Medidas para el consumo que surgen de un acuerdo de convivencia

Macri hará los anuncios el miércoles; el paquete incluye herramientas ya conocidas. El objetivo es llegar a las elecciones con el consumo cotidiano mejor. Los economistas dudan de que el Gobierno cumpla este año con el déficit cero pautado con el FMI; la caída de ingresos juega un rol clave. La renegociación del acuerdo parece inevitable, no importa quién gane las elecciones.



Por Gabriela Origlia

El miércoles, un día después de que el Indec difunda la inflación de marzo, el presidente Mauricio Macri anunciará un paquete de medidas paliativo para los efectos de la suba de precios. El mix es una suerte de acuerdo de convivencia de los socios de la alianza gobernante.
¿Las claves? Precios cuidados que no usarán el término congelamiento; un “capítulo” sobre tarifas sobre el que todavía no hay trascendidos; más controles de Defensa de la Competencia y promociones para jubilados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo.
El objetivo es obvio: llegar a las elecciones con una reactivación del consumo. Son opciones pensadas para salir del paso y buscar la reelección. En las últimas semanas –coinciden todos los analistas políticos del país- Cambiemos admitió puertas adentro que puede perder la votación.
Ya hay un programa de Precios Cuidados que incluye 550 ítems que vence el 6 de mayo y que registra faltantes. La explicación es obvia: si los costos suben (tarifas, impuestos, tasa de interés) y los números no cierran los fabricantes no entregan. Sin resolver ese espiral de fondo no hay muchos fundamentos para expectativas más optimistas.
Las otras iniciativas son también viejas conocidas de los argentinos porque hay algunas que se barajan que este mismo Gobierno decidió suspender, como por ejemplo la devolución de una parte del IVA por consumo con tarjeta de débito.
En el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) –que, además, hace una semana reclamó mejorar ingresos y ajustar más el gasto- el Gobierno no tiene márgenes para políticas “activas” (traducido: usar plata del Estado en subsidiar tasas por ejemplo) y ese es uno de los puntos que llevó al ministro de la Producción, Dante Sica, a renunciar.
A comienzos de año algunos de sus colegas le recriminaron la falta de resultados de su gestión; su respuesta es que sin herramientas no puede hacer más que escuchar los reclamos de los distintos sectores. El otro aspecto de las diferencias hace eje en cómo controlar la inflación; Sica y Nicolás Dujovne no comparten la mirada. El titular de Hacienda quiere priorizar el costado fiscal, cumplir con el Fondo. En esa pelea, el presidente Mauricio Macri se inclinó por Dujovne.
La inflación de marzo, estiman en el Gobierno, rondará el cuatro por ciento; también la de mayo sería alta. En su adelanto del acuerdo con la UCR, Marcos Peña advirtió que las medidas buscarán una reactivación “lo más rápido posible” pero “en el marco de las reglas vigentes y de las mejores prácticas mundiales”.
Hay consultoras económicas privadas que ya desconfían de que la Argentina cumpla con el déficit fiscal cero acordado para este año. Por el impacto de la recesión en la recaudación, algunos especialistas proyectan un rojo de entre uno por ciento y 1,5 por ciento. Además, cada vez hay más consenso de que gane quien gane la elección (incluso con una reelección de Macri), la renegociación con el FMI es un hecho.
La “tranquilidad” del dólar en la última semana no es interpretada por ningún economista considerado “serio” como una señal que se puede extender en el tiempo. La mayoría entiende que se mantendrá por un período y que será clave julio, cuando se oficialicen los candidatos. Claro que la presencia de Cristina Fernández de Kirchner tendría un rol crucial en la tendencia cambiaria. Hoy por hoy todos los diferentes escenarios políticos le son adversos a Macri.
Precios con córset y préstamos a beneficiarios de la seguridad social seguramente servirán para que el consumo cotidiano se recupere algo (no habrá impacto en bienes durables que requieren de créditos, por ejemplo, y de certidumbre de evolución de la inflación). Por delante queda definir las reformas que se requieren para crecer. Si el 2019 no es un “camino de rosas” tampoco lo será el 2020. Mejor saberlo con anticipación.



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