Festejo en el único triunfo coparticipable

La experiencia de La Falda representa lo que Cambiemos no será antes de lo que podría haber sido. Nadie asegura que, de haber permanecido unida, la entente podría haber ganado la provincia, tal como sucedió en la ciudad serrana, pero sí que dejó pasar la oportunidad para mantenerse como una entidad unificada pese a sus tensiones.

Por Pablo Esteban Dávila

Las elecciones municipales de la ciudad de La Falda es el espejo en donde Cambiemos le hubiera gustado mirarse. Con la victoria del oficialista Javier Dieminger por más de diez puntos sobre el peronista Miguel Maldonado, la alianza Juntos por La Falda (UCR, PRO, Frente Cívico y CC-ARI) demostró que el macrismo territorial es capaz de conservar el poder allí donde se encuentra unido.

Dieminger tuvo suerte. Su candidatura no fue alcanzada por la onda expansiva del estallido de Cambiemos a nivel provincial. Si las elecciones en la ciudad de Punilla hubieran sido convocadas, por ejemplo, para el próximo 12 de mayo, tendría que haber optado por el sello de Córdoba Cambia o el de la UCR, su partido de origen. Ese día habrá cerca 200 candidatos de su mismo espacio que, previamente, deberán elegir entre Mario Negri o Ramón Mestre para estar presentes en el cuarto oscuro.

Es gracias a este blindaje temporal que tanto Negri como Mestre coincidieron anoche en los festejos con el intendente electo. Se trata, de alguna manera, de un triunfo coparticipable que preexiste a los desaguisados cometidos por Marcos Peña en la provincia. Será la única vez que ambos se muestren juntos, como si pertenecieran al mismo bando. A partir de hoy deberán salir a comerse sus electorados a la usanza de una pizza de suma negativa. Esto significa que en donde festeje uno el otro no podrá hacerlo. Dura es la matemática del desencuentro.



Durante el fin de semana fue posible escuchar sordos ruidos de corceles y de acero en sus respectivos campamentos. El sábado la UCR proclamó sus candidatos, con Rodrigo de Loredo mostrándose dentro del redil radical y mostrando, finalmente, que también él es un desobediente. Mestre, dispuesto a ganar todo el tiempo que pueda, evitó con una oportuna candidatura que el siempre díscolo Dante Rossi reclamara el derecho a internas que el intendente tanto requirió para sí. A modo de un Luis XIV mediterráneo, el presidente partidario dejó entrever que el radicalismo soy yo y que ya no quedaba tiempo para más disputas.

Las trincheras negristas también estuvieron activas. A la misma hora que el congreso radical proclamaba la candidatura de Mestre, los integrantes de Córdoba Cambia reunieron su tropa en los coquetos salones del Holiday Inn de la ciudad capital. Tras las palabras de Héctor “la Coneja” Baldassi y de Luis Juez, un Mario Negri enfervorizado proclamaba que ellos eran “el futuro junto al presidente Mauricio Macri”, asegurando que “cuando seamos gobierno las cosas buenas las vamos a dejar, las malas las vamos a corregir y las muy malas las vamos a investigar”. Apenas unos días juntos y el copyright juecista ya parece colonizar su discurso.

Horas antes de que estas reuniones tuvieran lugar, el presidente Mauricio Macri se lamentó desde Jujuy por la situación, pero aseguró que “vamos a tener dos candidatos que representan el mismo espacio”. Desde su perspectiva, la desunión también hace la fuerza, y nada le hace sospechar que los enconos cordobeses puedan interferir con el apoyo que tanto el diputado como el intendente dicen profesarle.

Nominalmente esto es así, pero todavía queda bastante trecho por delante y numerosas pruebas de lealtad que sortear. Por caso, el también diputado Diego Mestre amenazó con llevarse sus legisladores al bloque de Martín Lousteau, como si el interbloque de Cambiemos tuviera margen para más disgustos. El hermano del intendente entiende que la actitud tomada por Peña y por Negri (presidente, precisamente, del interbloque) se equipara con la traición y que esto lo libera de cualquier compromiso que pudiera existir. No obstante que el asunto no pasara, finalmente, de la etapa del amague, la piedra de la discordia ha sido arrojada en el estanque del Congreso.

Este escenario es el que señala que la experiencia de La Falda representa lo que Cambiemos no será antes de lo que podría haber sido. Nadie asegura que, de haber permanecido unida, la entente podría haber ganado la provincia, tal como sucedió en la ciudad serrana, pero sí que dejó pasar la oportunidad para mantenerse como una entidad unificada pese a sus tensiones. Es cierto que, cuando se es gobierno, hay poderosas razones unitivas que desaconsejan sacar los pies del plato pero, cuando se parte desde la oposición, es menester acordar reglas comunes y respetarlas, porque de ellas depende la posibilidad de hacerse del poder.

Visto en retrospectiva no era tan complicado. Si Mestre y Negri querían ser candidatos y si las posibilidades de consenso eran lejanas, ¿por qué no hacer una interna de una vez por todas? ¡Si hasta pudieran haber sido presentadas como un certificado de mayoría de edad política de la fuerza que sostiene al presidente! La pregunta es contrafáctica y, como tal, no tiene valor alguno, pero desnuda la suprema miopía con que se condujeron las contradicciones en juego. Adquiere aun mayor valor al descubrir que, en el caso de La Falda, en donde no hubo conflicto dentro de la alianza, los candidatos siameses de Cambiemos pueden festejar en las mismas coordenadas geográficas como si el triunfo fuera un logro colectivo, como efectivamente lo es en aquel distrito.

Este es el principal descubrimiento faldense. Que, en el fondo, no hay una discrepancia fundamental entre Negri y Mestre, sino diferencias tácticas, de estilos, que no supieron responderse a tiempo. También, que la intromisión desde la Casa Rosada, aportando nombres y experiencia extrañas al centro gravitacional de los contendientes, sólo produjo más confusión y la sensación de que, en definitiva, se trataba de una especie de enfrentamiento entre cordobeses vicarios y cordobeses legítimos, una cosmovisión que, indudablemente, atrasa el debate político. Dieminger, por suerte, quedará al margen del problema. Se salvó por los pelos y, por que no, gracias al calendario. Al menos hasta mayo será el único que podrá ufanarse por tal cosa.



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