Aún en campaña, Schiaretti avanzó sobre Luz y Fuerza

Aunque lo habitual es que el oficialismo intente poner paños fríos sobre cualquier conflicto gremial cuando se acercan las elecciones, la distancia que el PJ le saca a la oferta fraccionada de los ex Cambiemos en sus mediciones le da aire para elegir otra estrategia. En lugar de quietud o repliegue, El Panal elige avanzar sobre Luz y Fuerza, advirtiendo que puede capitalizar esta “ofensiva” en las urnas.



Por Felipe Osman

pecEl directorio de Epec firmó la semana pasada un acta acuerdo con el Sindicato Regional de Luz y Fuerza de Villa María, que con más de 1400 afiliados repartidos en distintas localidades del interior concentra a poco menos de la mitad de los empleados en toda la provincia. El acuerdo contempla un aumento del 23 por ciento del salario para los trabajadores representados por el Sindicato Regional que se otorgará de manera escalonada: 5 por ciento desde febrero (retroactivo), 8 por ciento en abril, 5 por ciento en junio y 5 por ciento en agosto. Como “contrapartida”, el sindicato villameriense consintió en implementar conjuntamente con la empresa una “política de salud ocupacional” para prevenir y erradicar el consumo de drogas entre los empleados y un “protocolo para la prevención y neutralización de la violencia de género en el ámbito laboral”. Pero lo que el acuerdo encierra en realidad es una concesión de la empresa –o mejor aún, de la propia Provincia- hacia los empleados del interior que no encuentra correlato con los afiliados al sindicato de Luz y Fuerza en Córdoba. En resumidas cuentas, El Panal mete otra cuña en la fractura que existe en el frente gremial lucifuercista, otorgando al Sindicato Regional –abierto a la negociación- un reajuste salarial que no concede a los empleados Epec en la capital provincial, a los que representa un Gabriel Suárez reactivo a cualquier negociación que implique ceder alguna de las ventajas que le ofrece el Convenio Colectivo firmado por Agustín Tosco en 1975.

Ahora bien, ¿por qué El Panal elige confrontar –o mejor aún, sostener una confrontación iniciada hace ya tiempo- con uno de los sindicatos más combativos de la provincia en tiempos tan cercanos a las elecciones del 12-M? El manual parece sugerir lo contrario. En tiempos pre-electorales –se supone- es mejor no abrir nuevos frentes de conflicto y, de resultar posible, mantener los ya abiertos inactivos. Construir treguas, aunque sean precarias. De lo contrario, la vulnerabilidad que cada oficialismo experimenta antes de pasar por el cuarto oscuro podría terminar sirviendo a los propósitos de sus adversarios. Pero el PJ no lo ve así. La fortaleza actual del peronismo cordobés, exacerbada por la fractura de Cambiemos Córdoba que concurrirá a las urnas con una oferta fraccionada, lo alienta a redoblar la apuesta contra el sindicato de Luz y Fuerza que capitanea Suárez. Y en lugar de adoptar una estrategia defensiva, o al menos conservadora, prefiere avanzar en una negociación con el Sindicato Regional que deja mal parado al secretario general del gremio en Córdoba.

Los afiliados de la capital, que recibieron en 2019 un aumento que el resto percibió en 2018, y que no fue tomado como base de cálculo para el aguinaldo de diciembre ni las Bonificaciones Anuales por Eficiencia, vuelven a quedar atrasados respecto de los trabajadores del interior. Máximo Brizuela, secretario general del sindicato regional, vuelve a lograr mejores términos que Suárez para los empleados de Epec manteniendo una buena predisposición al diálogo con la empresa. Y el Centro Cívico no sólo crea las condiciones objetivas para que el secretario general de Luz y Fuerza en Córdoba sufra un recrudecimiento en sus cuestionamientos internos, debilitándolo, sino que además recrudece el mismo su conflicto con Suárez, advirtiendo que esto puede incluso favorecerlo en las urnas.

Paradójicamente, mientras los candidatos del ex Cambiemos ofrecen al electorado planes populistas para luchar contra el populismo, como rebajas impositivas y tarifarias, el peronismo apela a seducir a los cordobeses peleándose con un gremio altamente impopular entre los vecinos. Esta estrategia, vale recordar, cuanta ya con algunos antecedentes. Valgan como ejemplos el de Daniel Giacomino, que durante su gestión mantuvo una constante tensión con el Suoem y tuvo sus mejores mediciones en los momentos en que más recrudecían sus conflictos con el sindicato municipal, o el del propio Ramón Mestre, que también mejoró en las encuestas cuando logró doblegar a la UTA, tras un extenso conflicto entre el sindicato de transportistas y el Palacio 6 de Julio, en junio de 2017.



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