Las promesas viajan en Ferrourbano

Esa vieja promesa de un moderno sistema de transporte multimodal volvió a ser una propuesta de campaña, invocada por dos candidatos.

Por Javier Boher
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Un nuevo jugador se ha colado en la campaña, el sorprendente y reciclado Ferrourbano, mítico ser que suele ser visto ocasionalmente en años impares que ponen en juego la intendencia. Tanto Luis Juez como Martín Llaryora han decidido ponerle algunas fichas a un proyecto que nunca terminó de concretarse.
El exintendente capitalino hizo la punta, subiendo a sus redes sociales un video prometiendo mejorar el sistema de transporte de la ciudad, con una referencia explícita al tantas veces postergado ferrourbano. El domingo primereó al lanzar su propuesta.
Ayer llegó el turno de la propuesta de Martín Llaryora, que aprovechó el envión anímico de la gran jornada que el peronismo tuvo el domingo de elecciones, para presentar su propia versión del proyecto con el que sueñan los cordobeses que viven lejos del centro de la ciudad. Promete ser el que complete un viejo anhelo de infraestructura, así como Schiaretti lo está haciendo con la Circunvalación.
El proyecto no es nuevo: lleva casi 70 años desde su primera mención y 50 desde el primer proyecto. Mestre padre le hizo mucha prensa, pero naufragó ante la actitud de Martí, que prefirió lanzar los diferenciales. El declive de los ferrocarriles en los años de la privatización hizo que muchos crecieran sin saber qué es un tren, sepultando los sueños del primer intendente del regreso de la democracia.
El caos de transporte en la ciudad se agudizó, con un parque automotor en crecimiento, colectivos que no brindan un buen servicio y motos que pasaron a tener un rol protagónico en las calles. Kammerath intentó reformar el sistema de colectivos y sólo logró cambiar números por letras y que se los pinte con colores chillones.
La experiencia de Juez al frente del gobierno sumó al caos del transporte, la administración de una empresa que había sido estatizada por su antecesor. El sistema seguía sin dar respuestas a las necesidades de los usuarios, que ya no recordaban el ferrourbano y habían visto desaparecer las líneas de diferenciales. Adicionalmente, si alguien creyó alguna vez proyecto alguno de Juez, es porque no conoció un ápice de su gestión anterior, entre 2003 y 2007. Mucho más conociendo la escala del emprendimiento.
2009 fue el año en el que volvió a sonar con fuerzas la idea de un sistema multimodal que vincule las zonas del Gran Córdoba con el área central, mejorando la conectividad de los cordobeses de la periferia. La buena sintonía entre Daniel Giacomino -autoproclamado “soldado” de Cristina Kirchner- y Ricardo Jaime -exsecretario de transporte de Néstor y Cristina Kirchner- hizo reflotar el proyecto.
Tras una obra plagada de polémicas e irregularidades, en junio de 2009 el tren volvió a circular entre las estaciones de Rodríguez del Busto y de Alta Córdoba, pero sólo hasta que la imprevisión y los apuros hicieron que ocurrieran algunos accidentes que le costaron la vida a algunos vecinos.
Después de la cancelación del servicio parcial, Ramón Mestre hijo lo llegó a prometer, ante la cercanía temporal y la ilusión que el proyecto había suscitado. Nunca prosperó, según algunos por la mala relación entre los tres niveles de gobierno.
Hoy, una década después de la puesta en marcha por Ricardo Jaime -hoy preso por la tragedia de Once y responsable de las chanzas del Tren Bala o el subte- dos de los candidatos prometen algo que para los cordobeses de la periferia es un deseo de larga data: poder viajar con celeridad al centro de la ciudad, conectando sus lugares de residencia con el principal polo económico y administrativo de la provincia.
Es una picardía que no exista desde hace décadas. Mi casa está a sólo nueve cuadras de la estación Argüello, esa periferia a la que los funcionarios sólo se acercan en épocas electorales o cuando hay que recaudar para pagar aguinaldos. El tren de las sierras circula como un loco, errante, entre Cosquín y Rodríguez del Busto, con sólo dos vagones y en un horario que no le sirve a nadie.
Todos los días, cuando pasa a las 9.00, los chicos que van al jardín caminando por la colindante ciclovía se paran a saludar, convencidos de que eso es un medio de transporte de vanguardia tecnológica. Con la misma inocencia que esos chicos, muchos adultos hoy eligen creer en las imponentes promesas del Ferrourbano sin reparar en su larga historia de decepciones. ¿Alcanzará esta vez con creer que ahora sí se hará realidad? Que esté Juan Schiaretti detrás del emprendimiento –un emprendedor si los hay- podría generar el crédito que la historia de los intentos fallidos le niega.



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