Inflación de decepciones

El dato de inflación conocido ayer pone en riesgo las chances electorales del gobierno, que no puede encontrarle la vuelta a lo que se ha convertido en la principal preocupación de la gente.



Por Javier Boher
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Ayer el gobierno dio a conocer la inflación del mes de marzo y el dato fue un baldazo de agua fría para las intenciones electorales del oficialismo: el 4,7% de inflación mensual da un acumulado interanual de 54,7%, muy por encima de lo que pronosticaban los gurúes económicos del macrismo hace poco más de un año.
El aumento sostenido de los precios es la bestia indomable a la que se ha enfrentado Cambiemos desde el inicio de su mandato. No importa si hay factores culturales, mentales o materiales: los think tanks que hace cuatro años hablaban de que era lo más fácil de hacer y que con decisión se la bajaba de un plumazo hoy están replanteando sus teorías.
Mientras los precios siguen su escalada -y no se avizora que en algún momento decidan frenar su marcha- las elecciones provinciales siguen pasando y sumando derrotas para la alianza de gobierno. Mientras se van hilvanando segundos y terceros puestos de un 30% de votos, las PASO continúan acercándose. Con la tormenta corriendo las espaldas del gobierno, en el horizonte que se divisa a futuro reina el negro de la noche.
Aunque el desempeño de los candidatos provinciales no desentona con los resultados obtenidos hace cuatro años (por ejemplo, en Entre Ríos sólo perdió cuatro puntos, con el gran resultado del gobernador Bordet respondiendo a que el peronismo acudió unido detrás de un buen gestor) entre los adherentes al gobierno hoy priman la decepción o el desencanto antes que el optimismo de hace cuatro años.
Las grietas en el equipo de Marcos Peña y Jaime Durán Barba siguen siendo explotadas como en un programa de chimentos, aportando a las fisuras y desconfianzas entre las figuras más sólidas con las que cuenta el gobierno. El mensaje demora en llegar cuando en la mente de la gente está saber cuánto cuestan las cosas y cuánto menos rinde el sueldo.
Los 116 días que faltan para las PASO están lejos de ser una eternidad, sobre todo sabiendo que la inflación de abril seguramente también se sitúe en valores elevados. Terminar este mes con el mismo ritmo de inflación los dejará con poco margen para que la gente saque algo positivo de los cuatro años de gobierno. Incluso el núcleo duro de simpatizantes encuentra dificultades para recordar cosas buenas cuando la pálida es tan grande.
Retomar -al menos desde lo que se rumorea- propuestas económicas de las que se habló pestes (como los acuerdos de precios, subsidios y congelamientos de tarifas) dan una pauta de que las ideas se agotan y se echa mano a cualquier herramienta que a otros les haya funcionado electoralmente en el pasado, aún corriendo el riesgo de dificultar la salida de la crisis.
La inflación se ve en pequeñas cosas, como la programación televisiva. Sobran programas que regalan premios en dinero, el sueño de los que no pueden ahorrar y deben postergar consumos. La ilusión de que la suerte pueda suplir un esfuerzo que hace meses ya no alcanza, ni siquiera consumiendo segundas marcas o presentaciones familiares.
La inflación es el gran desafío que debe resolver Cambiemos para seguir existiendo políticamente. Incluso si no se pudiera contener, o si no se quisiera dar un golpe de efecto para generar un cambio de expectativas como ocurrió con el Plan Austral de Alfonsín o la Convertibilidad de Menem, el gobierno debe negociar una tregua con el electorado.
Algo de esto ya está en marcha con una campaña que trata de hacerle aceptar a la gente que la inflación es un precio a pagar por un ambicioso y trascendental plan de infraestructura. Así como los votantes aceptaron los puntos bajos del kirchnerismo a cambio de consumo en cuotas, desde el equipo de comunicación de Peña y Durán Barba pretenden que la gente acepte su empobrecimiento en el bolsillo vendiendo un “enriquecimiento” colectivo a través de obras.
El desafío para ellos es enorme. El descontento de la gente crece, las expectativas a futuro son cada vez peores y la ilusión se desvanece mientras crecen la inflación, la pobreza y el desempleo. Poco sirve el consuelo de que es la historia repetida de las últimas tres décadas, porque justamente la gente pretende votar a quienes puedan de una buena vez romper ese ciclo. Datos como el de ayer hacen que los votantes lo pongan seriamente en duda.



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