Córdoba sigue afuera del molde

Los 700 km que separan a Córdoba de Buenos Aires no son impedimento para que los analistas porteños simplifiquen la realidad cordobesa usando equivocadamente sus moldes y realidades.



Por Javier Boher
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A mediados del siglo XIX, la expansión de los imperios europeos sobre los inexplorados territorios de África y Asia puso a los conquistadores en contacto con seres muy distintos a ellos.
La necesidad de conocer, propia del positivismo de la era, empujó al surgimiento de una nueva ciencia, la antropología, para explicar esas diferencias. Así, mientras al principio los antropólogos se valían de relatos de otros, con el tiempo el involucramiento con el objeto de estudio le dio un método propio que perdura hasta hoy en día.
La antropología aprendió de sus errores, evitando el análisis con relatos de segunda mano. Sólo con profundo conocimiento sobre la realidad se puede avanzar en generalizaciones que expliquen más allá de la brecha cultural entre los analistas y los analizados.
Nada de eso pasa con la situación política de Córdoba.
La provincia es el segundo distrito electoral del país, con una economía diversificada y elevados contrastes entre su relieve de sierras y llanuras. Tiene mejores indicadores sociales que sus vecinas del norte, con las que comparte el pasado colonial, y un nivel educativo elevado, como las vecinas que recibieron el aporte inmigratorio.
Córdoba es, a su modo, muchas provincias en una. Como tal, las realidades políticas también son muy complejas, por cuanto las necesidades de algunas zonas son diametalmente opuestas a las de otras.
La interna de Cambiemos (aunque ya no tenga urnas sino tensiones y enojos) sigue elevando su temperatura con un choque de egos y vanidades que poco parecen interpretar la demanda de unión de la mayor parte de la oposición al gobierno provincial.
No hay dudas de que la receta de Negri de pegarse al presidente Macri en el peor momento de su gestión es visto por Mestre como una jugada arriesgada, ya que aún es difícil estimar cuánto será el repunte que pueda conseguir el presidente de acá al 12 de mayo.
La obstinación de Peña y demás de insistir con Luis Juez como candidato a la intendencia es una ofensa a un partido que gobierna hace ocho años la segunda ciudad del país. Si el método de elección de candidatos es por encuesta, quizás deberían elegir mejor las consultoras, no a esas que augraban un triple empate en una Neuquén con 15 puntos entre los dos primeros.
La fractura de Cambiemos en Córdoba ha sido analizada por los medios de Buenos Aires como lo hacían los primeros antropólogos, sólo valiéndose de los relatos de algunos de los involucrados, agregándole algo de sus intereses propios y con una cuota de narrativa de conflicto para satisfacer la demanda de noticias políticas para alimentar la grieta nacional.
La falta de seriedad de algunos análisis (revelando supuestos pactos y acuerdos con los cuales se pretende condenar o encumbrar a algunos nombres importantes) contribuye a la enorme confusión que la interna cordobesa ha aportado a una fuerza que, aunque está en el gobierno nacional, ha entrado en crisis por la impericia de algunos de sus conductores.
Al final, los que temían que Mestre rompa la alianza fueron los que dieron el paso para disolverla. El partido de Juez, quien hace cuatro años se negó a formar Cambiemos en la capital, fue el primero en irse. Se juntan con Negri, al que hace 12 años lo atacaban por haber negado un acuerdo que pudiera desplazar a Unión Por Córdoba del Poder. Esas historias están muy marcadas como para pasarlas por alto.
Los que opinan a la distancia se pierden en las simplificaciones y sostienen que todo es Macri o Cristina, blanco o negro, civilización o barbarie. Los matices de historias de traición, apuestas a largo plazo o egos personales son accesibles sólo a los que conviven día a día con una fuerza que siempre chocó entre las aspiraciones de conducción de un minoritario PRO y la nostalgia por la vieja grandeza del radicalismo.
Así como los hombres del siglo XIX escuchaban a los antropólogos que construían sus hipótesis basándose en los relatos de terceros que no son neutros, gran parte de los ciudadanos elige creerles a periodistas e influencers que no conocen la realidad sociopolítica profunda de una provincia que, por su misma conformación, sigue sin entrar en los moldes que les quedan cómodos a los porteños.



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