Llaryora se despegó del proyecto delasotista del casino en Córdoba 

Haría faltar cambiar leyes provinciales y ordenanzas capitalinas para habilitar un casino con tragamonedas en la ciudad.

Si se convierte en el primer intendente peronista de la ciudad de Córdoba desde 1974, Martín Llaryora no le cumplirá a José Manuel de la Sota su sueño del casino en la ciudad de Córdoba. “Me parece que está bien que en la ciudad no haya casinos”, sostuvo el candidato de Hacemos por Córdoba en una entrevista con el programa Voz y Voto que se emite por Canal C. Los casinos traen consigo, además de juegos de paño, las más populares tragamonedas, que hoy son el principal atractivo en los establecimientos que funcionan fuera de la ciudad.
Con menos chances de ganar las elecciones municipales del 12 de mayo, Olga Riutort, ex esposa del fallecido ex gobernador, con quien compartió el sueño del casino capitalino, no descarta esa posibilidad. El compañero de fórmula de Riutort, Martín Llarena, le dijo a Alfil que si bien ese tema no estaba en la plataforma del espacio Fuerza de la Gente-Libres de Sur, no rechazaban de plano la instalación de un casino en la Capital.
Para permitir la radicación o construcción de casinos y máquinas tragamonedas en la ciudad de Córdoba haría falta un acuerdo entre la Provincia y el municipio y la modificación de leyes y ordenanzas, porque están prohibidos por normas provinciales y locales.
La ley de Nuevo Estado (N° 8.837) sancionada el año 2000, durante el primer gobierno de De la Sota, impide la instalación salas de casino y bingo con máquinas de juego (slots) en un radio inferior a los 20 kilómetros desde la plaza San Martín, lo que abarca todo el ejido municipal. Los 20 km desde la plaza principal es un dato clave para quienes evalúan la posibilidad de un casino capitalino.
Al principio del siglo, De la Sota y la hoy candidata Riutort formaban no sólo un matrimonio sino una sociedad política, y la ley que autorizó la incorporación de capital privado a las empresas del sector pública (Lotería de Córdoba, entre otras) tuvo la autoría ideológica de los dos.
Muchas cosas pasaron desde entonces. En julio de 2014, el Concejo Deliberante de esta ciudad aprobó una ordenanza para reformar el Código de Edificación que expresamente eliminó la posibilidad de construir casinos y salas de juego en la ciudad de Córdoba. Fue durante la gestión de Daniel Giacomino, pero la iniciativa perteneció al peronista Esteban Dómina. El bloque de Riutort, que en ese momento se llamaba Eva Duarte, fue el único que no acompañó el proyecto.
Quien se quedó en 2002 con el negocio del juego fue el Grupo Roggio, quien junto a la empresa Caruso conformaron la UTE CET (Concesionaria de Entretenimiento y Turismo). CET comenzó con 1500 tragamonedas pero en la actualidad explota más de 3.500. Tiene autorización para instalar 1500 máquinas más, según la extensión de concesión que firmó el gobernador Juan Schiaretti durante su primer gobierno. La concesión vence en 2027. Por otra parte, la empresa Roggio (cuyo dueño, Aldo Roggio, hoy imputado en causa de los cuadernos y funge como arrepentido) se quedó con la explotación de Aguas Cordobesas, entre otros negocios.
CET quedó comprometido a construir cinco hoteles-casinos en la provincia. De ellos, han construido tres en las principales ciudades del interior (Rio Cuarto, Villa María y San Francisco) y explotan un tercero en Alta Gracia (el antiguo Sierras Hotel).
El quinto hotel-casino está en deuda, y siempre se especuló con la posibilidad de que se levantara en la ciudad de Córdoba  y que en él funcionara el remanente de slots que a Roggio-Caruso le quedan por explotar. Para ello, la Legislatura debería modificar la ley provincial y el municipio tendría que autorizar la obra y la instalación de los slots.
En 2005, De la Sota quiso construir un hotel-centro de convenciones con casino en los predios del Ferrocarril Mitre, pero no lo logró. Quedó frenado por la ley vigente y en el marco de la feroz pelea que mantenía con el entonces intendente Luis Juez, hoy nuevamente candidato al Palacio 6 de Julio.
Por aquellos años, Juez denunció que el empresario del juego Cristóbal López le había ofrecido financiar su campaña a cambio de la autorización para entrar con el negocio del juego en la ciudad y denunció un pacto entre De la Sota y los Kirchner para dejar entrar el negocio de las tragamonedas en la Capital.
Un hipotético gobierno de Schiaretti en la provincia y Llaryora en la ciudad de Córdoba daría un escenario distinto al de hasta ahora. Tal vez el más parecido al de De la Sota- Germán Kammerath antes de la ruptura. Aunque durante la gestión municipal de Giacomino, quien tuvo en sus manos proyectos de CET para permitir el juego en la ciudad, hubo buena relación con la Provincia, Giacomino no dio el ok. Y además, no tenía el poder político necesario para habilitar las slots.
La afirmación de ayer de Llaryrora, en relación a que “está bien que Córdoba no tenga un casino”, va en sentido contrario al deseo siempre explícito de De la Sota. Llaryora es un dirigente con cierta vinculación con la Iglesia Católica y fue justamente el Arzobispado de Córdoba, a través de la Pastoral Social, quien en su momento movió todos sus hilos para lograr convertir a la Capital en zona libre de casinos y tragamonedas. Aquella Pastoral Social estaba integrada por el hoy candidato a gobernador-legislador provincial, Aurelio García Elorrio.
Claro que la Iglesia no está exenta de santas contradicciones. Cuando en 2011 el gobierno de Schiaretti hizo la recuperación y restauración de la Catedral, una de las empresas auspiciantes que figuraba en los carteles de la obra era la Lotería de Córdoba.