Tucumán no quiere salvar a las nenas

El abandono de la sociedad y el Estado tucumanos a una nena abusada que pidió interrumpir legalmente su embarazo es una vil muestra de la falta de empatía de los agitadores de dogmas.



Por Javier Boher
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Es común en casi todos los pueblos del mundo el orgullo por los logros de sus integrantes cada vez que llegan a destacarse en los medios internacionales. Con un poco de ese chovinismo propio de un nacionalismo muy arraigado, a todos les gusta inflar el pecho cuando en los países desarrollados hablan loas de algún hallazgo o logro del que participó un argentino.

Esta vez los medios del mundo se hicieron eco de nuestros logros, pero no de uno del que debamos estar orgullosos. Así como cada tanto aparece en alguna sección de noticias insólitas algún personaje que se viraliza por asesinar o comer personas bajo pretexto de una posesión en un recóndito país africano de nombre impronunciable, la aberración de lo que ocurrió en Tucumán con una nena de 11 años obligada a ser madre llegó a los diarios del mundo.

Así como nos sorprendemos por el primitivismo de sociedades que obligan a las mujeres a andar tapadas por la calles, que las condenan a latigazos o lapidación por adulterio o que las someten a castración femenina, esta vez fuimos nosotros los que ocupamos ese espacio.

Siempre preferimos llegar por algún científico que hizo algún aporte al saber y bienestar mundial, pero esta vez no fue posible. Sí implica a gente formada, profesionales con título habilitante, en uno de esos hospitales públicos que tanto se defienden como un orgullo de un Estado presente en la vida de sus ciudadanos. Así como la medicina argentina salvó millones de vidas con el by-pass o los stents, esta vez fueron para el otro lado.

El caso de un embarazo por violación a una nena de 11 años vuelve a mostrar que hay situaciones que siguen saliendo a la luz y ya no pueden ser tapadas. Así como hace poco más de 40 días desde estas mismas páginas hablábamos que los mitos no pueden estar por encima de las leyes, otra vez queda claro que en algunos eso no está totalmente aceptado.

Una historia casi calcada de pobreza, desinterés, desigualdad y abuso. Otra vez un perpetrador medio siglo mayor que la víctima, otra vez una provincia del norte, otra vez una oposición incomprensible a una ley que está próxima a cumplir cien años. Parece que en Argentina algunas veces no está claro que una nena no puede ni debe ser madre, sino una nena que juegue, estudie y proyecte un futuro.

La descripción de los momentos previos, con una nena jugando antes de ser intervenida, es desgarradora. La necesidad de anestesiarla para poder quitarle la ropa interior es una escena terrible, inimaginable para muchos padres.

Médicos que se resisten vilmente a hacer valer el derecho de una nena que no quiere ser madre objetando conciencia en el momento de la intervención son la muestra de que en la salud pública -y en el sentido común de evitarle el sufrimiento al prójimo- hay algo que está roto.

Pensemos en que Tucumán es gobernada por un ex ministro de salud de la nación, un médico que -cuando ministro provincial- escondía la mortalidad infantil falsificando las estadísticas. Parece que el método le gusta, porque en ese lejano noroeste salvaje nadie quiere ver que los abusos, los embarazos adolescentes y la maternidad no deseada sólo se combaten con decisión desde la prevención, no mirando para otro lado.

Cuando se detectó el embarazo, la historia era otra: se podía practicar un aborto medicamentoso, minimizando el riesgo de vida de una nena que no está preparada físicamente para reproducirse. Siete semanas poniendo trabas hicieron que una menor que debería estar aprendiendo a dividir por dos cifras o las primeras reglas ortográficas tenga que ser intervenida en un quirófano dejándole muchas marcas más que una cicatriz que le atraviesa el vientre.

Por eso, cuando de acá a un tiempo nos asombremos con algún titular sobre un asesino serial caníbal en Rusia, un padrastro abusador que esclavizaba a su hija en Estados Unidos o una mujer condenada a muerte por manejar sola en Arabia Saudita, pensemos que nosotros ya llegamos ahí con el increíble titular de que le negamos el aborto que reconocen las leyes a una nena de 11 años que fue violada por la pareja de su abuela y la obligamos a cursar un embarazo cuando debería estar. Tan salvaje que es increíble.



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