Lectores nocturnos de fin de siglo

Una serie de notas del diario Los Principios dan cuenta de algunos datos sobre lectura en las bibliotecas cordobesas, e informan la inauguración de un horario nocturno en la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba, en 1899.

Por Víctor Ramés
[email protected]

La antigua Biblioteca Mayor de la Universidad de Córdoba.

En el panorama bien de finales del siglo diecinueve, aparecían como instituciones que aseguraban el perfil intelectual de Córdoba la histórica y prestigiosa Universidad, y por otra parte El Ateneo, que promovía conferencias y exposiciones de arte, y contaba con una concurrida biblioteca.
Un artículo aparecido en el diario Los Principios en 1897, expresaba: “Basta detenerse a examinar por un momento la labor fecunda del Ateneo, de la Universidad y de la prensa y las obras científicas y literarias que se han publicado, para darse exacta cuenta del movimiento intelectual, grandioso y bello movimiento que nos hace acreedores al honroso título de hijos de la docta, como en otrora se llamaba a los de Córdoba.”
En el mes de julio de 1899, el diario católico cordobés publicaba la siguiente nota titulada “Lectores en el Ateneo”, que llevaba como subtítulo “Estadística curiosa” y que resulta de interés por los datos que ofrece:
“Durante el primer semestre del año actual han concurrido a la Biblioteca del Ateneo de Córdoba 1981 lectores, lo que da un promedio de 330 por mes, movimiento que acaso no tengan la mayoría de las bibliotecas de esta ciudad.
Los días hábiles para lectura durante dichos seis meses han sido 145, resultando un promedio de lectores diarios de 13,6 próximamente.
El 65,90 por ciento de esos lectores han sido lectores de diarios, leyendo el 34,10 por ciento restante, Revistas, obras de Historia, Geografía, Ciencias Naturales, Literatura, Derecho y Ciencias Sociales, Medicina, Filosofía y Religión, y Diccionarios de diversos idiomas e índole”
También informaba que “entre los lectores figuran 1471 estudiantes, 251 empleados, 94 comerciantes, 86 profesores, 48 telegrafistas, 15 abogados y 14 ingenieros”.
Para completar ese cuadro de la actividad intelectual manifestada en la lectura, resulta interesante el dato de que ese mismo mes de julio de 1899, tuvo lugar la inauguración de un horario nocturno en la Biblioteca de la Universidad de Córdoba. Era rector de la Universidad el doctor (en Medicina) Ortiz y Herrera, y la ampliación de horario le debía también su posibilidad a la luz eléctrica, que vino a reemplazar la iluminación a gas que hasta entonces había prestado sus servicios. Los Principios, al describir el acto de inauguración de las noches de biblioteca, informaba que el recinto y el salón de lectura estaban “iluminados profusamente por sesenta focos eléctricos”.
En un anuncio previo de esa novedad, el diario daba datos sobre los nuevos horarios:
“Definitivamente terminadas las instalaciones eléctricas y la clasificación de las numerosas obras últimamente recibidas, el lunes a la noche tendrá lugar la inauguración del horario nocturno de la Biblioteca de la Universidad, la cual, en lo sucesivo permanecerá abierta durante todo el día para profesores y alumnos del establecimiento y del público en general, con excepción de cinco horas, de 11 a. m. a 2 p. m. y de 5 a 7 p. m.”
La investigadora de la medicina en Córdoba Norma Acerbi Cremades, al referirse a los adelantos realizados durante su período rectoral el doctor Ortiz y Herrera, recuerda también que éste “presidió el comienzo de «Los Miércoles de la Biblioteca», estrechando los vínculos entre la Universidad y el medio social. Hoy le llamaríamos, ‘extensión universitaria’ y cupo al Rector Ortiz y Herrera, ser iniciador exitoso de la obra, el verdadero pionero de la extensión”.
En su anuncio de la inauguración del horario ampliado de la biblioteca, Los Principios hacía hincapié en el papel del rector: “bueno es dejar constancia en esta oportunidad de la contracción y laudable empeño con que el actual rector doctor Ortiz y Herrera ha emprendido la tarea de fomentar y poner materialmente a las alturas que le corresponde la antigua y riquísima biblioteca de la Universidad, una de la más importantes de la República.
A su iniciativa y celo débense los adelantos y reformas que oportunamente hemos registrado en nuestras columnas; y es de esperar que un éxito completo le recompense y le aliente en la tarea.
Se abren al público las puertas de un verdadero tesoro donde junto a las antiguas riquezas, inexplotadas aún, se encuentras las que diariamente elabora la actividad intelectual en Europa y América.”
En su descripción del acto realizado el lunes 10 de julio, que contó con una numerosa concurrencia y un discurso a cargo del rector, Los Principios tomaba nota de la cantidad de volúmenes que se apreciaban en la biblioteca, producto de una serie de donaciones que se recibieron desde 1883, de obras únicas que enriquecieron el conocimiento depositado en ella:
“En las elevadas estanterías ostentábanse prolijamente alineados, los veinte mil volúmenes que constituyen el valioso haber del establecimiento.
Mostraban allí sus viejos lomos de pergamino las monumentales obras teológicas y los venerables «Santos Padres», que informaran las enseñanzas del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús y de la primera época de la Universidad de San Carlos; sus modestas encuadernaciones rectangulares, los recopiladores, jurisconsultos y tratadistas que formaron la cabeza de los fautores de la independencia y la organización nacional; sus dorados títulos franceses, ingleses, españoles e italianos, las mejores producciones de la ciencia moderna en sus innumerables ramos de filosofía, matemáticas, medicina, sociología, tecnología, historia, lingüística, etc. y sus sugestivos enunciados los más célebres trabajos de los apologistas contemporáneos.
Más arriba percibíanse las irreemplazables colecciones de la prensa periódica cordobesa y platense, que guardarán el comentario diario y palpitante de las peripecias de nuestra vida política y social y las de las revistas más afamadas de ambos mundos que conservan la historia documentada de la marcha del espíritu humano en el censo del siglo que fenece.
Y abajo, guardados en condición adecuada, podían examinarse aún depósitos de manuscritos, documentos, opúsculos y papeles de contenido ignorado y donde quizás se encuentra la revelación de muchas cosas desconocidas.”



Dejar respuesta