El tiempo es hoy

En 1933, durante su residencia europea, la escritora peruana Rosa Arciniega publicó “Mosko-Strom”, una novela distópica en la que describe un mundo dominado por el consumo, la tecnología, la urgencia y la estupidez. Un panorama que se aproxima bastante al de la actualidad.

Por J.C. Maraddón
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No mucho tiempo atrás, Europa redescubrió y admiró a un grupo musical peruano de comienzos de los años sesenta, que sin saberlo se había adelantado a su tiempo. Y lo había hecho en un lugar muy alejado de los principales centros de difusión del rock, desde donde se suponía que debía provenir cualquier innovación importante para el género. Durante largo tiempo, se mantuvo el prejuicio de que todo lo que ocurriera en los suburbios planetarios estaba condenado a ser un mero eco de lo que pasaba en las grandes metrópolis, y de ninguna manera podía pretender que se lo tuviera en cuenta entre las vanguardias.
Sin embargo, las particularidades que presentaban algunas capitales latinoamericanas en aquella época las volvía particularmente interesantes para la experimentación rockera, sobre todo cuando la furia de ese estilo anglosajón se mezclaba con los colores locales. Desde Uruguay, por ejemplo, sorprendió la frescura de Los Shakers, cuyo sonido estaba al nivel de los mejores exponentes del beat británico. Y en Argentina surgió un movimiento que, a pesar de ser tildado de extranjerizante en los círculos tradicionalistas, aplicaba a los sones del rocanrol la cadencia de sentires autóctonos como los del folklore y el tango, de la misma manera que en Brasil fue recuperada la bossa nova.
Y aunque todas estas buenas intenciones ganaron reconocimiento con el correr de los años, el aporte de la banda limeña Los Saicos no fue rescatado sino hasta 1999, cuando un sello español incluyó sus grabaciones en un catálogo donde se ensayaba un revival del proto punk que se llegó a escuchar en Perú a mediados de la década del sesenta, diez años antes de que la punkitud estallara en Londres. Este trabajo, que bordea lo arqueológico, sacó del olvido a una formación cuya breve discografía, a partir de allí, se transofrmó en objeto de culto.
Desde ese momento, así como durante casi 40 años habían sido ignorados, Los Saicos pasaron a constituir un corpus de análisis para la musicología. Muchas revistas especializadas fueron a buscar a sus integrantes al distrito de Lince, en la ciudad de Lima, de la que eran oriundos, para entrevistas que hicieran justicia a su proeza de haber anticipado desde el Tercer Mundo lo que después sucedería en el Primero. Si hasta se promovió una reunión de la banda en 2010, que no pudo contar con la participación del guitarrista Rolando Carpio, quien había fallecido cinco años antes.
Pues bien, este fenómeno de Los Saicos comienza a repetirse ahora en la literatura, con el redescubrimiento de una escritora peruana, que vivió en España en los años previos a la Guerra Civil y que murió a los 90 años en Argentina, donde se desempeñaba como agregada cultural en la Embajada de Perú. En 1933, durante su residencia europea, Rosa Arciniega publicó “Mosko-Strom”, una novela distópica en la que se describe un mundo dominado por el consumo, la tecnología, la urgencia y la estupoidez. Es decir, un panorama que se aproxima bastante al que nos agobia en la actualidad.
Apenas un año después de que apareciera “Un mundo feliz” de Aldous Huxley (texto al que, se supone, aún no había accedido Arciniega cuando escribió el suyo), la historia que surgió de la imaginación de la autora latinoamericana es venerada por estos días, a partir de una reedición de “Mosko-Strom” que instala a esa novela en la consideración masiva. A 86 años de su primera edición, y a la par de que exhibe una vigencia asombrosa, este volumen vuelve a mostrar que, dentro de la azarosa entronización de los cánones culturales, siempre tiene menor factibilidad de ser aceptada la obra proveniente de los márgenes del globo.



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