Vislumbre de las parteras cordobesas (Segunda Parte)

Siempre recogiendo notas del diario El Progreso de 1877, completamos aquí datos sobre el ejercicio y la identidad de algunas obstetras en la segunda mitad del siglo XIX.



Por Vïctor Ramés
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El camino de esa profesión que fue casi siempre desempeñada por mujeres, la de partera, ha sido silencioso por parte de quienes lo recorrieron, y sus nombres apenas asoman en virtud del control ejercido por el estado sobre su desempeño. En el año 1877, en Córdoba, en el diario El Progreso se encuentran datos aquí y allá referidos a la necesidad de reforzar la calidad en la atención de las parturientas y puérperas de la ciudad capital. Recogiendo esas menciones, se ve, aunque difusas, a las protagonistas de este oficio bíblico e imprescindible mientras gire el planeta.

En abril de 1877, El Progreso publicaba un panorama de la especialidad a esa altura de la historia local.

Profesión de obstetricia

Jamás se ha dado en Córdoba la importancia que merece a la profesión científica de obstetricia.

No ha habido sino una partera patentada, después de haber rendido su correspondiente examen ante el Tribunal de Medicina.

Hoy la segunda ciudad de la República no tiene ninguna profesora de obstetricia.

Se persigue a los curanderos por el mal que hacen ejerciendo la medicina sin conocimientos profesionales, y autorizados conforma a la ley, y nada se hace para enseñar la profesión de asistencia en los partos.

Tantas víctimas puede hacer la falta de conocimientos en las que asisten (sin conocimientos bastantes) a las enfermas de parto, como puede hacer un curandero sin títulos bastantes.

¿No sería posible establecer una clase en el Hospital bajo la dirección de uno de nuestros facultativos para enseñar la obstetricia?

A la par de las que se eduquen científicamente, pueden entrar a aprender las que ya ejercen esta profesión y perfeccionar sus conocimientos, ya que hay que servirse de personas que no tienen títulos profesionales.

Desearíamos que alguno de nuestros facultativos, encarase esta cuestión y nos manifestase si es o no posible establecer una clase de obstetricia en el Hospital, u en otra parte, pues creemos que este asunto es de interés palpitante y entraña un grande interés para Córdoba.”

El artículo del diario no predicaba en el desierto, ya que ese mismo año, en octubre, se concretó la creación de la Facultad de Ciencias Médicas de Córdoba, gracias al empeño conjunto del doctor en Medicina holandés Prof. Henrik Weyenbergh -quien presidía la Academia Nacional de Ciencias- y el Rector de la Universidad, Manuel Lucero. Como primer Decano de la reciente Facultad asumió el propio Weyenbergh quien, de inmediato y haciéndose cargo de la situación precaria en que recibían atención las mujeres embarazadas y parturientas, comenzó a darle forma a un proyecto de formación de obstetras capacitadas. Propuso al gobierno de Córdoba la creación de la Escuela provincial de Parteras, a fin de buscar una capacitación en ese oficio Dicho proyecto sucumbió en las gestiones, pero el impulso a la larga repercutió en la creación de la Maternidad del Hospital San Roque, que comenzó a funcionar en 1882 y constituyó la única atención con que contaron las mujeres hasta la inauguración del Hospital Nacional de Clínicas en 1913.

Faltaba, por lo pronto, una decisión más enérgica para dar respuesta a lo que El Progreso pedía en nombre de la sociedad cordobesa, y eso se conseguiría unos años más tarde, al crearse en 1884 la Escuela Universitaria de Parteras, institución que ofreció formación y otorgó los primeros títulos universitarios y las revalidaciones a parteras.

Entretanto, en 1877 como hemos venido exponiendo, se descubre en el diario la presencia de parteras en Córdoba, cuyos nombres -y poco más que eso- se revelaban en el diario. La primera partera de la que hemos hablado en la nota anterior, Virginia Duflos, ofrecía sus servicios a través de avisos, y acababa de ser aprobada por el Tribunal de Medicina formado al efecto e integrado, entre otros doctores, por el Protomédico. El 21 de septiembre, luego de varias publicaciones de esta mujer venida del extranjero, en las que publicitaba su oficio “a toda hora de día y de noche”, y que se domiciliaba en la calle Constitución 64, el diario daba a conocer la siguiente novedad, que arrojaba cierto misterio sobre ella:

Virginia Duflos

La partera con cuyo nombre encabezamos estas líneas ha desaparecido.

¿Dónde se ha ido? Nadie lo sabe.

Hacen cuatro o seis días que notando los vecinos que las puertas de la casa no se abrían a pesar d ellos golpes que daban los que iban a buscarla, se dio cuenta de esto la policía, temiendo que hubiera sucedido una desgracia.

Asistió la policía acompañada de varios vecinos respetables y mandó abrir un postigo de la puerta que da a la calle por donde se hizo entrar un muchacho que abrió después las puertas que estaban cerradas por dentro.

El pájaro había volado y no se encontró en sus habitaciones sino un catre viejo y un baúl vacío.

Parece que son varios los que se quejan de que la tal señora partera les va debiendo algunas cuentecillas.”

Así concluyeron los oficios de Virginia Duflos en esta ciudad, nada sabemos sobre los motivos o circunstancias que llevaron a su huida en esas condiciones de demérito social, cuando acababa de lograr legitimación para ejercer la profesión.

Damos fin a este repaso citando la publicación de El Progreso del 5 de octubre de 1877, donde se encuentra el nombre de Doña María Antonieta, sin aclarar sus apellidos -que, como sabemos por una cita ya transcripta, era Nevoz de Poulard-. Esto dice el diario:

Dª María Antonieta

Se nos pide la publicación de lo siguiente:

Tenemos la satisfacción de comunicar a nuestros lectores, que el día 27 de Setiembre próximo pasado, ha rendido su examen de Profesora de Obstetricia, en la Escuela de Medicina de Buenos Aires, la señora con cuyo nombre encabezamos estas líneas. El éxito ha sido brillante como no podía menos de suceder, tratándose de una persona que tantas veces había demostrado sus conocimientos científicos en esta población.

Felicitamos al mismo tiempo al Tribunal de Medicina de Córdoba así como al Protomédico de la Provincia, a quien se había censurado diariamente por el examen de dicha señora, cuya aprobación vemos hoy confirmada por la Escuela de Buenos Aires.”



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