Neuquén: a Macri no le va bien, pero a Cristina le fue peor

El amplio triunfo del MPN en Neuquén ha devuelto parte de la calma perdida en la Casa Rosada. Y no porque el reelecto gobernador Omar Gutiérrez sea precisamente oficialista, sino porque, entre las alternativas posibles, resultaba ser el candidato más funcional a un gobierno que le cuesta articular opciones de poder viables en el interior del país.

Por Pablo Esteban Dávila

11El amplio triunfo del MPN en Neuquén ha devuelto parte de la calma perdida en la Casa Rosada. Y no porque el reelecto gobernador Omar Gutiérrez sea precisamente oficialista, sino porque, entre las alternativas posibles, resultaba ser el candidato más funcional a un gobierno que le cuesta articular opciones de poder viables en el interior del país.

Esto se advierte más claramente al comprobar que la alternativa a Gutiérrez no era Horacio “Pechi” Quiroga (el candidato nominal de Cambiemos) sino Ramón Rioseco, abiertamente apoyado por la expresidenta Cristina Fernández. De haber triunfado el referente de Unidad Ciudadana mucho le hubiera costado a Mauricio Macri explicar cómo una provincia que ha recibido miles de millones de pesos en concepto de regalías de gas y petróleo decidió optar por un referente del populismo que casi deja sin energía a toda la Argentina.

En justicia, Rioseco intentó despejar este tipo de dudas durante toda su campaña. Vaca Muerta es a los neuquinos lo que el campo es a Córdoba y nadie, ni siquiera alguien que admire a Cristina, es lo suficientemente suicida como para poner el peligro aquella cornucopia energética. Pero la posibilidad de una victoria K en Neuquén era lo suficientemente ominosa como para mantener los dientes apretados entre los principales operadores del macrismo.



Gutiérrez garantiza, al menos, que no habrá colisiones en el rumbo trazado por la Nación en la materia, ni que los 100 mil millones de dólares que se esperan para Vaca Muerta en el próximo decenio corran riesgo por un malentendido político. En el mundo del gas y del petróleo el horizonte siempre es de largo plazo y nadie gasta un dólar si las reglas de juego no son razonablemente estables, gobierne un republicano o un autócrata. En este sentido, y pese a todos sus yerros, la administración de Macri ha alentado y respetado las inversiones de largo plazo, especialmente en este rubro. Su diagnóstico sobre que sin energía abundante y segura no habrá crecimiento sustentable es, esencialmente, el correcto. El reelecto gobernador se encuentra alineado con esta visión, más allá de pertenecer a un signo político diferente.

¿Y Quiroga? Bien, gracias. Su lejano tercer puesto (no llegó al 16%) es un reflejo de la orfandad política en la que tuvo que moverse durante la campaña electoral. La Casa Rosada se desentendió de su destino, no obstante su prestigio como intendente de la capital neuquina. Sólo tuvo el apoyo de sus correligionarios del radicalismo, quienes intentaron en vano fortalecer sus chances.

Es un hecho que a Cambiemos le cuesta jugarse a suerte y verdad por los suyos, sencillamente porque, en determinados distritos, se encuentra lejos de la lucha por el poder. En ellos se prefiere una estrategia de aproximación indirecta, en donde el triunfo de un opositor razonable (o de alcances eminentemente provinciales) se prefieran antes que una derrota a manos del kirchnerismo, hoy por hoy la única expresión antagónica de presencia nacional.

Este es el criterio que se ha adoptado en Córdoba, a despecho de la caracterización eminentemente macrista de la que goza la provincia. El presidente no le encuentra la vuelta a la organización local de la entente y acepta, con el disimulo que brinda la complacencia culposa, el hecho de que Juan Schiaretti continúe cuatro años más como gobernador.

