El PJ puede quedarse con todo (legisladores departamentales e intendentes en problemas)

Una de las primeras consecuencias de las ruptura de Cambiemos se verá en las bancas legislativas por departamento, donde la doble lista radical jugará a favor de la cosecha de Unión por Córdoba.



Por Bettina Marengo

La debacle de Cambiemos Córdoba, cuyos últimos capítulos locales, provinciales y nacionales aún no se escribieron, provocó un cimbronazo en el rompecabezas político-electoral cordobés. El peronismo schiarettista (ni siquiera el delasotista específicamente) puede quedarse con todo el poder provincial concentrado en una mano, a dos décadas del debut de la ahora ex Unión por Córdoba. Es un escenario hegemónico impensado hace algunos años: en 2007, cuando Juan Schiaretti se convirtió en gobernador por primera vez con 17 mil votos de ventaja y Luis Juez denunció fraude electoral, muchos peronistas pensaron que el ciclo estaba caducado y que el próximo turno sería para la oposición.
La “transversalidad” cordobesa de aquel momento, con la inclusión de radicales como Gustavo Santos en la gestión, y la reforma política que parió la Boleta Unica de Sufragio derivó en parte de la sensación de fragilidad que dejó la denuncia de Juez y el escaso margen de votos con que se ganó. Doce años después, el capítulo es otro y Schiaretti se dispone a jugar cartas nacionales que son posibles por la seguridad que observa en el frente interno.
Un primer efecto de la división de listas de la ex Cambiemos, con Mario Negri por un lado y Ramón Mestre por otro como candidatos a gobernador, se vería en el reparto de bancas en la Legislatura provincial, tanto en el caudal de legisladores departamentales (son 26) como en los que integran la llamada “lista sábana” (suman 44).
“Hay mucha preocupación de los candidatos o precandidatos a legisladores departamentales del radicalismo. Si se presentan las dos listas radicales, es posible que Unión por Córdoba se quede con hasta 24 de los 26 departamentos, lo cual es una locura. A lo mejor queden a salvo los departamentos muy muy radicales, como Río Primero o Totoral, por decir. El resto se puede perder todo. No saben lo que hicieron”, se agarró la cabeza un dirigente radical con experiencia que habló con Alfil.
En las elecciones de 2015, la alianza Juntos por Córdoba (UCR-PRO y Frente Cívico) ganó en siete de los 26 departamentos (Capital, Cruz del Eje, General Roca, Punilla, Río Primero, Roque Sáenz Peña y Totoral). Además, obtuvo 15 bancas de las 44 de la lista “sábana” que se distruyen mediante sistema proporcional D’Hont.
Es decir, con un Macri en ascenso y la tropa cordobesa alineada (luego de muchos tironeos, hay que decirlo), la fórmula Oscar Aguad-Héctor Baldassi logró un total de 22 bancas sobre las 70 en disputa. Unión por Córdoba, la primera minoría, se quedó con 36 lugares en la Unicameral: 18 bancas departamentales y 18 de la lista larga.
En esa oportunidad, la alianza kirchnerista Córdoba Podemos, que llevó a Eduardo Accastello como postulante a la gobernación, se quedó con una banca departamental (San Martín) y con siete lugares de la sábana. Claro, el kirchnerismo había obtenido el 15,5%, un porcentaje difícil de empatar en la actual coyuntura y con el desgranamiento del kirchnerismo en Villa María y su zona de influencia departamental. Del mismo modo, hay que ver qué sucede en 12M con la lista de diputados que encabezará Aurelio García Elorrio como candidato a gobernador. El ex titular del Portal de Belén tiene un voto propio y muy definido, integrado por un electorado conservador y anti legalización del aborto, dos condiciones que no pueden mostrar juntas los principales partidos.
En el nuevo escenario, si se mantienen las dos listas radicales, Haciendo Córdoba (el nuevo nombre de Unión por Córdoba), podría alzarse con una abrumadora mayoría en la Unicameral, superior en varias unidades a los 36 que ganó cuatro años atrás. Obviamente, cuando cierren las heridas, los legisladores que lleguen vía Mestre y vía Negri podrán hacer rancho aparte, pero esa es otra historia.
“Una posibilidad es que se repartan los departamentos entre Mestre y Negri, para evitar competir y perder tantos escaños, pero tendrán que ponerse de acuerdo”, indicó una fuente que sigue de cerca el proceso en el interior.
Los que entraron en depresión aguda y no pueden creer la situación en que los encuentra la elección, son los 23 intendentes radicales y macristas, en cuyos municipios se vota el 12 de marzo, que ahora quedaron atrapados en la interna de Cambiemos. La mayoría es mestrista y entre ellos está la ciudad de Córdoba, donde Mestre decidió pegar las elecciones a las provinciales.
Otras versiones hablaban de la posibilidad de que el 12 de mayo se vote con dos boletas distintas: por un lado la BUS provincial y por otro la BUS para la elección municipal, “teniendo en cuenta de que son dos elecciones distintas y dos padrones distintos”. Esta ingeniería es complicada y “no tiene antecedentes en Córdoba”, dijo la fuente mencionada arriba. Y recordó que la ley contempla que, cuando las elecciones se celebren el mismo día, deben usarse una sola única.
Más precavidos fueron los 113 intendentes radicales y macristas que, espantados por la tensión entre los candidatos radicales, el PRO nacional y el juecismo, se adelantaron y separaron la fecha de sus propias votaciones. Por estas horas deben estar brindando entre ellos.



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