Choque de estrellas

La no resuelta puja entre estadounidenses e ingleses por la paternidad del punk, resurgió con fuerza hace pocos días, avivada esta vez por dos veteranos de aquel estilo que se enfrentaron algo más que verbalmente durante la presentación de una serie: John Lydon (Sex Pistols) y Marky Ramone (Ramones).

Por J.C. Maraddón
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La génesis del rocanrol no podía ser otra cosa que estadounidense, porque en su fórmula original aparecen componentes musicales típicos de ese país, como el blues y el country & western. La apropiación de los sonidos afroamericanos por parte de artistas blancos, que los reinterpretaban de acuerdo a sus patrones creativos, fue el combustible que encendió la llama de un movimiento incandescente, cuya irradiación entre los jóvenes fue inmediata. Al poco tiempo, ese invento patentado en los Estados Unidos ya se había expandido en todas las direcciones, con una fuerza que lo disparó hacia los lugares más distantes del planeta.
En Inglaterra, muchos adolescentes quedaron fascinados ante esas canciones que cruzaban el Atlántico como un rayo. Algunos, como los Beatles, eran cautivados por las camperas de cuero de los rockers y por sus jopos embebidos en gomina. Otros, como los Rolling Stones, se dieron un atracón con el costado más blusero del rock, a partir del cual conformaron gran parte de su propio repertorio. Esos aprendices del rocanrol fueron los que luego le procuraron al género el prestigio y la resonancia que jamás soñaron los pioneros, porque en un principio se lo había visto como una moda pasajera que pronto, al igual que tantas otras, caería en desgracia.
En este trajín del rock entre uno y otro lado del océano, se desataron disputas chauvinistas que no servían más que para actualizar los antiguos resquemores que ha habido entre las viejas colonias norteamericanas y el imperio británico. Nadie podía. ni entonces ni ahora, dudar de que el rock le debía su despegue al caleidoscopio cultural estadounidense, de la misma manera que estaba clara la gran importancia de los aportes que los músicos británicos habían realizado para darle forma definitiva a un estilo que ha dominado la escena durante por lo menos los últimos 60 años.
Ante la magnitud que adquirió la parafernalia rockera con el correr del tiempo, la paternidad que antes reclamaban dos países tuvo que ampliarse hacia otras latitudes, desde donde se expresaban nuevas formas de entender a ese género, que poco a poco iba tomando características multiformes. El Caribe reelaboró las cosas a su manera y el reggae rebotó luego en las principales capitales del mundo, en tanto que el kraut rock y los primeros palotes de la electrónica en Alemania terminaron siendo una fuente de inspiración para toda una camada de artistas que renovaron el panorama a partir de los años setenta.
Sin embargo, aquella no resuelta puja entre estadounidenses e ingleses resurgió con fuerza hace pocos días, avivada esta vez por dos dinosaurios del punk que se enfrentaron algo más que verbalmente durante la presentación de una serie. John Lydon, quien fuera cantante del grupo londinense Sex Pistols, y Mark Ramone, baterista emblemático de los neoyorquinos Ramones, se toparon de mala manera en la conferencia de prensa correspondiente a la avant premiere de “Punk”, la tira que cuenta con la producción de Iggy Pop. Menos elogios, las dos figuras señeras de la punkitud se dijeron de todo.
Pero por detrás de las palabrotas y los golpes bajos, subyacen las cenizas de una inveterada polémica. Porque Lydon reclamó para sí un rol central en la epidemia punk que sacudió al planeta hace más de 40 años, cuando bajo el seudónimo de Johnny Rotten animó escándalos y pogos por doquier. Pero Marky estuvo muy astuto al recordar que Ramones precedió a esa revuelta: y que él mismo batió el parche en la banda de Richard Hell, precursor en América de lo que iba a pasar poco después en Europa. Pases de factura aparte, el choque de estrellas punk resucita, en el patetismo de su senectud, una reyerta que estaba cayendo en el olvido.



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