Cantando por los votos

La música ya se empezó a colar en la campaña, con un trap pegadizo por el lado de la campaña de Schiaretti y una reversión de un tema de Ulises Bueno cantada por Rodrigo De Loredo.

Por Javier Boher
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Qué linda que es la música, que nos pone en contacto con la emoción y el sentimiento de lo que no puede ponerse en palabras. Parte esencial de la vida, aún siendo incapaces de comprender los detalles de la composición todos necesitamos ponerle una banda de sonido a nuestra cotidianidad.

No es raro que los políticos recurran a temas conocidos para presentarse, trasformando las letras en jingles que se valen del vehículo de una melodía conocida y pegadiza para transmitir su deseo de ganar las elecciones.

Un repaso por los últimos 20 años nos trae a la memoria a “La Pepa” Brizuela cantando en la campaña de Negri en 1999, con su remate “ahora la gente, vamos la Alianza con Mario Intendente”. O a “La Mona” Jiménez en los spots de un De La Sota que en 2002 trataba de posicionarse como candidato a presidente.



A nivel nacional se puede recordar aquel spot que decía “ese cambio no, no, no” con el que los publicistas de Scioli trataban de imitar el tipo de música de coro religioso que estaba de moda por la ficción del momento, “Esperanza Mía”. Si nos vamos más atrás, el “Que vuelva Carlos” que usó Menem en 2003 fue un hitazo que se transmitió a las urnas, aunque eso no le alcanzó para volver al poder.

Hoy la música se volvió a colar en la campaña. El “Trap de Juan” suena como contexto a la campaña de Schiaretti, poniendo en un lenguaje juvenil la tracalada de obras con la que confían retener la gobernación. Aunque la base sea la misma que usa la comunicación del gobierno de Mestre, es un genérico habitual en ese tipo de música.

El inicio de tan excelsa pieza musical deja en claro a quién se dirige el esfuerzo lírico: “yo sé que de política no querés escuchar, pero aunque no te guste igual vas a ir a votar”. Aunque el sonido diga millennials, la letra dice que va al común de los ciudadanos.

Esto puede sonar novedoso, pero a estos nuevos ritmos urbanos los impulsó la campaña del kirchnerismo cuando allá por el 2013 decía en un rap que “Carolina hace bien, sabe, hace y dialoga”. No se puede despreciar el logro, porque entonces lograron obtener dos bancas a diputados, una gran performance para un espacio político que nunca pudo hacer pie en Córdoba.

El trap con el que el peronismo intenta aggiornarse es una reconversión necesaria para hacer frente al desgaste de dos décadas en el poder. Pese a que está bien logrado desde lo técnico le falta lo que tenía aquel “Apareciste tú” con el que José Manuel De la Sota trataba de cautivar al grupo de señoras de más de 50 que disfrutaba de sus boleros.

En ese lugar del político-cantante hoy se ubicó Rodrigo De Loredo, que aunque lo haga hacia una franja etaria diferente a la que se dirigió el ex gobernador también apela a los gustos de sus contemporáneos, reversionando “Ahora mírame” de Ulises Bueno para hacer llegar su mensaje a los votantes jóvenes.

Aunque de factura técnica menos pulida que la versión de Schiaretti (porque en el video hay varias transiciones de imagen que denotan la cantidad de tomas que se necesitaron), es una pieza destinada específicamente a la viralización, con un cantante improvisado que no pretende pasar por hábil sino por sincero. Duranbarbismo emocional de primera mano, desgañitándose como lo hace el intérprete de la versión original.

La música cumple un papel central en cualquier campaña, porque logra resumir gran parte del esfuerzo electoral. Es efectivo porque condensa un mensaje, una idea. Se acerca al votante en un lenguaje que entiende y comparte. Si está bien logrado se incorpora fácilmente al entorno, sin estorbar ni interrumpir las tareas habituales.

Estos intentos de alcanzar a los jóvenes son una clara muestra del papel cada vez más importante que éstos juegan en la política, representando el grueso de los votos que se van a emitir. Aunque los expertos puedan emitir juicio sobre la calidad técnica o vocal de uno y otro tema, al veredicto final lo van a tener las urnas, casi como si se tratara de uno de esos concursos televisivos en los que se define el ganador por la cantidad de llamados respaldando una actuación.