Inesperado desempeño del PJ en una jornada radical

Lo ocurrido en el tercio de las poblaciones cordobesas que acaban de votarse encuentra, a grandes rasgos, en línea con estas tendencias globales, pero el avance del peronismo no puede ser soslayado.

Por Pablo Esteban Dávila

La fractura de Cambiemos para la gobernación radia hacia el interior provincial.

Si el análisis se ciñe a las estadísticas, podría señalarse que los oficialismos que ayer fueron a las urnas en más de 120 localidades del interior se salieron con la suya. Al menos el 76% retuvo el poder. Pero esta no es una lectura del todo correcta. La notica oculta es que el peronismo se hizo, inesperadamente,de 29 localidades que antes no gobernaba.
Algunas son importantes. Por ejemplo, Capilla del Monte. Allí se postulaba Gabriela Negri, hermana del candidato a gobernador Mario Negri que, finalmente, salió derrotada. Otro tanto sucedió con Valle Hermoso, una población que, por su estructura sociodemográfica es cercana a Cambiemos. Balnearia, una importante localidad del norte del departamento San Justo, también cambió de bando, al igual que Inriville, situada en el corazón de la pampa sojera. Particularmente dolorosa debe de haber sido, para la diputada Soledad Carrizo, constatar que Quilino, su patria chica, cambiaba de bando. Rio Primero también cayó en la volteada. Los caciques de Hacemos Córdoba deben de haber festejado hasta tarde.
¿Salió el tiro por la culata? Depende como se mire. Obviamente que, para los que perdieron, así fue, pero, para los que ganaron, las cosas siguen tal como estaban. Sin embargo, en un análisis macro y dejando de lado las pasiones comarcales, los resultados tienen gusto a poco para la conducción radical, tanto para la formal (Ramón Mestre) como para la orientada a Mauricio Macri (Negri).
No es ningún secreto de que la gran mayoría de las poblaciones que decidieron votar anticipadamente estaban gobernadas por el radicalismo o, las menos, por el PRO. Sólo un puñado tenían signo justicialista. Sus intendentes quisieron aventar el efecto arrastre que un eventual triunfo de Juan Schiaretti hubiera aparejado en sus territorios. Como casi todos ellos descontaban la reelección del gobernador, decidieron no correr riesgos y desdoblar sus elecciones locales.
No fue, precisamente, una muestra de solidaridad política con sus referentes provinciales, pero la supervivencia es todo en política. Cuando se olfatea que las cosas no andarán bien en los niveles generales el instinto manda a privilegiar lo que se tiene, a la usanza de una unión vecinal. La ley lo permite y, después de todo, tampoco es una conducta del desagrado de los presuntos damnificados: en medio de una campaña, las noticias de triunfos partidarios, aunque difícilmente homologables, contribuyen a retemplar la moral y lanzar vaticinios alentadores.
El hecho de que los oficialismos tengan la virtualidad de permanecer en el poder podría generar cierto escozor en los inadvertidos. Para la ética de lo políticamente correcto, es frecuente lamentarse de los que ya están en el gobierno tienen más chances que los opositores para quedarse en donde están. También desde esta lógica, se trataría de uno de los tantos desvíos en la vida institucional de la Argentina.
Sin embargo, esto no es así. El fenómeno se verifica en gran parte de las democracias maduras alrededor del mundo, excepto en las que tienen un alto nivel de fragmentación o en aquellas que, en virtud de sus regímenes parlamentarios, el Poder Ejecutivo es significativamente más débil que en sus congéneres presidencialistas. No es un hecho para lamentarse. Forma parte de la física política. Por el contrario, cuando ocurren mudanzas generalizadas en los colores del gobierno es sinónimo de que algo no anda bien. Basta recordar los aciagos días del “que se vayan todos” o, en la vieja Europa, la irrupción de Podemos en España, una fuerza antisistema que, al final, tuvo más de Nicolás Maduro que de León Blum.
Lo ocurrido en el tercio de las poblaciones cordobesas que acaban de votarse encuentra, a grandes rasgos, en línea con estas tendencias globales, pero el avance del peronismo no puede ser soslayado. Será difícil para Mestre o para Negri afirmar que estos resultados son alguna clase de antesala del cambio o cosa por el estilo; antes bien, podrían hasta incluso sugerir lo contrario.
Subyace, asimismo, otra lectura: que en la provincia adoptiva del presidente no hay tal cosa como un vaso comunicante entre la Casa Rosada y los humores de los electores en cuestiones locales, ni siquiera cuando están en juego distritos administrados por sus aliados. Los cordobeses resultan absolutamente independientes cuando de definir el futuro de sus localidades se trata, sin importar cuantas apelaciones se realicen a Macri o cuanto se ponderen los esfuerzos de su gobierno. Si esto se trata de madurez cívica o de simple desencanto es parte de la especulación periodística; lo cierto es que la ola amarilla encuentra límites precisos en las riberas del autonomismo municipal, en cuyas costas parece despeñarse con harta frecuencia.
A ojos vista, las conclusiones de este “superdomingo”electoral son ambiguas y, por lo tanto, decepcionantes para quienes intentan desafiar la supremacía provincial del PJ. Es cierto que los oficialismos radicales triunfaron en una significativa mayoría estadística, pero también lo es que los candidatos de Hacemos Córdoba lograron hitos importantes, bien lejos de cualquier señal de retirada. Si estas elecciones fueron la antesala de algo, no es aventurado afirmar que prefiguran un escenario de comodidad para el Centro Cívico, como si nada hubiera cambiado en todos estos años y completamente inmunes a las profecías de un cambio de ciclo.
El análisis desde la Nación debe de haber resultado igual de confuso. Se descontaban triunfos holgados dondequiera se votase, con el consiguiente espaldarazo para Negri (para el centralismo de Marcos Peña debe resultar difícil adivinar cuál radical apoya a qué correligionario para la gobernación). Sin embargo, nuevamente, la sensación de escasez debe de estar primando entre los estrategas presidenciales, asaz cualquier declaración celebratoria que pudieran formular para la ocasión.
Es claro que, para Cambiemos, continúa la penuria en lo que a buenas noticias respecta. A los magros resultados obtenidos en Neuquén y Río Negro deben sumarse las módicas cifras municipales logradas en Córdoba y la decepcionante performance de Atilio Benedetti, su candidato en las PASO entrerrianas. La cuesta presidencial sigue antojándose difícil y llena de inconvenientes. El “Gato” Romero puede que ayer haya caído parado, pero esta es una habilidad que el presidente -aunque goce del mismo apodo, aunque con otro sentido- parece no haber desarrollado todavía.



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