Lo sintomático es que, a diferencia de lo ocurrido con Quiroga en Neuquén, Cambiemos es el teórico segundo cordobés, a poca distancia del oficialismo. Oscar Aguad, por caso, quedó en 2015 a escasos cinco puntos del gobernador, una distancia mucho menor a la vaticinada por todos los sondeos previos. Si el pronóstico resulta ahora mucho más ominoso se debe a los propios errores de la coalición, generosamente prodigados desde la jefatura de gabinete de ministros de la Nación. Quiroga podrá lamentarse durante el día de hoy que recibió poco apoyo de parte del gobierno, mientras Mestre (también intendente de una capital) continuará quejándose del exceso de intromisiones de las que fue víctima.

Pero, al menos, en Córdoba el debate es entre Cambiemos y el PJ de Schiaretti, es decir, una lucha entre contendientes que comparten buena parte del electorado según el alcance de las elecciones en las que le toque participar. Neuquén debía ser algo parecido (el MPN no es una fuerza que pueda homologarse nacionalmente), pero el kirchnerismo se las arregló para colarse con pompa y circunstancia, al menos en la previa.Todos los sondeos anticipaban un final reñido, un extremo del que, al parecer, el electorado no fue debidamente informado.

Este fue, sin dudas, el corolario de las elecciones de ayer. Las encuestas le permitieron soñar a Cristina con que, a través de su vicario neuquino, iniciaría un inexorable camino de regreso al poder. Pero la ensoñación terminó en pesadilla. Gutierrez aventajó a Rioseco por más de trece puntos y, con tal resultado, el kirchnerismo se vio reflejado en el espejo simultáneamente con su piso y con su techo electoral, como si el tiempo fuese estático. Habrá que preguntarles a las consultoras cómo hacen para errarle por tantos puntos.

La expresidenta fue, en verdad, la principal víctima de las elecciones de ayer. Aunque, nominalmente, a Macri le fue peor (Quiroga no pudo alcanzar tan siquiera el 17%), se había instalado la especie, nunca desmentida, de que el presidente apostaba por Gutiérrez.  Las especulaciones giraban en torno a un batacazo kirchnerista y una simétrica derrota macrista, simbolizada en la caída de un gobernador formalmente identificado con Balcarce 50, al menos de parte de los analistas nacionales. Puede ser que Macri se las esté viendo complicada, pero Cristina observa la misma fotografía de siempre, la misma que le señala que electoralmente no prospera allende los desaguisados del gobierno.

Muchos neuquinos, probablemente, sonrían clementes ante tantas especulaciones. Para ellos se trata de una elección provincial, del tipo de las que el MPN gana invariablemente desde 1962. Y que estas, tal vez, sean más típicas que nunca, con el 10% del exgobernador Jorge Sobisch demostrando que el apoyo popular a los dirigentes de esta fuerza se mantiene incólume, muy lejos de los grandes debates del país y de sus candidatos.

Es seguro que tanto Macri como su antecesora coincidan en esto, aunque sus conclusiones sean muy diferentes. Para el primero, se tratará de un claro apoyo a uno de sus aliados lejanos; para la segunda, de una expresión local que no debería ser nacionalizada, aunque, en el fondo, sepa que lo sucedido no le conviene en absoluto. Al igual que Macri con la economía, ella también está empantanada en la política.



3 Comentarios

  1. jajajajaajajajajajajajajajaj ahi no gano peron..jajajaja es un feudo de 60 años…y ojo con voto electronico..FRAUDE MAYUSCULO.. pero tranquilos gorilones q en la boleta de gutierrez tb habia kirchneristas…

  2. matías:YPF era 100% ESTATAL, ahora es una empresa privada auditada hasta por Wall Street con control estatal por acciones que no es lo mismo. Incluso pesa sobre YPF una demanda de fondos buitres por mas de u$s 3000millones por las acciones del socio Argentino, los Eskenazi. ¿Cómo es que no se «expropiaron» esas acciones y como es que fueron a parar a manos de fondos buitres? ¿A quien o quienes les pagaron los «buitres» por esas acciones? ¡Ah,! ¿Acaso los mismos que antes privatizaron no son los mismos que ahora expropiaron PARTE del capital accionario?

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