Con o sin acuerdo, retiro K es funcional al PJ

Las leyes de la termodinámica se expresan también en la política aunque sin números y la “magnanimidad” en la lucha por el poder no existe (menos viniendo del kirchnerismo).

Por Gabriel Osman

Ramón Mestre, Mario Negri, Juan Schiaretti y Pablo Carro.

Hubo varias sorpresas en el cierre de las listas de candidatos para el 12 de mayo, el sábado a las 24 en el despacho de la jueza Marta Vidal, pero solo una trasciende, por sus implicancias, la escena local: el retiro de la lista kirchnerista que encabezaba Pablo Carro. Sucedió minutos antes de la medianoche. El repliegue K no es ni siquiera novedoso en el contexto nacional, sí por lo intempestivo, pues ya había hecho lo mismo en otros cinco distritos, pero con mucha antelación: en La Pampa, Santa Fe, Entre Ríos, Neuquén, Tierra del Fuego y Río Negro. La gran diferencia es la importancia del distrito y la condición refractaria de Córdoba y sus autoridades a la ex presidente.
Fue la primera decisión que tomó el kirchenrismo tras el regreso de Cuba de Cristina de Kirchner, en compañía de Florencia Kirchner, por presuntos problemas médicos de su hija, quien se encuentra imputada judicialmente y sin fueros. La decisión, comunicada marcialmente con una breve llamada por celular y al filo mismo del plazo, ha sido presentada por el kirchnerismo como una forma de colaborar al triunfo de Juan Schiaretti y abonar en favor de la derrota de Cambiemos o lo que en Córdoba queda de la alianza.
El argumento no luce muy consistente. En ninguna de sus tres presentaciones como candidato, Schiaretti ha estado más cómodo para el lance (en 2007 ganó por el 1% y en 2015 por el 5%). El 12 de mayo competirá contra Cambiemos fracturado en dos ofertas que encabezan los radicales Mario Negri y Ramón Mestre. El aporte decisivo ya lo había hecho la propia coalición que encabeza Mauricio Macri y el operador para estos menesteres, su jefe de gabinete Marcos Peña: se erigió como árbitro de la disputa entre dos radicales y blandió, como mejor argumento que una elección interna, un ramillete de encuestas, razonablemente dudosas como todas y en especial las más recientes (Neuquén, por citar una).
Lo más probable es que buena parte del capital electoral de las tribus K (dispersas y de alrededor del 10%), vaya a parar al flamante sello que acuñaron el peronismo y sus nuevos socios, Hacemos Por Córdoba, pero difícilmente ese aporte mueva las agujas del resultado. Las leyes de la termodinámica se expresan también en la política aunque sin números y la “magnanimidad” en la lucha por el poder no existe (menos viniendo del kirchnerismo).
Por eso, estos gestos que Schiaretti no necesita y que la generosidad no explica generan comentarios de un presunto acuerdo, que el gobierno rechaza con énfasis en una provincia anti kirchnerista si las hay y que Carro y sus operadores mal presentan.
Bajar la lista de Carro y hacer lo mismo en otras provincias tal vez sí exprese el estado de necesidad, pero de la propia ex presidente, acosada ella y sus hijos por la Justicia, de generar posibilidades de contexto y disposición para su futuro penal, siempre y cuando no decida competir para las presidenciales. Mirando hacia Venezuela y su presidente Maduro, ¿cuáles serían las posibilidades de Cristina de buscar refugio en el exterior, con Estados Unidos construyendo un cordón sanitario sobre los populismos latinoamericanos?
Para colmo, el paso del tiempo va raspando de forma creciente las chances de Macri de competir y ganar su reelección. En sincronía, sus aliados radicales van tomando distancia y el peronismo, con Lavagna u otros, creciendo en competitividad, siempre a condición de que Cristina esté fuera de escena.
Nadie quiere ni mencionar la palabra “helicóptero”, lo que expresa un estado de madurez de la clase política sin dudas valorable, pero porque existe en la conciencia colectiva una memoria fresca de aquella tragedia nacional y un contexto internacional muy distinto. Pero el lento desgaste del gobierno de Macri lo acerca, eso sí, a imposibilidades objetivas de ir, con éxito, a la reelección. A Cristina, vista principalmente desde Córdoba, se le puede adjudicar maldad, pero no falta de inteligencia.



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