Bonafini: show constante para eludir a la Justicia

La titular de Madres de Plaza de Mayo debe sendas explicaciones, pero se considera al margen de las generales de la ley.



Sobre Hebe de Bonafini pesa un procesamiento firme en el marco de la causa “Sueños Compartidos”, por la presunta comisión del delito de administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública.
La dirigente, una mimada del kirchnerismo que manejó fondos millonarios para la construcción de viviendas sociales, le debe sendas explicaciones a la Justicia, pero no acusa recibo y sigue montando shows mediáticos para desviar la atención.
Esta semana protagonizó un nuevo escándalo cuando un funcionario judicial trató de inventariar los bienes de la Fundación Madres de Plaza de Mayo.
A mediados de 2017, el juez en lo Comercial Número 13 Fernando Perillo declaró la quiebra de la entidad, a pedido de un ex empleado que no fue indemnizado tras obtener un fallo favorable en el fuero laboral.
Otras personas están en la misma situación y se intenta dar con activos para saldar sus créditos.
Sin embargo, escoltada por manifestantes, De Bonafini logró frustrar el ingreso del abogado de la sindicatura a la denominada “Casa de las Madres” y se despachó con uno de sus discursos disparatados.
Sostuvo que la medida que se le encomendó al letrado, quien debió retirase con custodia, se enmarca en un intento de apropiación del archivo histórico de la entidad.
Apañada y justificada por sus devotos, la líder de Madres de Plaza de Mayo obra convencida de que las generales de la ley no rigen para ella.
Cabe recordar que en agosto de 2016, tras resistirse a acudir a Comodoro Py para declarar ante el juez Marcelo Martínez de Giorgi por su incriminación en “Sueños Compartidos”, logró que el magistrado se trasladara a la sede de la asociación.
Aunque la indagatoria es un medio de defensa y el imputado puede cumplir el acto válidamente hablando o negándose a hablar, muchos sectores se escandalizaron por la citación, interpretando que se trató de un acto de persecución.
De Bonafini no dejó pasar la oportunidad y orquestó un verdadero circo.
Tras recibir al instructor -que había ordenado la captura de la mujer luego de su primer incumplimiento, pero cedió- cuestionó a los jueces federales.
Dejó a salvo a Daniel Rafecas y a Eugenio Zaffaroni, hombres “probos y honestos”, según sus palabras, y reconoció que si ellos fueran los magistrados del caso no hubiera quedado involucrada.
Pese a los berrinches, la hipótesis de la pesquisa en curso es que Bonafini conocía los desmanejos financieros que realizaban los apoderados de la fundación, a quienes nombró.
Señalada como partícipe necesaria del ilícito, se sospecha aprobó balances irregulares, a sabiendas, y que autorizó indebidamente la tercerización de los servicios que habían sido contratados directamente a la fundación a la empresa Meldorek SA, entre otras firmas.
En concreto, se investiga la maniobra delictiva a través de la cual diversos sujetos, valiéndose de la asociación que comanda De Bonafini, en connivencia con funcionarios públicos -entre ellos, Julio De Vido, procesado en calidad de autor- gestionaron y obtuvieron ilegítimamente fondos de la Secretaría de Obras Públicas para la construcción de viviendas sociales, parte de los cuales fueron desviados de su destino específico.
Se trata de más de doscientos millones de pesos que habrían sido transferidos por Obras Públicas, dependiente del entonces Ministerio de Planificación, a jurisdicciones locales y luego canalizados a las cuentas bancarias de la entidad.
En febrero, la dirigente sumó una nueva causa, por instigación a cometer delitos.
El presidente de la Sociedad Rural de Jesús María, Luis Magliano, la denunció en los tribunales federales de Córdoba por exhortar a la ciudadanía a quemar campos productivos.
El episodio se dio el 9 de enero, cuando durante su habitual discurso en Plaza de Mayo aseguró: “Si tenemos coraje, hay que quemarles los campos. Cuando estén por sacar la soja, que se la quemen, que no puedan recoger nada, que recojan cenizas. Vamos a ver, cuando quememos unos cuantos campos, si van a seguir tirando glifosato”.
Poco antes, en otro lapsus energúmeno, criticó el plan para que las fuerzas federales dispongan de pistolas taser y propuso que las probaran con los hijos de Mauricio Macri y de María Eugenia Vidal.



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