La ciudad de la furia: todos llegan divididos

La fragmentación alienta la fragmentación, más allá de las ideas que aseguren tener los postulantes, esto es, la fragmentación es la única idea para lograr el poder.

Por Pablo Esteban Dávila

divididosCórdoba se ha convertido en la ciudad de la furia electoral. Partidos que, hasta no hace tanto tiempo atrás, parecían pétreos se han fraccionado y otros, con la victoria al alcance de la mano, han decidido mantener una histórica división que, en el pasado, les resultara sumamente onerosa en términos de votos.

El caso de la UCR es el más conocido. Debido a la intervención de Marcos Peña en su interna,el partido se quebró tanto en la provincia como en el municipio. Nunca había sucedido tal cosa desde 1983.

El asunto es particularmente grave cuando se considera su situación de cara a las elecciones de intendente. En la ciudad el radicalismo es gobierno, es decir, el defensor del título. Esto agrega un factor de tensión sobre sus dirigentes. Ya antes de la inexplicable designación de Luis Juez como candidato de Cambiemos el panorama se presentaba complejo pues, luego de ocho años de gestión, Ramón Mestre no había acertado a dejar un sucesor claro. La elección de Rodrigo de Loredo no estuvo en los planes del intendente sino hasta que la crisis dentro de la coalición lo forzó a mirar por sobre sus hombros.

De Loredo se encuentra en una posición ambigua. Es muy probable que logre galvanizar a buena parte de los radicales capitalinos detrás de su candidatura, pero no es tan claro que esto le alcance para retener el municipio. Esto se explica porque algunos de sus correligionarios, aunque a regañadientes, tal vez decidan seguir las instrucciones de MarioNegri y terminen votando por Juez, algo que deteriorará las chances del yerno de Oscar Aguad. Es un hecho que De Loredo es un buen candidato en un mal momento.
El Frente Cívico suma, asimismo, una nueva escisión en su diáspora interminable. Juan Pablo Quinteros, uno de los pocos dirigentes con algún peso que todavía permanecía en el juecismo, terminó por cansarse del errático oportunismo de su líder y pegó el portazo. Es casi seguro que será el candidato a intendente de Aurelio García Elorrio y que irá por los votos de su antiguo jefe con la pasión del converso. Será otra de las internas que se dirimirán en la elección general.

El peronismo también sufre las divisiones en la capital. Este hecho, que dista de ser una primicia (concurre fragmentado desde 2007 en adelante), adquiere particular relevancia cuando se repara en que su seguro candidato, Martín Llaryora, marcha adelante en todas las encuestas y permite soñar a la fuerza con regresar al municipio después de 18 años.
La situación de Hacemos Córdoba, el update de Unión por Córdoba, es, en efecto, promisoria. La imagen de su conductor, Juan Schiaretti, se encuentra por las nubes y sus grandes obras de infraestructura tienen a esta ciudad como la destinataria de privilegio. Si a esto se le suma que la inesperada muerte de José Manuel de la Sota lo ha dejado con el pleno control partidario, los factores unitivos son, por lejos, mucho más fuertes que las tendencias centrífugas. El hecho que los socialistas de Roberto Birri convivan con los ortodoxos del Partido Liberal Republicanodentro del oficialismo habla a las claras de que nadie quiere sacar los pies del plato de la juntada.

Este condimento torna especialmente extraño el veto propinado a Olga Riutort, la quintacolumnista del peronismo, para acompañar a Llaryora como viceintendenta. En teoría, la fórmula lucía impecable, un blend entre juventud y experiencia que denotaba gobernabilidad y estabilidad política. Sin embargo, y contrapelo del pensamiento del propio candidato, la exsecretaria general de la gobernación no podrá volver al redil, ahora contra su voluntad. De ser invariablemente seducida por el oficialismo schiaretista ha pasado, sin que queden muy claras las razones, a integrar el reducido lote de sus desterrados.
Esta minicrisis, a lo Cambiemos,mantiene por lo tanto la clásica partición entre Riutort y el justicialismo orgánico, con el riesgo de relativizar la ventaja con que, por primera vez en casi dos décadas, arranca su candidato a intendente. ¿Se trata de típico tiro al pie, de un error no forzado de gente que no acostumbra a meter la pata? Si el postradical Miguel Ortiz Pellegrini, el representante de Margarita Stolbizer, forma parte ahora de la coalición del gobernador, ¿por qué no puede integrarla también la exesposa de De la Sota?

Estos desgarros partidarios, de los que ni siquiera escapan los K (algunos con Schiaretti, otros en la izquierda) agregan volatilidad a un escenario de por sí aleatorio. En 2015, Ramón Mestre se consagró intendente con apenas el 32% de los votos, con el periodista Tomás Mendez en un sorprendente segundo lugar. Cuatro años después, el radicalismo no puede asegurar siquiera aproximarse a aquella cifra, en tanto que ADN -la fuerza de Méndez- ya no existe más. Juez y Riutort, que en aquel entonces fueron juntos y obtuvieron un decepcionante cuarto puesto, se presentan ahora separados, en tanto que el peronismo ha abdicado mayestáticamente de sumar a la Fuerza de la Gente cuando, claramente, las brevas estaban maduras.

No es de extrañar, por consiguiente, que estebigbang de candidaturas suponga que, en rigor, podría accederse al palacio 6 de Julio con una cifra de votos insignificante. No deja de ser un alivio sistémico que la Carta Orgánica garantice la mayoría a quien triunfe porque, de lo contrario y en semejante contexto, el futuro intendente debería encabezar una especie de gobierno parlamentario. Se trata, por lo tanto, una nueva manifestación de la crisis de los partidos políticos que azota recurrentemente al país desde la caída de Fernando de la Rúa y que se sustenta en un razonamiento circular: cualquiera se anima a ser candidato porque nadie parece tener clara preeminencia sobre los demás. La fragmentación alienta la fragmentación, más allá de las ideas que aseguren tener los postulantes, esto es, la fragmentación es la única idea para lograr el poder.

No es una observación que escandalice, pero sí una que entristece. En la ciudad de la furia se observa unalucha de personas, no de programas. Como estos no existen los cambios de camisetas, aun los más grotescos, están a la orden del día. Es un recordatorio que una democracia sin partidos esmás más pobre, infinitamente más inestable, que una que los aliente y los fortalezca. El 12 de mayo, en la ciudad de Córdoba, podrá observarse en toda su dimensión esta decadencia política.



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