Martínez recusó, De Guernica se apartó (el resto fue show)

Ernesto Martínez, apoderado del Frente Cívico, recusó ayer a la jueza Cecilia María de Guernica, a la que había “acusado” de aportar a campañas anteriores del PJ.

El Frente Cívico pidió ayer el apartamiento de la jueza Cecilia María de Guernica de la causa en la que se debe resolver si el candidato del PJ a la Intendencia, Martín Llaryora, se encuentra o no habilitado para competir en las elecciones del 12-M. Horas más tarde, la magistrada decidió apartarse para facilitar la transparencia del proceso. Pudo haberse opuesto al pedido de Martínez, y en ese caso una instancia superior habría tenido que decidir sobre su imparcialidad –o ausencia de ella- para resolver, pero no fue necesario. En el curso de un mismo día el asunto quedó zanjado. Todo el peregrinar del juecismo por diferentes medios de Córdoba para explicar y repasar su “indignación” ante la situación de De Guernica, que en el pasado había hecho aportes de campaña a Unión por Córdoba, fueron meros fuegos artificiales de campaña. Una nueva reedición de la ya gastada y desdibujada épica del Frente Cívico, según la cual Luis Juez y su escudería son nobles caballeros que deben hacer frente a un sistema judicial adicto al peronismo provincial. Todo esto, desde luego, ante la complacencia de muchos.
Pero, como siempre, la “épica” del juecismo no se vio verificada en la realidad. No se puso en movimiento una red de contactos e influencias para sostener a la magistrada dentro del tribunal que debe fallar sobre la aptitud de Llaryora para competir por el Palacio 6 de Julio ni nada parecido. De hecho –y aunque tenía posibilidad de hacerlo- la jueza ni siquiera se resistió a abandonar la causa. Ante el primer pedido formal, De Guernica se apartó y otro magistrado elegido al azar se ocupará de entender en el expediente en cuestión. ¿A que vino entonces todo lo que precedió a la presentación legal del Frente Cívico? En realidad, a nada. A la construcción del relato juecista de la “víctima” atropellada por el poderoso. Se trato de la complicidad de buena parte del sistema mediático –en el sentido más amplio del término, sin presumir una intencionalidad dolosa, aunque sí una “flagrante inocencia”- para permitir que el Frente Cívico acapare la atención durante la campaña trayendo a colación temas que en nada tienen que ver con las propuestas reales o –mejor aún- con una revisión acerca de la gestión de Juez al frente del Palacio Municipal entre 2003 y 2007. Aquellos años de “vacas gordas” en los que el cacique del Frente Cívico exhibía muy buenas relaciones con el kirchnerismo, y que pasaron (casi) sin dejar en la ciudad obra pública alguna.
De hecho, durante esta “epopeya” del Frente Cívico denunciando una supuesta falta de imparcialidad en la Cámara Contencioso Administrativa, no faltaron algunos clarividentes del sentido común prestos a respaldar la versión juecista, que condenaron –por ejemplo- el hecho de que De Guernica no se apartara de motu proprio de la causa incluso antes de que el Frente Cívico pidiera formalmente su apartamiento (recusación). ¿Y por qué debía hacerlo? Con un juicio similar, ningún magistrado que hubiera sufrido en el pasado un robo podría juzgar a un ladrón, porque rápidamente tomaría partido por la víctima. Ni hablar de delitos que impliquen una mayor violencia. Pero esto no es así, porque los jueces –debemos suponer, si dejamos la justicia en manos del Poder Judicial- pueden actuar con alguna reserva de objetividad. Esto no implica -en absolutocoartar el derecho de las partes de pedir el apartamiento de un juez cuando tengan razones para dudar de su imparcialidad, pero si implica que no puede darse por cierto que un magistrado tiene el deber de apartarse de la causa porque una de las partes presume –antes impugnar su participación- que no fallará imparcialmente.



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