Venezuela vuelve a la campaña

Las imágenes del fin de semana abren la posibilidad de que la crisis venezolana juegue un papel aún mas importante que en 2015, especialmente por la bajeza de los que defienden a Maduro.



Por Javier Boher
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Buen día, amigo lector. Hoy me va a tener que disculpar por no volver sobre los interesantísimos temas de política doméstica, como qué piensa el trigésimo precandidato a legislador sobre las desigualdades de género en el comercio de carnada en San Roque, la creación de más cargos con una justicia vecinal o cosas así.
Este fin de semana tuvimos todas las muestras posibles de que la situación de Venezuela es clave para la región, y que sin lugar a dudas va a jugar su lugar en la campaña presidencial. Si hace cuatro años el miedo a convertirse en una teocracia chavista llevó a que gane Gatricio, ahora que exportan más gente que petróleo queda claro que su aporte va a ser fundamental.
Las imágenes del fin de semana fueron elocuentes: militares desertando de un régimen autoritario, tipos quemando ayuda humanitaria y tropas leales al simio que gobierna el país caribeño disparando contra civiles desarmados.
El kirchnerismo y la izquierda, para no errarle a la tradición de decir barbaridades en nombre de una idea más vencida que el carnet de Chano, salieron a defender a Maburro, todo condimentado con el manual de Le Monde de “basta de intervencionismo yanqui”, como si toda presión internacional fuese mala de por sí.
Es gracioso verlos caer en una trampa de contradicciones cuando dicen que no quieren intervencionismo pero cantan canciones sobre un tipo que quiso llevar la revolución a Angola desde una isla caribeña en la que hasta morirse es un lujo.
Opinan contra el deseo del mundo occidental de que vuelvan los derechos humanos a Venezuela y le llevan un folleto al paladín del mundo no libre, Vladimir Trolin, para que intervenga por la persecución política que sufre la Aforada de Recoleta. Premio de cucurucho en la frente para ellos.
Todo el arco progresista local que viste pulover de llama salió a defender aquella vieja premisa de que Argentina rechaza la intervención en los asuntos internos de otros estados, un invento de nuestros propios dictadorzuelos que querían orden fronteras adentro, a la vez que evitaban pronunciarse contra los dictadores foráneos que tanto les gustaban.

Camino a octubre
Después del brillante papel de muñeco de cera de Villa La Ñata que tuvo el monomotonauta en el debate presidencial de 2015 se arreglaron los términos para que en 2019 sea obligatorio. Con la región en los primeros planos de la política internacional es fácil imaginar que alguien haga una pregunta al respecto.
Lady Elisabet, muy pragmática, se las rebuscaría para no pronunciarse de manera directa, porque sabe que esa apuesta paga muy poco. Tal como el resto de los encumbrados miembros de la cofradía nuestroamericana del saqueo, no estaría dispuesta a clavarle un puñal a sus compañeros de andanzas por miedo a que se sumen a la lista de arrepentidos que baten información con la misma rapidez con la que la Hermana Bernarda batía el merengue.
Pese a eso, ¿se imagina a la vanguardia revolucionaria del kirchnerismo hablando en contra de Venezuela? Imposible.
No importa si grupos paramilitares asesinan indígenas en zonas fronterizas, porque seguro estos últimos le estaban haciendo el juego a la derecha. Después acá te persiguen si no reclamás por los derechos de los mapuches a cobrar un subsidio y tener una casa con bajada al lago en Bariloche.
Pese a que hace unos días hablaban de la brutal represión al verdurazo con la foto de la viejita que quería levantar una berenjena, los videos de tres camiones cargados con comida y remedios que ardían en la frontera no los conmueven en lo más mínimo.
Desde su posibilidad de hacer las cuatro comidas diarias aseguran que recibir comida del extranjero cuando tu familia se muere de hambre es una indignidad. Pasan por alto que la crisis es tan grande que aunque los remedios estén más viejos que Max Berliner, para tipos que hoy se tienen que curar con yuyos sería un avance increíble.
Ya le digo, amigo lector, que el progresismo ha construido un relato que está más cerca del Videla del ‘76 que del Alfonsín del ‘83. La indignidad de tipos como la Bersuit -que fueron a cantar al festival que organizó Maburro- demuestra que hay algunos que en 40 años no aprendieron nada.
Solitos se metieron en una trampa que más de uno puede usar en campaña, porque una cosa es defender viejas ideas en blanco y negro, y otra muy distinta es bancar las barbaridades que las redes sociales nos muestran nítidamente y a color. Veremos hasta donde pueden aguantar la fábula del paraíso socialista antes de que se les vuelva en contra.



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