Samid nos la sirvió en bandeja

El suceso del fin de semana fue la fuga y detención de Alberto Samid. El autodenominado Rey de la Carne nos dejó el tema servido en bandeja, listo para que le clavemos el diente.

Por Javier Boher
[email protected]

¡Buen día, amigo lector! Escribo esto mientras entra por la ventana el olor a asado que está haciendo el vecino. Ese perfume de carne a la parrilla sólo me deja pensar en el triste destino de Alberto Samid. Es que los tres últimos días tuvimos noticias del Rey de la Carne, que perseguido por el despótico régimen macrista se vio obligado al exilio.
En realidad se fugó a un paraíso fiscal cuya jefa de Estado es la reina de Inglaterra por una pena que iba a ser excarcelable. Calculó peor que el contador que le llevaba los impuestos y que un día dejó de pagarlos. Tal vez es el mismo que después le manejó las cuentas a Cristóbal López, otro que está tratando de arreglar con la AFIP los números de la libreta de fiado.
En realidad la cosa es que no se fue para no ir en cana, sino para acomodar algunos papeles del mismo tipo que esos que trascendieron en Panamá hace un tiempo, como le suele pasar a tanto malhechor que anduvo pululando por los espacios de poder durante el kirchnerato.
Es que no se puede evitar pensar que si efectivamente se quería esconder, había mucha más probabilidad de éxito si se metía en alguna villa del conurbano profundo que en un paisucho centroamericano.
Es de La Matanza, bastión inexpugnable del kirchnerismo duro, un aguantadero de casi dos millones de personas que lo hubiese alojado mejor que un país centroamericano en el que no pasan grandes cosas. Hasta el gordo del mortero fue más picante para esconderse.
Eso sí, como no podía ser de otra forma el kirchnerismo salió a defender al empresario, que tiene participación política en el peronismo desde hace décadas: fue diputado, asesor del sultán de Anillaco o funcionario del monomotonauta en el Mercado Central. Salieron a bancar a un tipo con campos, frigoríficos y carnicerías, con el 98% de su personal en negro y que además es bien machista: en su casa la mujer hace hasta el asado. Es la contradicción más habitual y hermosa entre las filas de los adoradores del nestornauta, un conservadurismo de carcamanes en ropajes de progresismo adolescente.
Quizás lo que termina de marcar a fuego la pertenencia política de Samid es aquella pelea que tuvo con Mauro Viale en la que se cruzaron por el atentado a la AMIA. Muchos recuerdan aquella pelea como si hubiese sido otra batalla en el conflicto árabe-israelí. Mirando fino, sin embargo, Viale le había dado un buen consejo a Samid. Le sugirió que pague los impuestos, razón por la cual se armó todo este embrollo.

Políticos y cortes
Mientras siento el aroma penetrante de la grasa que cae sobre las brasas en la casa de al lado y reflexiono sobre el destino que le espera al Rey de la Carne, sólo puedo pensar en qué cortes pueden identificar a algunos políticos.
En estos tiempos en los que sólo nos dejan ser políticamente correctos, nadie nos deja decir cuáles serían las esposas osobuco (así conocidas por ser las que se eligen para el puchero). Acá conviene guardarse los nombres, porque sino después vamos a terminar comiéndonos un garrón (y porque además usted sabe de quiénes estamos hablando).
Si nos guiamos por la etimología del matambre, tanto la Aforada de Recoleta como Gatricio se pelean por ver quién es el más “mata hambre”. Con 30% de pobreza en los dos gobiernos ninguno puede reclamar ese título, que en la Argentina post dictadura sigue vacante.
Le digo más, si alguno de los dos es matambre seguro que es porque a todos le pasó lo de siempre: compraron pensando que era un manjar y terminaron con la mandíbula acalambrada de tanto masticar algo que parece un cuero gomoso. Típica decepción de domingo.
En ese contexto hay varios que se están subiendo el precio, como pasa con la entraña o la marucha. Hasta hace un tiempo eran descarte, y ahora resulta que son los más codiciados. En ese grupo tenemos a los radicales, que se están volviendo indispensables en la Mesa Nacional de Cambiemos.
Ahora, en lo de subirse el precio los mejores siguen siendo los que se creen molleja pero son bofe. Esos son los muchachos de izquierda, que se sienten los únicos que valen la pena pero que si los ponés en el menú no se los come nadie.
Acá en Argentina pensamos en carne para el asado, y no hay un buen asado sin hueso. Y si se necesita un corte con hueso, si o si hablamos de costilla. Esos son los que cortan la torta, los que son picantes en serio. Ahí ponemos a los que dan vueltas hace 20 o 30 años y ya son indiscutibles. Acá pueden ir los Rodríguez Saá, los Duhalde.
Se sabe que por debajo de los políticos-costilla están los políticos-falda, porque aunque son parecidos (e incluso son más sabrosos) no dejan duda de que son pura grasa. Acá pienso en Luis Barrionuevo, que con sus patillas blancas y sus camisas ajustadas rinde culto a la más pura estética sindical justicialista.
Por último tengo que cerrar con los agregados que no vienen en la vaca pero que se necesitan en cualquier parrilla. El primero es el chiste fácil, en el que el piquetero yihadista Luis D’Elía sería una morcilla, por su habitual defensa de la negritud.
Déjeme decirle que terminé con un problema, amigo lector. Le tengo que confesar que la del chorizo se me complicó bastante: lamentablemente en la política argentina hay demasiados a los que se les podría poner esa etiqueta.