Rebelde con causa

A modo de un consumado estratega, el intendente ha elegido un terreno que bien conoce para librar la batalla. Sin ponerse colorado, confeccionó una lista casi excluyentemente radical, a la que sumó a Rodrigo De Loredo, una de las promesas genuinas que ha dado el partido en los últimos años.



Por Pablo Esteban Dávila

Kroneberger Los apasionados por la cartografía podrán encontrar que Santa Rosa de la Pampa comparte con la ciudad de Córdoba la misma latitud (64° 15’) o, si se prefiere, idéntico meridiano geográfico. ¿Compartirán también el equivalente meridiano político? Esta es la pregunta que se formulan, por estas horas, los otros entusiastas, los de la política.
No es una cuestión académica. El domingo pasado, más o menos al mismo tiempo que Ramón Mestre decidía dar batalla a pesar de las instrucciones recibidas desde Buenos Aires, el radical Daniel Kroneberger se imponía al macrista Carlos Mac Allister en las internas de Cambiemos llevadas adelante en la provincia de la Pampa.
El resultado fue recibido con gran satisfacción en el ecosistema de la UCR, especialmente por su conductor nacional, el mendocino Alfredo Cornejo. Fue la primera vez que un candidato del radicalismo se impuso en elecciones libres sobre otro favorito de la Casa Rosada, y todo hace suponer que puede haber más. Debe sumarse a este episodio la decisión del propio Cornejo y del jujeño Gerardo Morales de despegar sus propias elecciones de las presidenciales, contraviniendo expresas instrucciones.
¿Estamos frente a una rebelión radical dentro de Cambiemos? Es posible que así sea. Pese a ser el socio mayor de la alianza, su peso específico no ha sido gravitante dentro del armado nacional. Mauricio Macri nunca se planteó seriamente el contar con una coalición de gobierno, con lugares preasignados para cada partido en el aparato estatal, como sí ocurre dentro de las ententes europeas. Su gabinete se encuentra lejos de respetar un concepto equivalente. Oscar Aguad -quizá el más conspicuo de los radicales en las cercanías del presidente- ocupa un ministerio por su relación con Macri, no por su pertenencia política. Este talante ha permanecido invariable en los últimos tres años.
El inveterado discurso de Marcos Peña – Durán Barba sobre que cualquier disputa interna debía someterse al veredicto de las encuestas contribuyó, asimismo, a diluir durante estos años la indudable supremacía del aparato radical. Gran parte de los “dirigentes” del PRO, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, son famosos o mediáticos, cualidades de las que la mayoría de los atildados dirigentes de la UCR carecen. Esto ocasionó que, en términos generales, Cambiemos apareciese liderada casi con exclusividad por el macrismo, a despecho de su verdadera composición interna.
Estas características fueron soportadas con diferentes grados de estoicismo mientras el gobierno marchó por andariveles de algún optimismo. Pero continuar siendo el convidado de piedra cuando la situación ha cambiado dramáticamente tiene otro precio. Ahora los radicales se preguntan si no ha llegado el momento de finalizar con la obediencia debida y comenzar a reclamar lo que les pertenece. Si el gobierno de los CEOs ha fracasado, ¿qué grado de responsabilidad podría enrostrárseles a ellos, en su mayoría políticos de corte tradicional, en las desventuras de una administración a la que pertenecen sólo nominalmente?
Ramón Mestre percibió este cambio de época cuando se mantuvo firme en su decisión de competir por la gobernación. Las palabras de Marcos Peña no cotizan como antes y la apelación a las encuestas ya no entusiasman a dirigentes que, por primera vez en mucho tiempo, creen que ha llegado el momento de dejar volar los globos y volver a hacer política.
A modo de un consumado estratega, el intendente ha elegido un terreno que bien conoce para librar la batalla. Sin ponerse colorado, confeccionó una lista casi excluyentemente radical, a la que sumó a Rodrigo De Loredo, una de las promesas genuinas que ha dado el partido en los últimos años. De Loredo tendrá la responsabilidad de confrontar a Luis Juez, quizá el experimento más rocambolesco que haya intentado Macri en la provincia de Córdoba y, a no dudarlo, el gran flanco expuesto de Mario Negri. El diputado nacional tendrá, en adelante, dificultades para explicar por qué se encuentra acompañado de alguien que, en 2007, lo acusó de recibir dinero para echarse atrás en las elecciones de gobernador. Se descuenta que, al igual que lo sucedido en La Pampa, el grueso de quienes vayan a votar pertenecerá a la UCR y que a muchos de ellos los movilizará un sentimiento parecido al de la bronca.
Parecería que las brevas están maduras para el desafío mestrista. En 2015 tuvo que aceptar que Macri le comunicase que sería Aguad el elegido para disputar la gobernación y que tanto él como Juez (el otro postulante) deberían aguardar vientos más propicios. Dos años después, cuando se negociaban las listas a diputados nacionales, Rogelio Frigerio le dijo al oído que de los “hombrecitos se ocupaba el PRO” y que le correspondía al radicalismo hacerse cargo de las damas, una situación siempre compleja en fuerza con cierta misoginia a cuestas. Ahora las cosas llegaron incluso más lejos, con Marcos Peña intentando digitar sin escrúpulos la propia interna radical.
Es un salto cualitativo en la estrategia del gobierno hacia su aliado cordobés. A diferencia del duelo Kroneberger – Mac Callister (cada uno representante de un partido diferente) tanto Mestre como Negri son radicales de pura cepa, por lo cual la maniobra incoada desde Buenos Aires deja al segundo como una suerte de peón del imperialismo amarillo, entornado para colmo por dos dirigentes que ninguna gracia producen dentro de la UCR, tales como Juz y Baldassi. Este es el problema de haber llegado mal y tarde a imponer una solución que hubiera merecido un tratamiento más delicado de parte de quienes deben orientar la política oficialista.
Esto son, por supuesto, indicios de lo que ocurrirá en adelante y frente a los cuales sólo cabe especular, pero lo sucedido con Kroneberger es un hecho concreto, inapelable. Mestre debe de haber tomado nota que pocos independientes se sumaron a la interna pampeana, de que la estructura del PRO mostró allí una pereza dominguera y que le cupo al radicalismo movilizar al grueso de los votantes. “Estructura mata famosos”, habrá musitado para sus adentros. Si su manejo del partido es tan aceitado como él proclama, las ambiciones del grupo Balcarce pueden quedar sepultadas por votos tan tradicionales como rebeldes. Rebeldes y con causa. Como él mismo se siente.



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