Una fábrica de coches a fines del 1800

Por Víctor Ramés
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Dos modelos de coches que circularon en Córdoba: arriba un faetón de 1897, abajo un milord de 1883.

Lejos de la gran producción industrial de carrozas con que contaban los países europeos y los Estados Unidos, hubo en Córdoba talleres donde se fabricaban parte de los carruajes que circulaban por la ciudad. Bien a finales del siglo XIX, había al menos tres fábricas de ese tipo en Córdoba, de producción artesanal, de donde salían un número limitado de modelos de coches a caballo de uso local. La palabra “industrial”, por comparación, le quedaba muy grande a esa producción, pero aquí estaban esos talleres y aquellos artesanos que surtían parcialmente el mercado cordobés.
Las comparaciones con la gran industria carrocera internacional no son fáciles de hacer y tal vez sean ociosas -además de odiosas- de manera que con ese ánimo tomamos del diario Los Principios del 30 de julio de 1899 una nota bajo la sección “Córdoba industrial”, en la que se refiere una visita a la fábrica de Martínez y Batres en Córdoba, cuyas dimensiones no eran tan modestas en operarios y especialidades que requería este tipo de producción que combinaba varios gremios de trabajo. La misma nota deja ver que en el mercado local, los fabricantes debían competir con la industria de Buenos Aires y con las importaciones norteamericanas. No es fácil determinar cuál era la demanda en Córdoba de carros y coches, ni cómo se repartía el mercado, pero es claro -por lo que reseña el diario de la charla con los propietarios de la fábrica- que el establecimiento de Martínez y Batres trabajaba a pedido y de manera artesanal, coche por coche, e incluso los modelos se hacían según el deseo de los clientes locales. En esa misma época, las grandes carrocerías europeas había ya automatizado parte de la producción para una demanda y una competencia internacional. En compensación, el trabajo artesanal permitía ajustar detalles y calidad específica en sus productos.
Sobre los modelos de carruajes que menciona la nota, la fábrica en cuestión producía milords, es decir coches con asiento para dos personas (además del cochero), que eran los que también circulaban a diario para el transporte urbano. También se producían faetones, coches de cuatro asientos para paseos, y americanas, que eran de un solo asiento, el del propio conductor (que eventualmente podía llevar a alguien a su lado).

“Córdoba Industrial
La fábrica de Martínez y Batres
Desde mucho tiempo atrás oíamos hablar en forma halagadora de la fábrica de carruajes que tienen establecida en esta ciudad los señores Martínez y Batres, calle General Paz entre 9 de Julio y Colón. Desde entonces, también, siguiendo nuestra tradición, que se complace en alentar a los buenos, nos habíamos prometido hacer una visita al citado establecimiento industrial. Ayer la realizamos y nuestra curiosidad no se vio defraudada con sus resultados.
La gran fábrica a que hacemos referencia ocupa un terreno de más de mil metros cuadrados, completamente cubiertos por construcciones de zinc. En ese espacio, desarrollan su actividad los cuarenta trabajadores con que cuenta la fábrica, quienes perciben sueldos que varían entre uno y medio y nueve pesos diarios.
La cantidad de coches que ocupan el local y los empleados de tapicería, pinturería, herrería, etc., dedicados a sus respectivas tareas, y lo estrechos que resulta aquel para el trabajo que afluye a la fábrica, dan a ésta un aspecto simpático y atrayente: allí hay un templo en el que se rinde culto al trabajo.
Dirigidos por los señores Martínez y Batres, propietarios del establecimiento, recorrimos las diversas secciones en que se divide el trabajo, admirando en todo, el orden y la escrupulosidad más perfecta, en la fabricación de las diferentes piezas que luego han de componer los coches.
Pudimos ver allí, en construcción milords estilo Luis XV, cuya fabricación nada deja que desear, comparada con los similares que se introducen de Buenos Aires, americanas de cuatro personas, cuya elegancia d formas y ligereza de peso las hace dignas de competir con las introducidas de Norte América A propósito de esto, nos hicieron contemplar, los propietarios, uno al lado de otro, los trenes de un coche americana, introducido y otro fabricado en el establecimiento, habiendo podido comprobar que, mientras el primero se reducía a una varilla de fierro conformada, sin más trabajo que el de doblar y ajustar, a las necesidades que se requerían, el último era una obra perfecta, no sólo de seguridad, sino hasta de coquetería, valga la palabra; por los adornos, molduras y otros trabajos que había ejecutado la lima en el hierro fraguado.
–¿Y han construido Vds. muchos coches de estos, para esta plaza? -preguntamos al señor Martínez.
–Algunos -nos contestó-, entre ellos podría citar a Vd. un faetón, una americana y un milord Luis XV, para el doctor Palau, un milord de igual estilo, para el señor Gobernador de la provincia; otro igual, para el señor Javier Álvarez, un faetón para el mismo, una americana para el señor Jose R. del Franco, otra para el doctor S. Aliaga, otra para el Sr. Z. Caeiro y actualmente estamos construyendo otros dos milords y tres americanas para diferentes caballeros. Por nuestra parte -agregó el señor Martínez- no tratamos de ahorrar medio, ni economizar calidad de material, a objeto de acreditarnos y demostrar que es un error, el creer que sólo es bueno lo que viene de afuera, pero… ¡es tan grande la preocupación general a este respecto!
Comprendimos en el acto la amarga queja del señor Martínez, es la que oímos de todos los industriales, el prurito de creer siempre malo lo que se hace en casa, de entre nosotros, el gran enemigo de los industriales laboriosos y honrados.
Por eso sentimos una íntima satisfacción al contribuir, con esta visita, al par que a ilustrar el conocimiento público, a pedir su protección, para los que, con sus esfuerzos, en pro de la industria regional hacen honor a Córdoba.
Por nuestra parte, no podemos menos que felicitar a los señores Martínez y Batres, por la altura en que está montada su fábrica y el éxito que obtienen sus construcciones.”



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