Cristina temerosa alienta la creatividad peronista

Las declaraciones del abogado de Cristina muestran que hay miedo de que se acabe el tiempo para negociar los acuerdos que le garanticen la supervivencia.



Por Javier Boher
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El miedo es una fuerza potente, capaz de movilizar las peores cosas de cada uno en el afán por la supervivencia. Las palabras que Gregorio Dalbón usó para defender a Cristina Fernández de Kirchner fueron la muestra más clara de que el miedo sigue creciendo en el entorno más cercano a la ex presidenta.

Mientras lo entrevistaban para radio Sputnik, el letrado lanzó su amenaza: si Cristina va presa, “el pueblo saldrá a la calle y correrán ríos de sangre”. Siempre es lindo cuando el jacobinismo autóctono emite sus proclamas de paz y tolerancia ante los procesos propios del estado de derecho.

Mientras los tiempos se acortan para las elecciones (y para los juicios que la tendrán como protagonista absoluta) las opciones se reducen, lo que limita lo que se puede ofrecer para cerrar un acuerdo que la lleve a lo único que le importa por estos momentos, impunidad para ella y su familia.

La irresponsabilidad de Dalbón sólo puede entenderse en la exacerbación del sentimiento de amor profundo que los individuos acríticos, sumidos en la masa, manifiestan por la ex presidenta. Esa admiración es lo que, azuzado ante el inminente avance de “la derecha” contra su jefa, pueda ser aprovechado como combustible electoral.

En los últimos días ha empezado a tomar fuerza la supuesta estrategia en la que estarían trabajando Cristina y su entorno, ese núcleo duro que tratan de fidelizar con expresiones tan exageradas como la de Dalbón.

El poderoso aparato electoral con el que cuenta Cristina en el Conurbano más postergado (sobre lo que alguien ironizó diciendo que el kirchnerismo se había convertido un partido vecinal de La Matanza y alrededores) es la ficha más fuerte que tiene para poner en cualquier mesa de negociaciones. Ahí quieren hacer pie varios que la rechazan (y uno que ha guardado un sugestivo silencio).

Algunos analistas más experimentados han arriesgado que la ex presidenta (atenta a la experiencia de Menem en aquel frustrado ballotage de 2003) no quiere jugar su capital político a todo o nada, convencida de que 2023 sería una oportunidad más clara para un potencial regreso.

Sabiendo que se necesitan sus votos (y que no se pueden trasladar tan fácilmente a un candidato por simple proclamación) la ex mandataria estaría analizando la posibilidad de encabezar la lista a diputados nacionales por provincia de Buenos Aires, de manera absolutamente testimonial.

De esa manera estaría cerca de sus objetivos. En primer lugar, en esa lista estarían sus hijos, que también buscan escudarse detrás de los indignos fueros que tanto han sido manoseados durante este tiempo. Los fueros no son todo para lograr la impunidad. Para ello hace falta la otra pata, la del acuerdo político.

Así, en segundo lugar cerraría un acuerdo con Sergio Massa o Roberto Lavagna para la presidencia (los que más están tratando de mostrarse como una verdadera alternativa a la gestión de Macri). Ganen o pierdan, esas jugadas se retribuyen: a través de tal gesto de altruismo pretende convertirse en senadora eterna, usando la fórmula de la lealtad justicialista que aplica Menem hace tantos años.

Por eso, los actos irresponsables de incitación a un levantamiento son un mensaje de que el tiempo se les va acabando. Mientras con esas acciones intentan dilatar la decisión del gobierno de mover palancas e influencias para acorralarla judicialmente, en silencio apuran acuerdos que les permitan blindarse ante la posibilidad de que se cumplan los deseos del antikirchnerismo duro.

La creatividad electoral siempre fue una característica del peronismo, que con el kirchnerismo alcanzó niveles altísimos de antirrepublicanismo. Por eso, con el miedo potenciando el instinto de supervivencia de los que se acostumbraron al poder casi absoluto durante doce años, no deberíamos de sorprendernos ante cualquier decisión que a priori parezca absolutamente descabellada e inverosímil.



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