmula competitiva.

Pero, y más allá de esta rabieta, no se puede tapar el sol con las manos. El 12 de mayo los cordobeses concurrirán a las urnas y la votación tendrá repercusión nacional. Nadie prevé ninguna lectura favorable al gobierno nacional, una dificultad que se magnifica por ser esta la provincia que torció la suerte del ballotage en noviembre de 2015 a favor de Macri.

La defección presidencial no se encuentra acompañada, sin embargo, de condignas instrucciones de abstinencia política hacia el resto de su entorno. Otros importantes dirigentes cambiemitas entienden que es un deber personal apuntalar al binomio Negri – Baldassi, al que consideran de su entera hechura. En esta línea se inscriben Elisa Carrió, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. Los tres se aprestan a venir a Córdoba para brindar su apoyo a los candidatos de Córdoba Cambia.

No es sólo un compromiso político genérico el que los impulsa a tanta solidaridad. Sucede que, cada uno con su respectiva cuota de responsabilidad, fueron los impulsores del remedio negrista que, pruebas al canto, fue peor que la enfermedad internista que se pretendió evitar. En enero, y con Marcos Peña de vacaciones, lideraron una ofensiva contra Ramón Mestre que terminó en la ya famosa llamada telefónica para que desistiera de sus ambiciones. Ante la negativa del intendente, el terceto quedó en off side y la ruptura devino inevitable. Ahora se sienten en la obligación moral de concurrir en apoyo a su delfín herido.

Sus visitas serán ampliamente publicitadas. El tridente constituye la espina dorsal del imaginario político de Cambiemos y es de esperar que Negri intente sacarles todo el jugo que sea posible. Carrió desembarcará con alguna denuncia bajo el brazo y tanto Rodríguez Larreta como Vidal se pasearán blandiendo el prestigio de sus gestiones, intentando convencer al electorado de la existencia de una rara ósmosis a través de la cual su binomio local pueda obtener el certificado de gobernabilidad ante las preguntas que, en tal sentido, se formulan los cordobeses.

Para el Corín Tellado de la política se trata de gestos fuertes, especialmente de parte del jefe de Gobierno porteño y de la gobernadora de Buenos Aires. No es frecuente que ambos decidan abandonar sus territorios para llevar adelante acciones de apoyo típicamente nacionales, especialmente cuanto tampoco a ellos les sobre mucho. Aunque la posición de Rodríguez Larreta resulta, por lejos, más holgada, no lo es tanto la de Vidal, enfrentada a una situación en su propia provincia que dista de ser una maravilla. Esta realidad remite a una cuestión de previo y especial pronunciamiento: ¿cuan eficientes son, en términos electorales, estos esfuerzos?

Es difícil que Carrió logre conmover la opinión que, en general, los cordobeses tienen de ella. Nunca obtuvo grandes marcas en el distrito y su franquicia local dista de ser un modelo de participación y convocatoria. Puede que la diputada nacional, con su grandilocuencia y megalomanía, funcione bien en el formato mediático de la Capital Federal pero, por estas tierras, es un hecho que su estilo dista de generar suficiente pregnancia. Además, sus recientes recomendaciones de no “volver al faraón (…) porque el pasado es la esclavitud y la mentira” no cuajan, decididamente en Córdoba: jamás la provincia optó por los Kirchner y todo indica que no lo hará en el futuro. Si pretende mejorar las chances de Negri invocando este tipo de fantasmas ingresará en un callejón sin salida.

Rodríguez Larreta se encuentra en una posición mejor, pero de ninguna manera definitoria. Buenos Aires es, a los ojos del interior, una ciudad – Estado con una dinámica muy diferente a la del resto de las provincias, incluso para las que, como Córdoba, poseen una estructura social y económica diversa y compleja. Impartir consejos de voto desde aquella plataforma territorial es tan pretensioso como de improbable extrapolación. Compárese esta percepción con la valoración positiva que muchos cordobeses tuvieron en pasadas elecciones de, por ejemplo, la gestión puntana (mucho más homologable en términos políticos que la administración porteña) para vaticinar que tampoco las admoniciones del jefe de Gobierno tendrán particular relevancia en este brete.

Vidal, por último, tiene a su favor una empatía personal que ciertamente excede los méritos (o la falta de ellos) de su gobierno, pero este valor no supone una simétrica traslación a la realidad mediterránea. Las razones son simples y se reducen a dos. Por un lado, Vidal ha sabido trabajar la variable de la eficiencia en una provincia que no ha gozado de este atributo en las anteriores gestiones peronistas; por el otro, ha sabido proyectar un enfoque más humano y directo en el abordaje de los graves problemas socioeconómico de los que adolece su provincia. Ambas variables, eficiencia y cercanía, han cimentado su prestigio nacional.

Sin embargo, tampoco resulta fácil imaginarse que tipo de lecciones podría impartir en Córdoba, o a través de que sortilegio investiría en Negri las habilidades que reclama para el gobierno bonaerense. Las administraciones de De la Sota o de Schiaretti no podrían -salvo que se forzasen los argumentos racionales- equipararse a las de Felipe Solá o Daniel Scioli, ni acertaría Vidal a contraponer favorablemente la suya con las cordobesas. Por más cariño o respeto que se le tenga, es difícil entender la gestión de la provincia de Buenos Aires, a despecho de sus méritos recientes, como el estado del arte en la materia. No le resultaría complicado a Schiaretti, llegado el caso, recomendar a su colega que, en lugar de perder el tiempo por estas tierras, se dedique a solucionar los graves problemas que todavía tiene pendientes en su jurisdicción.

Con Macri encerrado en su voluntaria cuarentena cordobesa Carrió, Larreta y Vidal operan como cuentapropistas presidenciales en el escenario cordobés, tratando de apuntalar candidaturas nacidas al calor de gruesos errores de juicio. Será difícil que logren torcer el destino que auguran las encuestas. Así como no resulta razonable digitar a control remoto las candidaturas locales, tampoco es creíble que puedan modificarse las tendencias que aquellos errores han solidificado, por más visitas o empeños que se pongan en repararlos.



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