Aparición de las damas de Córdoba (Tercera Parte)

Al mandar el estado a prisión al director de un diario católico extralimitado en sus opiniones contra el gobierno, la forma del conflicto era política; Los Principios prefería considerar la ofensa como dirigida a la iglesia toda, y llamó a los católicos cordobeses a cerrar filas en defensa de la institución. Se sumaron las damas.

Por Víctor Ramés
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Mujeres reunidas en un Club Patriótico, ilustración de los hnos. Lesueur, 1791.

El 23 de Julio, el diario del Club Juventud Católica no ocultaba su satisfacción por la respuesta de los ciudadanos distinguidos, de ponerse de pie para defender a la Iglesia humillada:
“Córdoba en el presente caso tenía marcado el rumbo.
Debía protestar contra la ofensa inferida a la Iglesia, cuyos derechos sacrosantos han sido violados con la prisión del doctor Yaniz; (…) Y con placer inmenso confesamos que ha cumplido con su deber de una manera que supera a todas las esperanzas.
Ella se ha puesto de pie como un solo hombre para sostener y confortar a los que luchan por su religión y sus instituciones.”
Es en ese contexto de enfrentamiento entre un poder laico y uno religioso, que intentamos visualizar aquella movilización de seiscientas damas, y un grupo de doscientas (siempre según Los Principios) que decidían seguir adelante con la protesta y marchar a la cárcel a visitar a Yaniz. No era 1895 una época que desconociese la existencia de algunas movilizaciones de las mujeres, ya fueran las de clase acomodada que luchaban por derechos femeninos, como las de clase popular, en el seno de las manifestaciones y las huelgas obreras. Esta manifestación de las damas católicas cordobesas no era el caso de una movilización para conquistar derechos, sino de un movimiento en el seno de la confortable clase alta, abroquelándose para defender a la Iglesia. Sin embargo, el interés del episodio reside en que se trata de una aparición de las mujeres. De sus nombres (que no hemos citado por falta de espacio). De un modo u otro, supone visibilizar uno de los polos dentro de la familia católica, dentro de la sociedad católica. La aparición en cuanto género. El fenómeno es en sí suficientemente atractivo en ese sentido.
De vuelta al diario Los Principios, a su empeño en refutar la opinión de La Patria sobre la manifestación de las damas, aquél cita el siguiente párrafo del diario rival:
«No sabemos, dice La Patria, si por egoísmo, lo cierto es que somos contrarios a que las damas anden en manifestaciones, ya tengan ellas simple carácter religioso, y más si adolecen de cierto espíritu político que nunca falta.»
A lo que expresa Los Principios: “Tampoco nosotros somos partidarios de que las damas sean las que anden siempre en manifestaciones, pero si llegan casos como el presente en que se huellan la justicia y la religión por los mismos que debieran defenderlas y se cierra la puerta a la equidad, y se hieren con actos y hechos los sentimientos más sagrados de la sociedad, entonces es justo, justísimo, que las mismas señoras se levanten en masa y que con altivez, valentía e indignación arrojen al rostro de quien se debe las injusticias y vejámenes que se cometen.”
Además de acordar con el enemigo en que sería mejor que las mujeres no se manifestasen, Los Principios busca aproximarse a la clave del conflicto: ¿se trata este conflicto de un hecho político?:
“Pero crece el disgusto patriano ante manifestaciones religiosas que adolezcan de espíritu político,
No queremos mistificaciones; hable claro y sin miedos. ¿Entra en esto una cuestión política? Si así es, harto cortos y menguados en política habían sido los señores legisladores, si esto no previeron antes de dar el golpe institucional y arbitrario que han dado.”
Y después el diario católico vuelve a citar a La Patria, para refutarla de inmediato. Da la impresión de que la idea de la “ligereza”, atribuida por la Patria a la movilización femenina, mentase bajeza, vulgaridad, por la indignación que manifiesta Los Principios.
“Añade La Patria que las distinguidas damas cordobesas se han extralimitado; han obrado con ligereza, no han consultado la razón, sino que la pasión ha sido el móvil que las ha lanzado a la calle.
No: rechazamos en nombre de las nobles matronas, con toda la indignación del alma, tan atrevidos e injuriosos conceptos.
El articulista ha debido tener más respeto y no enrostrar esas lindezas a quienes le pueden dar lecciones de cordura y buen sentido.
No se insulta impunemente, no se ataca así no más a toda una sociedad de distinguidas señoras porque el insulto y el ataque inspirados en el despecho y lanzado contra el bello sexo débil e indefenso, son tósigo que mata y lepra que corrompe.”
Y aparece aun un tema en la argumentación de Los Principios contra La Patria, que devela la naturalidad con que se juzgaba a las mujeres unas niñas eternas, unas personas incapaces de juicio propio:
“Pero hay más. ¿Cree acaso La Patria, que una sola de cuantas formaron de la manifestación, se han movido de casa, sin previo consentimiento de sus esposos o padres?
Esto se desprende sin duda alguna, de todo el articulejo.
Pero esto es no conocer la sociedad en que se vive; esto es hacer cortísimo favor a las damas cordobesas, esto es injuriarlas gratuitamente y rebajarlas al nivel de mujercillas vulgares. Cargue con tamaña responsabilidad quien en mala hora trazó las líneas del mencionado artículo.
Un buen colofón a esta nota es la expresión de Los Principios con que prácticamente admite que “las aptitudes” femeninas están por debajo de las del hombre:
Por lo demás, sepa La Patria que al decir que las señoras no tienen el mismo conocimiento y aptitud del hombre para interpretar «los principios de la ley y resolver acerca de su constitucionalidad», ha dicho una vulgaridad.
La cuestión no es esa, sino si hicieron bien en levantar el grito de protesta ante una orden de prisión, a todas luces ilegal, sin oír siquiera al reo.”
Y, para finalizar, he aquí una referencia de Los Principios a otra manifestación de mujeres de algunos unos años antes, cuyos detalles quedan en el misterio y cuyos ingredientes resultan bastante llamativos como escena, para esta ciudad en la década de 1890:
“Recuerde La Patria que en la célebre manifestación que años atrás hicieron las señoras cordobesas al doctor Lara, se mandaron rameras que pretendieron llevar el desorden y la confusión y desvirtuar por ende el carácter de esa manifestación; ahora es ella la que se empeña en desnaturalizar y amenguar a todo trance lo que no ha podido impedir ni ahora puede negar.”
Y baste, por hoy.”



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