Un chico agradecido

A 27 años de su poco glorioso regreso, Serú Girán vivió una eventual reunión la semana pasada (ya sin Oscar Moro, fallecido en 2006), cuando Pedro Aznar convocó a Charly García y David Lebón al escenario del teatro Colón, donde estaba presentando su su espectáculo “Resonancia”.

Por J.C. Maraddón
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Desde su misma conformación, Serú Girán tomó las características de un supergrupo, que era como se le llamaba en aquel entonces a las formaciones que estaban integradas por una especie de seleccionado de figuras musicales. La estrella, sin duda, era el tecladista Charly García, que se había vuelto un personaje popular con el dúo Sui Géneris, para luego sumar prestigio a través de La Máquina de Hacer Pájaros. A su lado, destellaban el instrumentista y cantante David Lebon, ex Pescado Rabioso y Polifemo, y el baterista Oscar Moro, quien se había desempeñado en bandas legendarias como Los Gatos y Color Humano.
Junto a esos tres nombres de reconocida trayectoria en el rock nacional, aparecía un bajista virtuoso que, detrás de su flacucha y adolescente apariencia, escondía un potencial que no tardaría en manifestarse. Pedro Aznar, quien pese a contar con apenas 19 años ya había participado de atrevidos proyectos musicales como Madre Atómica y Alas, era el más chico y menos famoso de los Serú Girán, aunque su manera novedosa de hacer sonar su instrumento y su voz notablemente armoniosa en los coros, lo convertirían en un miembro irremplazable de ese cuarteto que a finales de los años setenta entró a escena con un empuje arrollador.
Después de varios años de éxito (que siguieron a un inicio muy poco promisorio), Serú Girán se disolvió en 1982, cuando Aznar fuera reclutado por el guitarrista estadounidense Pat Metheny, uno de los más cotizados cultores del jazz rock tan en boga en ese tiempo. Tan importante había resultado el aporte del joven bajista a la maquinaria sonora de la superbanda argentina, que su partida determinó el abrupto final de la agrupación. Entre buscar un sustituto y dejar en suspenso a Serú Girán, los cuatro eligieron esta segunda opción, pese al reclamo de los miles de fans que habían cosechado.
Diez años exactos iban a pasar hasta que esos mismos músicos volvieran a utilizar ese nombre para tocar juntos otra vez, en un esperado retorno que incluyó la grabación de un disco con nuevas canciones y la realización de una gira que incluia cuatro conciertos en Argentina y uno en Uruguay. Durante la década transcurrida desde aquel primer adiós, Aznar había alcanzado una maduración artística extraordinaria, mientras que García y Lebón se encontraban, a comienzos de los noventa, en la antesala de una declinación creativa, a la que contribuian los excesos propios de la cultura rockera.
No llamó la atención entonces que el nombre del bajista figurase en la autoría de siete sobre los once temas que conformaban el álbum “Serú ‘92”, donde Charly García aparecía sólo en seis, mientras que David Lebón firmaba en apenas cuatro. Después se conocieron detalles de la grabación de ese disco, cuya realización llegó a buen puerto más por el empeño de Aznar y Lebón, que por la escasa presencia de Charly, quien había sido el factótum autoral en la primera etapa de la banda. Aunque las críticas fueron impiadosas con el álbum, “Serú ‘92” terminó siendo un suceso de ventas.
A 27 años de aquel regreso poco glorioso, Serú Girán vivió una eventual reunión la semana pasada (ya sin Moro, fallecido en 2006), cuando Pedro Aznar convocó a Charly García y David Lebón al escenario del teatro Colón, donde estaba presentando su su espectáculo “Resonancia”. Juntos, los tres interpretaron “A cada hombre, a cada mujer”, uno de los temas que Aznar compuso para el menoscabado disco de 1992. Y así, con el bajo perfil de siempre, aquel chico que en 1978 se sentía halagado por la invitación a tocar con sus ídolos, devolvía la gentileza y rendía tributo al grupo que le permitió crecer y ganarse su lugar como artista.



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