De tener tres, ahora Macri no tiene ninguno

No deja de ser irónico que, detrás de los lamentos de Negri, el oportunista pase de Schiaretti a la oposición (real o supuesto) y la distancia impuesta por Mestre, el presidente no tenga en Córdoba un referente unívoco con el que identificarse durante la campaña provincial.



Por Pablo Esteban Dávila

Mario Negri se queja de no contar con un respaldo más decidido de la Nación. Alfil dio cuenta, en su edición de ayer, de esta congoja. El diputado sostuvo que el presidente “ha sido medio pijotero”en lo que va de su campaña y que, en lo que a él respecta, tampoco lo “ha apoyado” personalmente, lamentándose de que “vino acá y sobrevoló Córdoba rápido”, sin dedicarle al menos la foto de ocasión. Si a esta sensación se le suma el hecho de que el propio Mauricio Macri aseguró, semanas atrás, de que se mantendría prescindente respecto a la interna de Cambiemos, la desazón del diputado debe ser completa.
No obstante, el candidato de Córdoba Cambia intentó ensayar una racionalización sobre estas conductas omisivas. Afirmó que, “con los despioles que hay en el país, con la inflación, estamos esperando un paquete a ver si se alivia, ir y decirle (al presidente): mirá, te vengo a hablar por el tema de la interna… no”, aclarando de inmediato que “acá hay que ganársela por la propia”. A pesar de la dignidad de la reflexión, podría ser mejor no aclarar porque oscurece.
Negri invocó la difícil situación de la Argentina para justificar la ausencia de Macri en su campaña, que es lo mismo que decir que el presidente tiene que solucionar sus propios desaguisados antes de apoyarlo a él, sea con fondos o con su presencia. Pero la tesis de un país sumido en el “despelote”, aunque plausible, tiene, sin embargo, sus bemoles, especialmente viniendo de un oficialista. Propalar las externalidades del problema es quedar más cerca del imaginario opositor que del discurso del gobierno, un aspecto que lo aleja del manual del macrismo correcto que, con perífrasis imaginativas, intenta presentar el actual orden de cosas como un intervalo necesario -aunque doloroso- de un futuro esplendido y a la vuelta de la esquina.
A los fines de reforzar la idea de la delicada situación nacional, Negri no se privó de recurrir a la ironía extrapartidaria: si no fuera por el presidente -dijo-“Córdoba estaría en serias dificultades” a tal punto que “Schiaretti quería sacarse selfies con Macri” cuando todo marchaba viento en popa pero que, “cuando Macri empezó a andar un poquito mal se pasó a opositor y arregló con el kirchnerismo”.
¿Habló, subconscientemente, de la soga en la casa del ahorcado? Porque, al comentar la pasada predilección por Schiaretti y enfatizar la actual reluctancia del cordobés, Negri no hizo otra cosa que reflotar la hipótesis del “tercer hombre”, esto es, que el gobernador era, en realidad, el candidato del presidente cuando Cambiemos no tenía siquiera un esbozo del suyo.
La especie, dicha siempre en sordina, fue negada (también intramuros) por los involucrados, pero, llamativamente, tampoco hicieron grandes esfuerzos por dinamitarla. Es un hecho de que, hasta hace un año atrás, los mentideros sostenían que el presidente no veía con preocupación un nuevo ciclo schiarettista y que las elecciones en Córdoba no le preocupaban en demasía. Sin embargo, la implosión de la crisis financiera cambió las perspectivas. Obligado ahora a ponerse en “modo supervivencia”, Macri habría preferido dar el batacazo con un candidato propio a despecho del destino de su amigo peronista. No hace falta decir que su presente debilidad política le impone ganar en cualquier lado en que se le presente la ocasión.
Pero esto está a punto de quedar en meros deseos. Todo indica que los restos de Cambiemos quedarán lejos de poder librar una cerrada batalla en contra Schiaretti, y que tanto Negri como Ramón Mestre serán incapaces de tributar al presidente otra provincia ganada para la causa. El tercer hombre se ha transformado, y en esto no se equivoca el diputado, objetivamente en un opositor, al menos hasta el 12 de mayo.
Para colmo, del lado del intendente las cosas no pintan mejores. Aunque sufrió un destrato indebido por parte de los operadores de la coalición, Mestre se cuidó bastante de no instilar abiertamente su enojo ante la opinión pública. Pero esto no significa que vaya a exagerar su nominal condición de aliado. Por el contrario, su campaña electoral parece orientada a despegarse todo lo posible de las limitaciones del escenario nacional y lejos de proclamarse macrista.
“En tiempos difíciles hicimos un montón”, reza el eslogan de la municipalidad que él conduce. Dicho sea en criollo, que supo ingeniárselas para gestionar en medio de la crisis, que no es otra que la debacle de la economía argentina.El sintagma opuestopostularía que “en tiempos difíciles, Macri perdió un montón”, pero que, gracias a su exclusiva pericia,Mestre no corrió esta suerte. Es la inversión del principio jerárquico.
Esta hipérbole es un síntoma del síndrome de lejanía que padece el intendente respecto de la Casa Rosada. Es candidato a pesar de ella y no dirá nada en campaña que autorice a catalogarlo como una suerte de delfín presidencial. Sea cual fuere el papel que termine protagonizando en las elecciones, se tratará deuna epopeya de cuño propio, la antesala simbólica a un proyecto personal de largo plazo, independizado de la tutela cambiemita.
No deja de ser irónico que, detrás de los lamentos de Negri, el oportunista pase de Schiaretti a la oposición (real o supuesto) y la distancia impuesta por Mestre, el presidente no tenga en Córdoba un referente unívoco con el que identificarse durante la campaña provincial. Setenta balcones y ni una flor: de tener tres candidatos, ahora Macri no tiene ninguno, mucho menos uno que lo defienda. Debe ser triste quedarse huérfano en el distrito que lo llevó al poder y al que supo halagarlo como el motor del cambio en la Argentina.



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