La oscuridad del sol

La primera fotografía que se ha podido tomar de un agujero negro, fue noticia destacada en los medios y en las redes sociales, como un descubrimiento que echa algo de luz sobre uno de los grandes misterios del universo. Y confirma los vínculos estrechos que existen entre la ciencia y el arte.

Por J.C. Maraddón
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En 1969, una escultura del artista estadounidense-japonés Isamu Noguchi fue emplazada en el Volunteer Park de la ciudad de Seattle, en el estado de Washington. Bajo el título de “Black sun” (sol negro), la pieza consiste en una estructura circular de granito brasileño, de casi 3 metros de altura, que posee un agujero en el centro y se apoya sobre una base de hormigón. Se trata de una escultura que expresa el concepto de arte abstracto dentro del que se destacó Noguchi, quien fue una figura que atravesó de punta a punta el siglo veinte y emprendió la elaboración de obras situadas al aire libre.
Amante ocasional de Frida Kahlo, el escultor vivió en un constante vaivén entre la vitalidad creativa que le imponía el mercado del arte de Estados Unidos y la tradición cultural japonesa, algo que se manifiesta en sus creaciones, donde intenta armonizar los espacios abiertos con monumentales esculturas como “Black sun”. Plazas y parques de París, Nueva York y Los Angeles fueron intervenidos por sus trabajos, cuyas formas características ofrecen una identidad que es la marca en el orillo de este artista que extrajo lo mejor de sus dos nacionalidades al momento de potenciar su capacidad de expresión.
Durante mucho tiempo, se aseguraba que era el sol negro de Noguchi el que inspiró la canción “Black Hole Sun” del grupo Soundgarden, una de las que cimentó la popularidad de la banda que tenía a su frente al malogrado Chris Cornell. Oriundos de la ciudad de Seattle, estos músicos habían bautizado a su proyecto basándose en otra obra de arte público, titulada “A Sound Garden”, que habita los jardines de la sede de la National Oceanic and Atmospheric Administration. Por eso, se extrajo la conclusión de que también se habían fijado en un conjunto escultórico para denominar su mayor hit.
El propio Chris Cornell, fallecido en 2017, desmintió esta leyenda en una entrevista que le realizaron tres años antes de morir, donde daba una explicación bastante menos pomposa de cuál había sido la motivación para componer un tema que hablara de los agujeros negros. Según su versión, iba manejando su auto con la radio encendida, cuando escuchó a un locutor que leía una información donde mencionaba un agujero negro y el sol, la conjunción que luego dispararía una letra oscura y atormentada. Cornell señalaba que lo había seducido la contradicción entre el brillo solar y las tinieblas de la antimateria. Y con esos elementos construyó un himno del grunge.
Por estos días, la primera fotografía que se ha podido tomar de un agujero negro fue noticia destacada en los medios y en las redes sociales, como un descubrimiento científico que echa algo de luz sobre uno de los grandes misterios del universo. En ese contexto, los fanáticos de Soundgarden han iniciado una campaña para juntar firmas que avalen el pedido de que se le imponga el nombre de Chris Cornell a este “black hole sun” que admitió ser fotografiado, aunque los científicos responsables de la proeza prefirieron ponerle “Powehi”.
Si de homenajes se trata, también podrían solicitar lo suyo los admiradores de la estética de Isamu Noguchi, aquel escultor que dejó su impronta en un parque de Seattle, más allá de que Cornell lo tomara o no como estímulo para escribir los versos más recordados de su canción. Con sólo observar una fotografía del “Black sun” de Noguchi, basta para encontrar un parecido notorio con el agujero negro real, cuya imagen ha sorprendido al mundo entero. La ciencia y el arte, otra vez, han demostrado tener muchos más puntos en común de los que estamos dispuestos a admitir.



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