Federales cordobeses con problemas cognitivos

La memoria del magistrado Díaz Gavier hace agua y otro cuadro de Justicia Legítima deforma el discurso del titular de la Corte. El culto a Ramos Padilla, nuevo leitmotiv del grupo

Por María del Pilar Viqueira

Enrique Senestrari y Jaime Díaz Gavier.

El martes, el presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, reconoció que la credibilidad de la Justicia está en crisis.
El ministro fijó como premisas para este año judicial excluir dogmas, respetar reglas y decidir según principios “aunque el resultado sea impopular o antipático”.
Además, lejos de pasarle factura a los otros poderes y de reclamar influencia, se centró en el desempeño de los magistrados: les recordó que son meros servidores públicos; les pidió que dejen de lado “estridencias y personalismos”; les exigió que se comporten como “verdaderos jueces de una democracia republicana” y que sean “refractarios a todo interés personal, ideológico, político y de cualquier otra naturaleza” que no sea el de “realizar el imperio del derecho”.
Las frases del supremo fueron claras, pero dos federales locales vinculados a Justicia Legítima hicieron interpretaciones que reflejan problemas cognitivos.
En su cuenta de Twitter, el fiscal Enrique Senestrari compartió notas sobre el acto del martes y en una de ellas introdujo la acotación “Justicia Legítima tenía razón”.
Viniendo de un agente que suele llegar a los medios por sus declaraciones de alto voltaje político (llegó a propalar su deseo de que “cayera” Mauricio Macri) y que integra un grupo que en su primera reunión, tal como narró espantado el presidente de la Asociación de Fiscales y Funcionarios de la Nación, Carlos Rívolo, propició en un panel la idea de que la Corte “tenía que acompañar con sus fallos al Gobierno”, no se entiende qué razón asiste a colectivo.
Por su parte, el presidente del Tribunal Oral Federal 1, Jaime Díaz Gavier, quien en 2015 suscribió a la noción de que la marcha para pedir el esclarecimiento de la muerte de Alberto Nisman buscaba desestabilizar la gestión de Cristina Fernández de Kirchner y hace dos años comparó a la actual Administración con la dictadura “en el proyecto político”, también se refirió al discurso de Rosenkrantz. Valoró que la crisis a la que se refirió el ministro “ocurre porque ciertos sectores dentro de la Justicia se han puesto al servicio de una parcialidad, de una causa política o ideológica” y que eso “despierta la desconfianza de que no se está procediendo con la suficiente ecuanimidad ni equilibrio”. La solicitud de no obrar con estridencia, al parecer, se la perdió.
Tanto Senestrari como Díaz Gavier maridaron la disertación del supremo con el nuevo leitmotiv de Justicia Legítima: el culto a Alejo Ramos Padilla, el juez federal de Dolores que retiene la causa por presunta extorsión en contra de uno de los fiscales del caso “cuadernos”, Carlos Stornelli.
El funcionario fue denunciado ante el Consejo de la Magistratura por Juan Bautista Mahiques, el representante del Poder Ejecutivo en el organismo, por “manifiesta actuación irregular y violatoria de los deberes de imparcialidad y reserva”.
Ramos Padilla pertenece al colectivo. En 2015, relocalizado momentánea y convenientemente en Bahía Blanca, congeló una causa conexa con “la ruta del dinero K”, por la protección del Fisco a Lázaro Báez. El expediente se activó cuando el joven volvió a su oficina de Dolores, avanzó, se elevó a juicio y Ricardo Echegaray deberá sentarse en el banquillo.
Ni ese antecedente ni la la bochornosa trama de corrupción que se generó por la cartelización de la obra pública durante el kirchnerismo inquietan a Justicia Legítima: todo se centra en las supuestas presiones al Poder Judicial.
Para Díaz Gavier, el hecho de que Macri haya manifestado en una entrevista su deseo de que el Consejo de la Magistratura destituya a Ramos Padilla por parcialidad es algo “inadmisible” que “no se ha visto nunca en la historia judicial argentina”.
La memoria del sentenciante es selectiva o, tal vez, hay cosas que lo escandalizan y cosas que no, ya que pasó por alto el historial de ataques sistemáticos a la Justicia que propició la ex mandataria.
Por caso, cabe recordar que en diciembre de 2009, Fernández de Kirchner usó un festival en la Plaza de Mayo para arremeter contra los jueces, luego de que la Cámara Nacional en lo Civil y Comercial Federal ampliara la cautelar que favoreció al Grupo Clarín en relación con dos artículos de la Ley de Medios.
En esa oportunidad, furiosa, pidió una Justicia que sirviera “al pueblo” y acuño la infame frase “fierros judiciales”.
Poco después, en marzo de 2010, la ex mandataria espetó: “Mesura tiene mucho sonido a censura”. Lo dijo en referencia al comunicado que, sin nombrarla, requirió mesura, equilibrio y respeto por la independencia judicial a quienes tenían responsabilidades de Gobierno.
Luego de una catarata de embestidas del kircherismo, la Corte plasmó: “Respetar la magistratura es la mejor manera de dar tranquilidad a los ciudadanos, de asegurar que sus derechos serán protegidos y de mostrar que estamos en un Estado gobernado por leyes que se aplican a todos por igual”.
Esas palabras desataron la ira de la actual senadora.
En diciembre de 2012, tras la absolución de los acusados por el caso Marita Verón (que la Corte tucumana luego revocó), destazó a los integrantes del tribunal de juicio. “Si hay plata en el medio no les importa nada”, disparó.
Además, opino que había un “divorcio cada vez más evidente entre sociedad y Justicia” y anunció que iba a poner en marcha la democratización del Judicial. ¿Qué otro poder del Estado tiene un cargo asegurado para toda la vida?”, advirtió.
Tampoco se privó de hostigar y humillar por su edad a Carlos Fayt, quien le presentó su renuncia en septiembre de 2015. Tres meses después, tras 32 años de servicio y una vida dedicada al derecho, dejó su despacho si recibir un agradecimiento por parte de la ex presidenta.



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