La ruptura de Cambiemos sobrevoló el encuentro

Se deben evitar suspicacias para comprender la ruptura y suponer estrategias propias de Maquiavelo. Es como calcular una intelligentzia PRO que Macri ni Peña se merecen. Sin embargo, la torpeza del gobierno nacional es funcional, caramente, a las posibilidades de Schiaretti.

Por Gabriel Osman

En su flamante condición de “gobernador reelecto” (título que le colocó ayer la fractura de Cambiemos), el gobernador Juan Schiaretti expuso en la Fundación Mediterránea sobre la situación del fisco provincial, mientras en todas las mesas instaladas para el almuerzo en el Hotel Sheraton los comentarios, en voz baja, de los empresarios cordobeses giraban en torno a la noticia del día: la decisión de Ramón Mestre y de Mario Negri de no ir a internas y competir con dos sellos distintos el 12 de mayo.
Será una competencia que para los dos radicales se transformará en una interna partidaria abierta y para el gobernador en un trámite sumario. Para los empresarios –vinculados o no a la portentosa obra pública de Schiaretti- este dato fue razonablemente mucho más trascendente que los anuncios del mandatario. Nunca el radicalismo había concurrido dividido desde 1983, más allá de las fuertes tensiones que se suscitaron en los años que convivieron en el poder Eduardo Angeloz y Ramón Bautista Mestre. Ni siquiera cuando en 2003 la succión de votos radicales que se produjo con la aparición de Luis Juez, el fallecimiento de Mestre y la abdicación de Rubén Martí, redujo su caudal electoral, en la Capital, a un misérrimo 8%.
La ruptura, que estaba como posibilidad en todos los cálculos, radiará al escenario político cordobés completo, del que no escapa, obviamente, el propio expositor. Más aún: es el más directo aludido por la novedad y el más beneficiado. A Schiaretti, la competencia con un candidato único de Cambiemos le podría haber traído algún sobresalto o, al menos, obligado a optimizar algunas decisiones y obligaciones de campaña. Los que más van a tener que trabajar son los que probablemente pierdan. Un castigo si se quiere módico por el desaguisado que la lleva un año y que se llama la interna de Cambiemos.
Por supuesto, no hay que cargar toda las culpas a Negri y Mestre. Parado en la primera magistratura de la República, Mauricio Macri ha dado cátedra de mala praxis, desde la gestión del Estado y en la política. En 2017 le comunicó a sus aliados radicales de Córdoba, con un bando, que los dos lugares más expectables en la lista de diputados nacionales, para el tramo de los varones, lo ocuparían dos hombres suyos del PRO, Héctor Baldassi (1º) y Gabriel Frizza (3º), mientras que Mestre debía llenar el casillero colocando a dos mujeres para completar las exigencias del cupo femenino, que terminaron siendo Soledad Carrizo (2º) y Brenda Austin (4º). En el 5º lugar en la boleta –de riesgo y no asegurado- terminó Diego Mestre.
Aquella vez, el intendente de Córdoba debió tragarse el sapo ante una consigna marcial al mejor estilo verticalista del peronismo con Perón. Esta vez, el presidente y su inefable jefe de gabinete, Marcos Peña, fueron por más y entraron en la Casa Radical para proclamar, en la cara de su propio jefe y precandidato, las fórmulas radicales para la Gobernación y la Intendencia capitalina: Negri – Baldassi y el indigerible para los radicales Luis Juez, a quien se le otorgaba, como bonus, elegir a su compañero de fórmula para la Viceintendencia.
Fue excesivo y torpe, generando un conflicto sin precedentes, como ya se apuntó. El desenlace es hasta natural. No se puede mojarle la oreja y en público a un socio político y suponer que esto no traerá consecuencias.
Se deben evitar suspicacias y suponer estrategias propias de Maquiavelo. Es como calcular una intelligentzia PRO que Macri ni Peña se merecen. Sin embargo, la torpeza del gobierno nacional es funcional, caramente, a las posibilidades de Schiaretti. Tanto que en este escenario tan poco exigente en términos competitivos, el gobernador ya no necesita ser concesivo para el público general para completar la fórmula para la Gobernación. Incluso, sin estado de necesidad, puede bajarle el precio a muchos en su frente interno. Por poner algunos datos de contexto: la competencia por la Gobernación no debería estresar a ningún peronista y en el interior, salvo Carlos Paz, el PJ podría gobernar las cuatros ciudades más importantes, incluida Capital. Sería un fenómeno de concentración de poder que, por buscar un antecendente, habría que retroceder a 1983, con Angeloz en el vértice del poder.



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