Quinteros y Fresneda, dos heridos que se sienten mal pagados

En el Frente Cívico comparan la salida del legislador con el salto del Pichi Campana al schiarettismo: más ruido que fuerza, dijeron. En el caso de Fresneda, está a un paso de no jugar ni en Unidad Ciudadana ni el nuevo UPC en el que está incómodo.



Por Bettina Marengo

Hay un grupo de dirigentes con aspiraciones a los que los cambios en los alineamientos y sociedades políticas, sus propios errores de cálculo o sus objetivos dejaron afuera del armado político de los distintos espacios para las elecciones del 12-M. La cuenta regresiva hasta el 23 de marzo empezó para todos pero sobre todo para ellos: ese día es el último plazo que da la Justicia electoral para presentar las listas de candidatos. El ahora ex juecista Juan Pablo Quinteros y el peronista-kirchnerista Martín Fresneda son dos de esos dirigentes sueltos, malqueridos en sus espacios que de alguna forma se sienten mal pagados. No son los únicos: Olga Riutort, Liliana Montero y Daniel Passerini, integran este quinteto del desamor.
Quinteros fue en 2003 uno de los creadores del Partido Nuevo y luego del Frente Cívico que lidera Luis Juez. El miércoles renunció a su banca en la Legislatura, a la que había llegado con la lista de Cambiemos Córdoba (Juntos por Córdoba), enojado por lo que considera un mal pago de Juez a su gestión como legislador y antes como vocal del Ersep. Hubo un diálogo lleno de reproches con el ex embajador en Ecuador y un portazo.
Ahora está en plena negociación para convertirse en el candidato a intendente de Encuentro Vecinal Córdoba, el partido de Aurelio García Elorrio, con la intención de ser concejal de la ciudad de Córdoba. También podría ocupar un lugar muy arriba entre los legisladores de ese partido. En ningún caso es sencilla su jugada: en la ciudad, quien gana se lleva 16 de los 31 concejales y el resto se divide entre las otras listas. Por caso, con el 23% de los votos, Tomás Mendez obtuvo seis escaños en 2015 y Unión por Córdoba cinco, con el 18% de los votos. Y en la Legislatura, García Elorrio debería mejorar mucho su cosecha del 2,3% para que obtener más bancas.
Quinteros se fue del Frente Cívico y de la banca porque no quería ser el tercero de los candidatos al Concejo Deliberante de la boleta que encabezarán Juez y la radical Alicia Migliore como vice, sino que aspiraba a un buen lugar en las listas legislativas, o a encabezar la de concejales. Rechazó el puesto 11 para la Unicameral que quedó para Daniel Juez. Al primer lugar del Concejo se lo dieron al hijo de Negri, el concejal Juan Negri.
Los juecistas oficialistas que hablaron con Alfil reconocen que el dirigente es serio para trabajar, pero que el que junta votos es Juez. Y recuerdan que el propio legislador había firmado su consentimiento para el tercer lugar en el Concejo, pero luego se descontentó y se puso “en licitación”.
Los críticos a la conducción del ex intendente, muy por lo bajo, admiten fuerte malestar subterráneo con quienes negociaron la lista con el negrismo (se señala a Walter Nostrala y Daniel Juez). Y consideran una inhabilidad política haberle dado lugares a dirigentes que hasta ahora estaban “conchabados” en el Senado de la Nación y que no pisan la ciudad hace años. El problema es quién va a trabajar la lista, con la falta de territorio que aqueja a Negri. Los convencidos responden que es cierto que Negri no tiene fuerza territorial, pero que ya nadie tiene nada si no paga. Y que el jefe del interbloque Cambiemos cuenta con Elisa Carrió, TN y A Dos Voces, que es más importante que uno grupo de militantes.
Lo cierto es que hay disconformidad obturada entre la dirigencia histórica de Juez, pero la mayoría, por no decir todos, carecen de las alternativas que tiene Quinteros, a quien García Elorrio hace tiempo intenta llevar a su rancho. Un antecedente ya lejano que recordaron ayer en el Frente Cívico fue el pase de Pichi Campana a las filas del schiarettismo, previo coqueteo con los K. El ex basquetbolista era más fuerte electoralmente que Quinteros pero con menos aporte legislativo pero, en cualquier caso, el salto fue solamente ruidoso.

Fresneda, el incómodo
En el caso Fresneda, el legislador se encuentra en una posición incómoda. Está distanciado de Unidad Ciudadana versión cordobesa, y principalmente de quien hoy es su figura principal, el diputado Pablo Carro, candidato a gobernador para el 12-M. Se acusan mutuamente de traición y la relación es mala. El legislador y abogado de derechos humanos estuvo y está cerca de Unión por Córdoba, pero de la versión anterior, no de la actual Hacemos por Córdoba. No porque la nueva coalición haya sumado a sectores progresistas no peronistas (incluso antiperonistas) como el GEN de Margarita Stolbizer y el Partido Socialista, sino por las implicancias nacionales de todo esto.
El armado local del gobernador Juan Schiaretti tiene que ver menos con mayo que con octubre, cuando el PJ Córdoba apoyaría la candidatura del peronista federal-alternativo Roberto Lavagna, si ésta versión se confirma y si se confirma como candidatura peronista. (Hay un sector del radicalismo díscolo a Mauricio Macri que también lo quiere como candidato, en una suerte de reedición del UNA de 2007, cuando enfrentó a CFK y salió tercero a nivel nacional y primero en Córdoba, con el 35% de los votos). Pero todo esto se sabrá mucho más adelante y la bola de cristal, en política, aún no se ha inventado.
En ese escenario, aunque hubo conatos de acercamiento a Unidad Ciudadana de Córdoba, una candidatura a legislador de Fresneda en esa lista (que no sea en puesto doce, claro) dependería de un llamado de Wado de Pedro o de Máximo Kirchner al propio diputado nacional.



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